4 formas en que los gobiernos pueden desarrollar infraestructura digital

Customers wait to be served inside a mobile phone care centre operated by Kenyan's telecom operator Safaricom; in the central business district of Kenya's capital Nairobi, May 11, 2016. REUTERS/Thomas Mukoya - S1BETDLHKVAB
True digital integration will take trillions of dollars. Here's where it could come fromImage: REUTERS/Thomas Mukoya
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El desarrollo de infraestructura es fundamental para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Las inversiones adecuadas en infraestructura son la base de economías que funcionan mejor y de sociedades más inclusivas.

Pero el desarrollo de infraestructura requiere un volumen de inversión que los gobiernos simplemente no pueden alcanzar por sí solos.

En los países en desarrollo, el Banco Mundial ha descrito el cambio radical en los niveles de inversión como pasar «de los miles de millones a los billones».

Es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo y hay mucho en juego. Debemos encontrar la manera de cerrar la brecha de inversión lo antes posible.

Una de las formas más rápidas de transformar la sociedad y la economía de un país es invertir en infraestructura digital.

Lo digital: un motor de crecimiento

En menos de dos décadas, internet ha pasado de los laboratorios de informática a convertirse en el motor del crecimiento económico mundial.

La conectividad rápida y ubicua está cambiando qué producimos, cómo lo producimos y cómo participamos en el comercio.

Los beneficios socioeconómicos son inmensos, sobre todo en los países en desarrollo.

Una investigación encargada por Vodafoneha demostrado que un aumento del 10 % en la penetración de la telefonía móvil se correlaciona con un aumento del 0,6 % del PIB.

Líneas telefónicas móviles y fijas por cada 100 personasImage: Vodafone

El Banco Mundialha descubierto que un aumento del 10 % en el acceso a internet se correlaciona con un aumento del 1,38 % del PIB en los países en desarrollo. Del mismo modo, un estudio reciente determinó que una infraestructura de internet rápida puede impulsar la creación de empleo en África, con tasas de empleo entre un 4,2 % y un 10 % más altas en las zonas conectadas que en las no conectadas.

La tecnología móvil también tiene un efecto democratizador.

Transformar vidas

Para muchos habitantes de países en desarrollo, el teléfono móvil es su única puerta de acceso a internet.

Esto ha impulsado el crecimiento de un vasto y complejo ecosistema móvil de aplicaciones y servicios que transforman la vida de millones de personas al mejorar el acceso a la atención sanitaria, los servicios financieros y la educación, además de perfeccionar los procesos agrícolas.

Por ejemplo, una investigación realizada por el MITdeterminó que M-PESA, un servicio de dinero móvil creado por Vodafone en Kenia con el apoyo del DFID del Reino Unido, ha sacado de la pobreza a casi el 2 % de los hogares kenianos.

Del mismo modo, un estudio de Accentureidentificó seis servicios móviles clave de Vodafone y otras empresas que pueden ofrecer mayores ingresos, mejores rendimientos, menos desperdicio y mejores opciones de acceso al mercado a unos 70 millones de agricultores indios para 2020, además de generar 9.000 millones de dólares en ingresos agrícolas adicionales anuales.

De los miles de millones a los billones

Sin embargo, aunque los beneficios están a la vista de todos, los gobiernos simplemente no tienen dinero para elevar el nivel de inversión «de los miles de millones a los billones». Esto significa que la infraestructura que sustenta la economía digital se deteriorará y fracasará.

Por lo tanto, los gobiernos deben encontrar inversión en otros lugares: las contribuciones del sector privado son fundamentales.

La inversión del sector privado no es algo nuevo. En la mayoría de las regiones del mundo, el sector privado ha liderado las inversiones en infraestructura durante más de una generación. Sin embargo, la magnitud de la inversión necesaria obliga a los gobiernos a atraer capital del extranjero para cumplir sus objetivos. Por ello, los inversores extranjeros directos representan una proporción significativa de la inversión en muchos países.

Aunque las políticas para atraer a inversores extranjeros son habituales en muchos países, establecer un flujo de inversión sostenible a largo plazo es más complejo.

