En una era en la que las guerras comerciales y los aranceles son habituales, con frecuencia los países en desarrollo se ven sometidos a dobles raseros por parte de las naciones occidentales. Las materias primas se cuentan entre las fichas de las guerras comerciales políticas, y el aceite de palma no es una excepción. Aunque el aceite de palma es controvertido desde la perspectiva de la sostenibilidad, los planes de la UE para prohibir su uso en biocombustibles para 2030 es parte del problema.
La lucha contra el cambio climático es un imperativo global que se resuelve mejor mediante la colaboración; sin embargo, en lugar de trabajar juntos, la prohibición de la UE amenaza nuestras mejores armas contra el cambio climático: la cooperación y la solidaridad global.
El biocombustible de aceite de palma llegó a considerarse la mejor forma de combatir el cambio climático, incluso por la UE, pero ahora se ve únicamente como un factor que contribuye a la deforestación. La prohibición del aceite de palma por parte de la UE favorece cultivos alternativos como la colza y la soja, que se cultivan en Europa como fuente de aceite para biocombustibles. Sin embargo, estos cultivos alternativos requieren mucha más tierra para generar la misma cantidad de aceite que las plantaciones de palma, y almacenan menos CO2 que el aceite de palma. La colza, por ejemplo, produce entre cuatro y diez veces menos aceite que el aceite de palma por unidad de superficie y requiere más fertilizantes y pesticidas. La producción neta de aceite de palma es más eficiente para prevenir el cambio climático mediante los biocombustibles que los cultivos alternativos.
La prohibición de la UE desincentiva los esfuerzos por garantizar que la producción de aceite de palma se ajuste a normas y prácticas sólidas en los países más pobres. La Mesa Redonda para el Aceite de Palma Sostenible (RSPO) es una vía hacia una producción de aceite de palma respetuosa con el medio ambiente. Su misión es proporcionar un biocombustible valioso y, al mismo tiempo, aplicar políticas que garanticen el desarrollo sostenible, incluidas la investigación y el desarrollo para aumentar los rendimientos, la mejora del uso de racimo de fruta para biomasa, la creación de corredores seguros para la fauna silvestre y métodos naturales de control de plagas.
La RSPO reúne a las partes interesadas de toda la cadena de producción de aceite de palma y establece criterios ambientales y sociales que las empresas deben cumplir para producir aceite de palma sostenible certificado (CSPO).
La RSPO es una organización sin ánimo de lucro que recibe poca atención en Occidente; no obstante, ha logrado avances genuinos que se verán frustrados si la prohibición de la UE sigue adelante. ¿Por qué? Porque los países de la ASEAN dejarán de invertir en métodos y normas de certificación, especialmente en el caso de los pequeños agricultores, y en su lugar intensificarán la producción y venderán a mercados alternativos como China para mantener una producción rentable. Y eso provocará una deforestación devastadora en Malasia, mientras que la calidad de los suelos también se verá mermada en Europa como consecuencia del aumento de la producción de colza para cubrir el déficit. La prohibición podría amenazar tanto los medios de vida de los 650.000 pequeños productores de aceite de palma solo en Malasia como la inversión continuada en programas de sostenibilidad.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha advertido de que una prohibición del aceite de palma daría lugar a un mayor consumo de aceites de colza, soja y girasol, que requieren mucha tierra, para satisfacer la demanda creciente. La UE es el segundo mayor importador de aceite de palma, detrás de India. La prohibición simplemente reducirá la competencia para la producción europea de oleaginosas en países como Francia, Alemania, Polonia y el Reino Unido.
Aunque los países de la ASEAN comprenden plenamente las complejidades de la producción de aceite de palma y su influencia en su medio ambiente, el debate público sigue siendo eurocéntrico. La UE controla la conversación en torno al aceite de palma bajo la apariencia de sostenibilidad, a la vez que ignora organizaciones como la RSPO. Incluso Greenpeace, que ha expresado escepticismo sobre los sistemas de certificación del aceite de palma, ha declarado que apoya el principio del aceite de palma sostenible. Grandes fabricantes mundiales como Nestlé, Unilever y Palmolive utilizan aceite de palma sostenible en sus productos, pero la mala prensa hace que eviten cualquier apoyo o promoción pública del aceite de palma sostenible por temor a preocupaciones infundadas de los consumidores.
El sector del aceite de palma de Malasia espera que pueda salvarse una relación comercial honesta, justa y recíproca con la UE, en beneficio de los agricultores, los consumidores y el medio ambiente.



