El juego Dos verdades y una mentira muestra que las personas pueden interpretar los mismos hechos de maneras muy distintas: la perspectiva lo condiciona todo.
Esto refleja cómo suelen desarrollarse los debates sobre la ayuda humanitaria, pues lo que una persona puede considerar el camino a seguir, a otra puede parecerle ingenuo.
Las discrepancias entre las distintas partes interesadas darán forma a la futura arquitectura de la ayuda, no solo la disponibilidad de financiación.
He recurrido incontables veces al clásico juego para romper el hielo «Dos verdades y una mentira» con altos directivos. Nunca falla a la hora de mostrar que interpretamos los mismos hechos de maneras muy distintas. Lo que a una persona le parece una mentira evidente, a otra puede parecerle una verdad irrefutable. La perspectiva lo condiciona todo.
En el juego, se comparten dos afirmaciones verdaderas y una falsa, y el grupo debe adivinar cuál es la mentira. El truco está en que la afirmación falsa suena verosímil y las verdaderas suelen parecer improbables.
En este caso, es más que un juego. Refleja cómo suelen desarrollarse los debates sobre la ayuda humanitaria. Lo que algunos consideran el único camino a seguir, otros lo ven como algo ingenuo o peligroso. Y lo que parece de sentido común en Ginebra o Nueva York puede verse de forma muy distinta en Bamako, Beirut o Bogotá. La verdad depende tanto de las creencias colectivas como de los hechos.
Así que juguemos.
Las tres afirmaciones sobre la ayuda humanitaria
Afirmación 1
Dar a los actores locales y nacionales más autoridad para tomar sus propias decisiones acelerará la ayuda y hará que sea más eficiente, pertinente y confiable.
Afirmación 2
El uso de herramientas de mercado y de financiación vinculada a los resultados marcará la próxima etapa de la ayuda humanitaria y reducirá la dependencia a largo plazo de las subvenciones gubernamentales.
Afirmación 3
Una combinación de alianzas intersectoriales, innovación digital y mejores mecanismos de coordinación contribuirá a transformar el sector humanitario.
Todas las afirmaciones anteriores son verosímiles. Cada una refleja distintos supuestos sobre el poder, los recursos y la confianza en el sistema humanitario. La que elijas como «la mentira» revela qué tipo de futuro crees posible.
1. El dilema de la localización
Para muchos, la afirmación 1 no solo es cierta, sino que lleva mucho tiempo pendiente. La localización se promete desde hace décadas; aun así, los actores internacionales siguen dominando.
Pero los riesgos son reales. El cumplimiento de los requisitos de los donantes, la supervisión fiduciaria y la inestabilidad política complican el flujo de fondos. Quienes la descartan como una mentira suelen dudar de que alguna vez se materialicen cambios de poder a gran escala.
2. La promesa y los riesgos de la financiación innovadora
La afirmación 2 divide opiniones. Sus defensores señalan como primeros logros los seguros, las transferencias de efectivo, la financiación combinada y los programas que solo reciben pagos si tienen éxito.
Sin embargo, los escépticos advierten que no se deben exagerar estos ejemplos. El flujo de proyectos viables sigue siendo limitado, los mercados suelen fallar en contextos frágiles y persisten las preocupaciones éticas sobre lucrarse con una crisis. Para algunos, esta es la mentira evidente; para otros, es la vía más clara hacia un impacto a largo plazo.
3. El dilema de la coordinación
La afirmación 3 destaca las alianzas, las herramientas digitales y los nuevos incentivos. Herramientas como los mapas de zonas de crisis generados por IA, los proyectos piloto de financiación anticipada y las transferencias digitales de efectivo ya están cambiando la forma en que funciona la ayuda.
Pero el «cansancio por la coordinación» es real. Si la señalas como una mentira, quizá creas que la política entre las grandes organizaciones siempre impedirá que colaboren. Si la consideras cierta, quizá apuestes por un punto de inflexión en el que la tecnología y los nuevos incentivos cambien finalmente las reglas del juego.
Distintas visiones sobre cómo debería evolucionar la ayuda humanitaria
Ninguna de estas afirmaciones es neutral. Cada una implica una redistribución distinta del poder, los recursos y la confianza. Cada una pone de relieve las tensiones entre las aspiraciones globales y las realidades locales. Cada una refleja una visión diferente de quién debería liderar, quién debería financiar y cómo debería evolucionar el «sistema» humanitario.
La verdadera lección de Dos verdades y una mentira no consiste en encontrar la afirmación «falsa», sino en entender por qué la gente no está de acuerdo.
Las discrepancias entre donantes y ejecutores, entre las sedes y las oficinas sobre el terreno, entre los organismos internacionales y los equipos locales de respuesta darán forma a la futura arquitectura de la ayuda, no solo la disponibilidad de financiación.

