Este proyecto está convirtiendo aparejos de pesca abandonados en redes de voleibol

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Un equipo de ambientalistas está convirtiendo «redes fantasma» en redes deportivas, dando una nueva vida a los aparejos de pesca abandonados que flotan a la deriva en los océanos del mundo.

La organización responsable del voleibol mundial (FIVB) se ha asociado con el grupo de conservación marina Ghost Fishing Foundation para lanzar Good Net. Con el apoyo de colaboradores como la iniciativa Healthy Seas, World Animal Protection y Greenpeace, el proyecto busca retirar de los mares las redes de pesca desechadas; muchas se reciclarán para convertirlas en redes de voleibol destinadas al uso de comunidades locales de todo el mundo.

Según cifras de las Naciones Unidas, cada año flotan a la deriva en nuestros océanos hasta 800.000 toneladas métricas de redes de pesca desechadas, abandonadas o perdidas.

Las redes fantasma suelen perderse durante las tormentas o en corrientes fuertes y pueden ir a la deriva durante muchos meses, incluso años, atrapando peces, aves marinas y mamíferos marinos.

Una ola de destrucción

Los aparejos de pesca a la deriva pueden recorrer grandes distancias y seguir pescando mucho después de haber sido abandonados. Es un problema que no reconoce las aguas territoriales internacionales ni distingue entre las especies que quedan atrapadas.

El ciclo de la pesca fantasmaImage: Elsevier

Algunas redes desechadas quedan enganchadas en los arrecifes, asfixian los corales y matan la vida marina. Otras se desplazan con las corrientes oceánicas hacia mar abierto, donde atrapan peces, tortugas y mamíferos de mayor tamaño, como delfines, focas y ballenas. Solo en las aguas costeras de EE. UU. se notificaron 76 casos de ballenas grandes enredadas en 2017.

Cargadas de vida marina muerta, las redes acaban hundiéndose hasta el fondo del océano, donde los carroñeros se alimentan de los cadáveres enredados. Una vez liberadas de su lastre, las redes abandonadas vuelven a la superficie y reanudan la pesca.

El impacto de las redes

La intervención humana para retirar las redes de nuestros océanos rompe este ciclo destructivo. Además, como la mayoría de las redes modernas están hechas de fibras sintéticas duraderas, pueden descomponerse en hilo de nailon, que puede utilizarse en muchas aplicaciones nuevas.

Algunas redes se reparan con técnicas tradicionales y se convierten en redes de voleibol para el disfrute de las comunidades locales. Así, gracias a la economía circular, estas redes, antes peligrosas, contribuyen modestamente a los esfuerzos por la sostenibilidad.

El primer evento deportivo en el que se utilizaron redes recicladas tuvo lugar en la famosa playa de Copacabana, en Brasil, sede también del torneo de voleibol playa de los Juegos Olímpicos de Río de 2016. Fue el primero de una serie de partidos de voleibol respaldados por la FIVB, previstos en distintas sedes de todo el mundo, cuyo objetivo es concienciar sobre los daños que los aparejos de pesca abandonados causan a la vida marina y sus hábitats.

Nick Mallos, director del programa Trash Free Seas de Ocean Conservancy, que lidera la Iniciativa Global sobre Aparejos Fantasma, señala que la situación actual perjudica tanto a la vida marina como a los pescadores.

«Cuando hay una gran cantidad de aparejos de pesca en el mar, esto afecta los ingresos de los pescadores, afecta la sostenibilidad futura de las capturas que de otro modo podrían aprovecharse y, a menudo, impide que los pescadores pasen más tiempo en el agua», afirma.

La iniciativa reúne a representantes del mundo académico, responsables de la formulación de políticas, empresas privadas y ONG para abordar el problema de las redes fantasma.

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