La inversión en energía renovable se está ralentizando. Estas son las razones

A truck drives in front of power-generating windmill turbines on the Paris-Lille highway during sunset in Wancourt, France, April 3, 2019. REUTERS/Pascal Rossignol - RC1C5E9DB1C0
Global investment in renewable energy peaked in 2017 at $326.3 billion, and in 2018 fell by 11.5% to $288.9 billionImage: REUTERS/Pascal Rossignol
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Durante la última década, las energías renovables, como la solar fotovoltaica y la eólica terrestre, han desempeñado un papel clave en el acceso a la energía y en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, en los últimos dos años, la inversión mundial en energía renovable ha ido en descenso. La inversión mundial en energía renovable alcanzó su máximo en 2017, con 326.300 millones de dólares, y en 2018 cayó un 11,5 % hasta 288.900 millones de dólares, según Bloomberg New Energy Finance. La inversión mundial en energía renovable se redujo un 14 % en el primer semestre de 2019 en comparación con el mismo período de 2018.

Es evidente que la inversión mundial en energía renovable se está desacelerando. ¿Cuáles son los factores que han contribuido a esta tendencia a la baja y deberíamos preocuparnos?

Image: IEA

El menor crecimiento de la inversión en energía renovable puede atribuirse principalmente a la caída de los costes de la energía solar y eólica a escala mundial, así como al cambio en las condiciones del mercado, con la reducción de las subvenciones en muchos países.

Por un lado, el coste unitario de los sistemas solares fotovoltaicos (FV) y de la energía eólica terrestre ha descendido rápidamente. El coste instalado medio ponderado a nivel mundial de la energía solar FV era de 4621 USD/kW en 2010 y de 1210 USD/kW en 2018, lo que supone una reducción del 73,8 %, según la Agencia Internacional de Energías Renovables. El coste instalado de la energía eólica terrestre se redujo casi un 22 %, pasando de 1913 USD/kW en 2010 a 1497 USD/kW.

Dicho de otro modo, la inversión necesaria es menor para instalar el mismo nivel de capacidad solar o eólica. Pese al descenso del 11,5 % de la inversión mundial en energía renovable en 2018 respecto al año anterior, la capacidad recién instalada se mantuvo igual en ambos años, con 171 GW. Por tanto, se trata de una evolución positiva y, desde luego, no es motivo de inquietud.

Por otro lado, los mercados de energías renovables están madurando, ya que en muchos países más proyectos solares y eólicos pueden financiarse en condiciones comerciales mediante subastas.

Para 2030, la energía solar FV será la fuente de electricidad más barata, con un coste nivelado de unos 0,046 USD/kWh, seguida de la eólica terrestre, con 0,050 USD/kWh; ambas serán considerablemente inferiores a la energía del carbón, que costará 0,096 USD/kWh, según Energy Intelligence. En este contexto, los gobiernos de todo el mundo han empezado a eliminar gradualmente las subvenciones a la energía solar y eólica en forma de tarifas reguladas (feed-in tariffs), que se establecieron cuando el coste de las energías renovables era muy elevado, para garantizar una rentabilidad adecuada a los inversores.

¿Cuál es la historia detrás de la desaceleración mundial de la inversión en energía renovable?

En la República Popular China, por ejemplo, el gobierno anunció en junio de 2018 un recorte sustancial de la tarifa regulada y también impuso un límite a la instalación de proyectos solares fotovoltaicos que podían acogerse a dicha tarifa. En estas circunstancias, China instaló 44 GW de energía solar FV en 2018, un 17 % menos que en 2018. Los inversores deben adquirir experiencia para poder competir con la energía convencional y afrontar los riesgos de mercado, y las fuerzas del mercado acabarán impulsando más instalaciones solares y eólicas con una financiación más sostenible que la dependencia exclusiva de las subvenciones del sector público.

Por tanto, la caída de la inversión en energía renovable no es, en sí misma, motivo de preocupación. Pero sí deberíamos preocuparnos mucho por el hecho de que 2018 fuera la primera vez desde 2001 en que el crecimiento de la nueva capacidad de generación renovable no aumentó de un año a otro. Según la Agencia Internacional de Energía, la nueva capacidad neta procedente de fuentes de energía renovables aumentó unos 180 gigavatios (GW) en 2018, la misma cifra que el año anterior. Esto representa solo alrededor del 60 % de las adiciones netas necesarias cada año para limitar el aumento de la temperatura mundial muy por debajo de 1,5 grados.

Claramente, debemos hacer más. Además de políticas y regulaciones favorables y estables, deberían explorarse cuatro vías tecnológicas en los países en desarrollo.

En primer lugar, más allá de la energía solar FV y la eólica terrestre, debemos desarrollar otras tecnologías de generación de energía renovable, como la eólica marina, la energía solar de concentración, la energía solar de película fina flexible, y la energía undimotriz y mareomotriz. Los costes nivelados de la electricidad de estas fuentes de energía renovable siguen siendo elevados, generalmente en torno a 0,10-0,20 USD/kWh; por ello, deben mantenerse incentivos políticos, incluidas las tarifas reguladas, para impulsar su despliegue y reducir costes.

En segundo lugar, más allá de la generación de energía renovable, debemos invertir más en sistemas de transmisión y distribución con tecnologías de red inteligente y sistemas de almacenamiento de energía. Esto mejorará la capacidad de las redes para absorber una mayor generación renovable intermitente y garantizará que los sistemas eléctricos sigan siendo fiables y resilientes.

En tercer lugar, además del suministro eléctrico, debemos desarrollar otras formas de aplicaciones de energía limpia. Entre ellas pueden figurar los colectores solares térmicos de agua, la calefacción urbana geotérmica, el hidrógeno y las pilas de combustible, los vehículos y buques eléctricos, los biocombustibles y los pellets de biomasa para cocinas eficientes.

En cuarto lugar, debemos aprovechar el potencial de la eficiencia energética en la demanda en hogares, oficinas, edificios comerciales e industrias. La aplicación de tecnologías digitales, incluidas la inteligencia artificial y el big data, permitirá a los consumidores ahorrar electricidad mediante aplicaciones de respuesta de la demanda en tiempo real.

Aunque es importante seguir invirtiendo en todas las formas de generación de energía renovable, los países deben destinar más recursos a las redes eléctricas inteligentes, a la calefacción y cocina limpias y a la eficiencia energética en la demanda.

Las nuevas tecnologías renovables, una vez demostrada su viabilidad, deberían ampliarse, como ya está ocurriendo con el apoyo del BAD y otros socios para el desarrollo. Esto ayudará a devolver al mundo a la senda para alcanzar los objetivos climáticos a largo plazo.

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