Compromiso a largo plazo

Las inversiones en infraestructura digital nunca se hacen una sola vez. Las economías basadas en datos —en África y la India hoy, tanto como en cualquier otra región— exigen ciclos continuos de inversión.

Cada nuevo ciclo tecnológico trae consigo nuevas necesidades de capital: en nuevas infraestructuras, nuevo espectro y nuevos servicios.

Las redes de comunicaciones, mucho más que otros activos, también se enfrentan a una depreciación del capital extremadamente rápida, a un ritmo casi tres veces superior al de otros servicios públicos.

Si se construye una vía férrea, los activos se depreciarán en 75 años o más; una carretera, quizá en unos 25 años como mínimo; las redes de comunicaciones móviles, en 3-10 años.

Esto ejerce una presión enorme sobre la rentabilidad, que en última instancia influye mucho en las decisiones de los inversores. Y esto impone a los gobiernos una enorme responsabilidad: garantizar que creen las mejores condiciones posibles para los inversores.

Entonces, ¿qué significa esto para los gobiernos? Lo ideal sería que hicieran algunas o todas las cuatro cosas siguientes:

1) Promover un entorno comercial sostenible en el que pueda prosperar el sector privado.

Asegurar la inversión implica prestar atención a la salud financiera del sector.

Las regulaciones que solo benefician a los consumidores a corto plazo (como las drásticas reducciones de precios) deben sopesarse frente a los intereses a largo plazo de la ciudadanía en el despliegue de infraestructuras.

Una competencia sana contribuirá a impulsar la inversión y la innovación, y debe existir en todos los niveles: desde la inversión hasta la venta al por mayor y al por menor.

Los intentos de las empresas por monopolizar todos los aspectos de la infraestructura reducirán la competencia y la inversión. Deben facilitarse soluciones creativas, como la coinversión y el uso compartido de emplazamientos en las zonas menos rentables.

2) Los gobiernos deben garantizar la estabilidad y la previsibilidad del entorno normativo.

Las intervenciones gubernamentales radicales o inesperadas en mercados que funcionan bien —o los cambios repentinos de políticas que socavan la competencia o modifican las condiciones de la inversión— perjudican seriamente la confianza de los inversores.

Del mismo modo, las medidas que parezcan discriminar a los inversores extranjeros o reducir su protección harán que lleven su dinero a otra parte y dificultarán la captación de nuevos inversores.

3) Las mejores prácticas regulatorias son esenciales y los gobiernos deben adoptarlas siempre que sea posible.

Los retrasos en la concesión de licencias o la asignación de espectro, así como los obstáculos burocráticos que ralentizan el despliegue de redes, afectan directamente a la capacidad de las empresas para ofrecer servicios digitales a empresas y consumidores y, por tanto, perjudican la actividad económica en su conjunto.

Lo mismo ocurre cuando se impide el acceso a otras infraestructuras existentes que podrían mejorar la rapidez y la rentabilidad de las inversiones en conectividad.

Los gobiernos deben comprender las distintas disyuntivas que implica esta cuestión. Por ejemplo, cobrar tarifas excesivas por las licencias o el espectro socava directamente la capacidad de los inversores privados para invertir en conectividad en zonas rurales más aisladas.

4) Los gobiernos deben procurar estimular la demanda de soluciones digitales.

La adopción de nuevas tecnologías rara vez es automática. Las soluciones digitales ofrecen enormes ventajas en eficiencia administrativa, resiliencia y acceso ubicuo para toda la ciudadanía.

Los gobiernos también pueden hacer mucho para apoyar las aplicaciones digitales locales, desarrollar servicios de contenidos y promover las competencias digitales en toda la población.

Las redes de comunicaciones son las autopistas del futuro: esenciales para el desarrollo económico de las naciones y con un potencial decisivo para mejorar la calidad de vida de toda la ciudadanía.

La inversión en infraestructura digital es la marea que hace subir a todos los barcos.

Los gobiernos tienen la responsabilidad de crear las condiciones óptimas para atraer un flujo sostenible de inversión privada.

Lo que está en juego es la capacidad de la ciudadanía para acceder a los servicios digitales que impregnan todos los aspectos de la economía mundial y que son fundamentales para las visiones políticas de un futuro mejor y más próspero.

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