Lo que la felicidad puede enseñarnos sobre cómo medimos el desarrollo humano

School children react to the camera through the window of their classroom in a school in Thimphu September 22, 2010. REUTERS/Singye Wangchuk (BHUTAN - Tags: EDUCATION SOCIETY)FOR BEST QUALITY IMAGE SEE: GM1E74D1J0N01 - GM1E69M1PQ902
Bhutan uses 'Gross National Happiness' to measure human development rather than GDP.Image: REUTERS/Singye Wangchuk
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La semana pasada tuve la oportunidad de visitar Bután por primera vez, un viaje que llevaba muchos años esperando. Desde hace tiempo me intriga la búsqueda del país por apartarse de la tendencia mundial de medir el éxito del desarrollo humano según el producto interno bruto (PIB) y optar, en cambio, por la Felicidad Nacional Bruta (FNB).

¿Cómo podemos alcanzar la felicidad? Es una pregunta eterna que se plantean muchas sociedades de todo el mundo. Muchas personas siguen buscando la respuesta.

La Universidad de Yale ofreció el año pasado su curso más popular hasta la fecha: cerca de 1.200 estudiantes de grado se inscribieron para aprender a llevar una vida más feliz. Las empresas exitosas prestan cada vez más atención al bienestar de su personal para maximizar su ventaja competitiva.

Entonces, cuando se trata de medir el desarrollo en nuestro mundo, ¿por qué seguimos equiparando principalmente el progreso económico con una vida mejor y trazando en 2019 una senda hacia el progreso a partir de una métrica de los años treinta?

La Organización Mundial de la Salud advierte que, para 2030, la depresión será el principal factor que contribuirá a la carga mundial de morbilidad. Entonces, ¿deberían los países proponerse que su población sea feliz como un objetivo en sí mismo?

Cada vez más, la respuesta es «sí»: un número creciente de países amplía la forma en que mide el éxito.

Desde el Reino Unido hasta Costa Rica, y desde Suecia hasta Eslovenia, los gobiernos se centran cada vez más en analizar el bienestar de sus ciudadanos. El «presupuesto de bienestar» de Nueva Zelanda para 2019 ampliará su enfoque más allá de las políticas puramente económicas y fiscales y utilizará un conjunto más amplio de indicadores para medir el éxito.

En términos prácticos, esto significa que las cifras de pobreza infantil se presentarán con cada presupuesto y que los ministros del Gobierno tendrán la responsabilidad de demostrar cómo las propuestas de gasto mejorarán la vida de las personas.

Países como estos siguen una senda reconocida, aunque alternativa, trazada por pioneros en la medición de lo que importa.

La experiencia de Bután

El pequeño Reino de Bután, situado en las alturas de la cordillera del Himalaya, entre China y la India, es uno de ellos.

En 2008, el país consagró en su Constitución el concepto de Felicidad Nacional Bruta, profundamente arraigado en la sociedad butanesa y en los principios del budismo, y centrado en la compasión, la satisfacción y la serenidad.

Los componentes de la Felicidad Nacional BrutaImage: FNB

Incluso las señales de tráfico de Bután promueven la FNB, que ha calado profundamente en la sociedad butanesa; los letreros en las calles exhortan a la gente: «Cuida el planeta: apuesta por lo verde».

Bután definió primero la felicidad: estableció nueve ámbitos —bienestar psicológico, salud, educación, uso del tiempo, diversidad cultural, buen gobierno, vitalidad comunitaria, diversidad y resiliencia ecológicas, y nivel de vida— y 33 indicadores.

En dos ocasiones, en 2010 y 2015, el Centro de Estudios de Bután —un centro de investigación de la capital del país, Timbu— llevó a cabo una Encuesta de Felicidad Nacional Bruta, similar a un censo nacional, para medir con precisión empírica la calidad y profundidad de la felicidad de cada persona a lo largo del tiempo.

Por ejemplo, en 2010, el 59 % de los butaneses afirmó sentir emociones positivas, como serenidad, compasión, perdón, satisfacción y generosidad, varias veces a la semana; para 2015, la cifra había bajado al 51 %.

Este conjunto de datos único puede impulsar políticas y decisiones con visión de futuro. El impacto de sus políticas y decisiones es significativo: la tasa de pobreza de Bután bajó del 12 % en 2012 al 8,2 % en 2017.

