Los jóvenes de Japón son cada vez más conscientes del desarrollo sostenible y de las cuestiones internacionales.
A pesar de ello, las organizaciones no gubernamentales del país tienen dificultades para atraer talento.
Es necesario mejorar la educación sobre las cuestiones internacionales y la colaboración.
Día Mundial de la Información sobre el Desarrollo, que este año se celebra el 24 de octubre, fue establecido por la ONU en 1972 para llamar la atención mundial sobre los problemas del desarrollo y la cooperación internacional necesaria para resolverlos. En Japón, sin embargo, el 6 de octubre está designado como el «Día de la Cooperación Internacional». Esta fecha conmemora el aniversario de el Plan Colombo de 1954, la primera organización internacional de posguerra dedicada a ayudar a los países en desarrollo. El Plan tenía como objetivo facilitar la cooperación económica y técnica entre los países miembros de la Mancomunidad Británica de Naciones. Fue la primera vez que Japón colaboró con otros países a nivel gubernamental para cooperar en materia económica.
Desde entonces, el país ha avanzado mucho. La generación más joven es cada vez más consciente de las cuestiones internacionales y está deseosa de colaborar con el resto del mundo. Esto contrasta con lo que algunos observadores han descrito como una tendencia cultural a centrarse en el propio país. «Lamentablemente, la presencia de Japón en el mundo de la cooperación internacional no es grande», señaló Sadako Ogata, ex alta comisionada de las Naciones Unidas para los Refugiados, en un diálogo especial sobre el futuro de la cooperación internacional de Japón organizado por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón en 2009.
Una generación joven proactiva
Hoy en día, los japoneses conocen bien los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Según la encuesta a consumidores realizada a 1.400 personas de todo Japón, el 86 % afirmó conocer los ODS y comprender sus detalles. Esta encuesta se ha llevado a cabo anualmente durante los últimos cuatro años, y el nivel de conocimiento se ha multiplicado por seis desde la primera encuesta, en 2018.

Entre la generación Z, de 15 a 24 años, la mayoría de hombres y mujeres afirmó conocer los ODS y comprenderlos. Han crecido siendo testigos de una serie de desastres naturales, en particular el Gran Terremoto del Este de Japón de 2011, y han visto y oído hablar a diario de cuestiones sociales y mundiales como el cambio climático, el empleo informal y la desigualdad de género. También es relativamente más probable que esta generación actúe y participe en actividades que contribuyen a alcanzar los ODS en su vida cotidiana.
Organizaciones no gubernamentales y «empresas sociales»
A pesar de la perspectiva internacional de los jóvenes, a las organizaciones no gubernamentales de Japón les resulta difícil atraer talento. El sector es pequeño y los salarios son casi 1 millón de yenes inferiores al salario anual medio del sector privado. La fragilidad financiera del sector también lo hace poco atractivo para los jóvenes que comienzan su carrera profesional. En Japón suele funcionar mejor un enfoque que combina el bien social y el empresarial.
Hoy en día, muchas empresas y emprendedores de Japón buscan nuevas formas de resolver problemas sociales mundiales. Estas empresas sociales quieren generar impacto social y, al mismo tiempo, contribuir a la sostenibilidad económica mediante los ingresos empresariales. Un ejemplo es The Ajinomoto Foundation, que trabaja para mejorar la nutrición infantil en Ghana comercializando un producto alimenticio para bebés llamado «KoKo Plus». Se trata de un polvo de proteínas y micronutrientes que se puede añadir a la comida del bebé durante el destete y que ayuda a prevenir la malnutrición.
Los jóvenes emprendedores también participan activamente en las empresas sociales. AFRICL, una marca de ropa que combina la cultura tradicional japonesa con estilos contemporáneos, aborda un problema social a través de la fabricación, al colaborar con la artesanía japonesa y las técnicas tradicionales de confección de Benín, en África Occidental. A medida que el crecimiento económico y el desarrollo nacional occidentalizan la vida de las personas, el reto consiste en apoyar las industrias tradicionales. «Queremos encontrar una manera de hacer realidad el desarrollo de un país sin interrumpir la transmisión de su rica cultura de generación en generación» afirma Hiroko Okita, fundadora de la empresa.
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El papel de la educación en el desarrollo de Japón
En todos los países, es necesario enseñar a los jóvenes a afrontar los retos mundiales como problemas propios y a actuar para resolverlos. En Japón, los entornos educativos deben ofrecer tanto oportunidades para aprender sobre cuestiones sociales como oportunidades para poner en práctica lo aprendido. Para aprovechar este impulso y el mayor conocimiento de los ODS entre los jóvenes, debemos fomentar en ellos la conciencia de que es esencial que múltiples partes interesadas, como el Gobierno, las empresas, las organizaciones internacionales y las ONG, trabajen juntas para resolver los problemas sociales.


