Nuevas investigaciones muestran que, sin medidas, 1.300 millones de toneladas de residuos plásticos serán vertidos en tierra y en masas de agua para 2040.
Más de 2.200 millones de toneladas se quemarán a cielo abierto para esa misma fecha.
Pero una acción global concertada puede poner el problema bajo control.
Durante una visita a una librería hace unas semanas, no pudimos evitar fijarnos en un expositor con nada menos que diez libros que explican cómo eliminar los plásticos de la vida cotidiana. Nos bombardea la información sobre el tema de los desechos marinos y la contaminación por plásticos, pero ¿cuánto sabemos realmente sobre el problema?
Piense en otros desafíos planetarios, como el cambio climático o el agotamiento de la capa de ozono. En torno a ellos se han desarrollado áreas maduras de investigación que permiten a los científicos identificar de dónde proceden los gases que causan estos problemas y qué cantidad llega a la atmósfera cada año.
Pero, en lo que respecta a la contaminación por plásticos, sabemos casi nada sobre cómo y dónde se generan, gestionan, tratan y eliminan los residuos plásticos, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos. Como resultado, nos cuesta limitar la cantidad de basura que se acumula en el medio ambiente.
Nuestra investigación publicada en Science requirió un esfuerzo titánico para detectar, rastrear y modelizar los flujos actuales y futuros de plásticos hacia las tierras y masas de agua del mundo. Descubrimos que el plástico que llega al medio marino se duplicará para 2040 y que, a menos que el mundo actúe, más de 1.300 millones de toneladas de residuos plásticos serán vertidos en tierra y en masas de agua.
Al identificar las formas en que se produce y distribuye esta basura, también hemos descubierto cómo reducir mejor la avalancha de plástico. En el proceso, encontramos a los héroes anónimos de primera línea que luchan contra la crisis de contaminación y que podrían ser la mejor esperanza del mundo para frenar la marea.
El problema del plástico en el mundo en cifras
Desarrollamos un modelo llamado Plastic-to-Ocean (P₂O) que combina años de conocimiento acumulado sobre los flujos globales de plástico. Compara nuestra producción, uso y gestión actuales de residuos con lo que se proyecta para el futuro.
¿Quema usted sus residuos en el jardín o en la calle? ¿Los tira al río? Si ha respondido que no a ambas preguntas, es posible que forme parte de los 5.500 millones de personas cuyos residuos se recogen. Si estuviera entre los dos mil millones restantes, ¿qué haría con sus residuos no recogidos? ¿Utilizaría un arroyo cercano, un acantilado o, quizá, escondería alguna bolsa en el bosque al anochecer?
Lo más habitual es que los residuos plásticos no recogidos simplemente se prendan fuego, por ser un método de eliminación sin coste y eficaz. Nuestro modelo sugiere que, en conjunto, más de 2.200 millones de toneladas de plástico se quemarán a cielo abierto para 2040, muy por encima de los 850 millones de toneladas que se prevé que serán vertidas en tierra y de los 480 millones de toneladas en ríos y mares.
Tras rastrear el origen de los artículos de plástico a lo largo de la cadena de suministro y su destino en el medio ambiente, exploramos qué podría ayudar a reducir la contaminación acuática. Descubrimos que la intervención individual más eficaz es prestar un servicio a los dos mil millones de personas que actualmente no tienen recogidos sus residuos.

Pero, de las nueve intervenciones que probamos, ninguna resolvió el problema por sí sola. Solo un enfoque integrado que, además de aumentar la cobertura de recogida, incluya intervenciones como reducir la demanda de plásticos de un solo uso y no reciclables y mejorar la viabilidad económica del reciclaje mecánico, podría tener éxito. Para los países más afectados por la contaminación por plásticos, este conocimiento podría ofrecer un camino a seguir.
Pero incluso en nuestro mejor escenario, en el que el mundo emprende el tipo de acción concertada e inmediata propuesta en nuestro estudio, aproximadamente 710 millones de toneladas de residuos plásticos se liberarán en el medio ambiente para 2040. Puede que suene a mucho, pero significaría una reducción del 80 % en los niveles de contaminación por plásticos en comparación con lo que ocurrirá sin medidas durante las próximas dos décadas.
¿Podrían los recuperadores de residuos salvar la situación?
Nuestro trabajo también puso de relieve las contribuciones de 11 millones de recuperadores de residuos en países de ingresos bajos y medianos. Estos trabajadores informales recogen residuos, incluidos los plásticos, para reciclarlos, con el fin de asegurar su sustento diario. El modelo estima que pueden ser responsables del 58 % de todos los residuos plásticos recogidos para reciclaje en todo el mundo, más que los servicios formales de recogida de todos los países de ingresos altos juntos.
Sin este sector informal de recogida de residuos, la masa de plástico que llega a los ríos y al océano sería considerablemente mayor. Sus esfuerzos deberían integrarse en los planes municipales de gestión de residuos, no solo para reconocer su enorme contribución, sino también para mejorar las pésimas normas de seguridad que padecen actualmente.

Establecer una estimación de referencia exhaustiva de las fuentes, las existencias y los flujos de la contaminación por plásticos, y luego proyectarla hacia el futuro, ha sido una tarea inmensa. En lo que respecta a los residuos sólidos, la disponibilidad, la precisión y la compatibilidad internacional de los datos son notoriamente insuficientes.
Los artículos de plástico existen en todo el mundo en decenas de miles de formas, tamaños, tipos de polímeros y combinaciones de aditivos. También existen diferencias considerables en las actitudes culturales hacia la forma de gestionar los residuos, cómo se consumen los productos de plástico y los tipos de infraestructura y equipamiento que se utilizan para gestionarlos una vez convertidos en residuos.
Nuestro esfuerzo de modelización fue un ejercicio delicado y tedioso de simplificar y generalizar esta complejidad. Para entender hasta qué punto es probable que nuestros hallazgos sean fiables, precisos y exactos, piense en los primeros modelos que estimaron la sensibilidad del clima a la influencia humana en la década de 1970.
Esperamos que la sólida base de evidencias que hemos presentado hoy sirva de base para una estrategia global y una acción preventiva local firme. El desafío de la contaminación por plásticos puede controlarse en gran medida en el plazo de una generación. Entonces, ¿hay alguien dispuesto a actuar?