Como derivación deliberada del enfoque de la FNB, el Gobierno Real ofrece a sus ciudadanos educación básica y atención sanitaria gratuitas, mientras que los habitantes de las aldeas reciben gratuitamente buena parte de la electricidad. Más del 50 % de su territorio está destinado a parques nacionales y más del 80 % está cubierto por bosques naturales. Bután es neutro en carbono y tiene una huella de carbono neta igual a cero.

Abogar por una vía distinta al PIB no significa que la economía no importe. Sí importa. Aunque es una de las economías de más rápido crecimiento del mundo, en Bután aumenta la presión para crear más puestos de trabajo. Está previsto que en 2023 Bután deje de formar parte del grupo de países menos adelantados del mundo, lo que apunta a un posible cambio en la relación entre Bután y el resto del mundo.

Para un país pequeño, aislado geográficamente y con un sector privado incipiente, el cambio previsto —de recibir ayuda para el desarrollo a impulsar la diplomacia económica— podría ser la mayor prueba hasta ahora.

La FNB, interpretada de forma práctica, puede ayudar. Puede animar a las empresas a medir el éxito por sus resultados financieros y por los beneficios ambientales y sociales que ofrecen, mediante iniciativas nuevas como la certificación de empresas conforme a la FNB. También puede ayudar a hacer un seguimiento de lo que la gente siente realmente ante los cambios en su sociedad.

La Felicidad Nacional Bruta y el desarrollo humano

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, sobre la base de nuestros 50 años de relación con Bután, tiene un papel importante que desempeñar para apoyar esta transición fluida.

Nosotros también nos centramos especialmente en medir lo que importa: una lista compleja y ambiciosa de metas recogidas en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, acordados por el mundo entero, incluido Bután.

Estos objetivos establecen un plan internacional de acción en favor de la paz, las personas, el planeta, la prosperidad y las alianzas, impulsado por la misma ética y las mismas convicciones que la FNB.

El reto, tanto para los ODS como para la FNB, consiste en traducir metas tan ambiciosas en planes prácticos de desarrollo y llevarlos a cabo; en garantizar que la teoría se convierta en práctica.

En el PNUD, nuestro recorrido para medir lo que importa comenzó con el Informe sobre Desarrollo Humano, publicado por primera vez hace casi 30 años.

El IDH imaginó un mundo en el que los ingresos no fueran la única medida del bienestar. En su lugar, el desarrollo humano mediría las opciones y oportunidades de las personas: si vivían mucho tiempo, si gozaban de buena salud, tenían educación y contaban con ingresos suficientes.

Presentó un índice que clasificaba a los países del mundo, de mayor a menor, según su desarrollo humano.

Hoy, los datos muestran que, aunque el desarrollo humano mejora en promedio en todo el mundo, los descensos más pronunciados se registran en países que sufren conflictos prolongados. La República Árabe Siria, que en 2019 entraba en su noveno año de conflicto, cayó 27 puestos; le siguió Libia, que bajó 26 puestos; y Yemen, considerado hoy el peor desastre humanitario del mundo, que descendió 20 puestos.

El índice presenta un panorama desolador, pero al medir lo que importa —más allá del PIB— los datos muestran cómo la fragilidad y las crisis obstruyen las arterias del progreso.

Como comunidad internacional, esto nos ayuda a determinar dónde centrar nuestros esfuerzos para que nadie se quede atrás.

La FNB también lo hace, aunque interpretar la felicidad es más complejo que interpretar los indicadores que sustentan el Índice de Desarrollo Humano. Si las personas son menos felices o están menos satisfechas, ¿se debe, por ejemplo, a que las condiciones han empeorado o a que las expectativas han aumentado? ¿Y cómo debería influir esto en la toma de decisiones?

El PNUD seguirá recurriendo a pioneros en la medición de lo que importa, como Bután, y aprendiendo de ellos.

Este año, el Informe sobre Desarrollo Humano ofrecerá un panorama detallado de la desigualdad, con nuevos datos que irán mucho más allá de los ingresos y los promedios. El Día Internacional de la Felicidad nos recuerda que nuestro mundo está cambiando. Si queremos entender cómo progresamos, por qué a veces fracasamos y, en última instancia, mejorar la calidad de vida de todas las personas, la búsqueda de la felicidad puede ofrecer una respuesta.

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