Es de vital importancia que hagamos un seguimiento del progreso de la sociedad y diseñemos políticas que respondan a los desafíos del siglo XXI, como el cambio climático, la marginación de más de mil millones de personas, el agotamiento de los recursos y las crisis sanitarias emergentes impulsadas por la contaminación. Necesitamos métricas fiables para saber cómo nos va según los parámetros de nuestra economía, la sostenibilidad y la armonía social.
Por desgracia, nuestro radar para seguir el progreso dista mucho de ser satisfactorio. Los países aún utilizan una métrica del siglo XX para medir el bienestar: el producto interno bruto, o PIB.
El PIB mide bastante bien la producción, los ingresos y el gasto, y estos datos son necesarios para comprender y diseñar políticas fiscales y monetarias. Pero esta medida falla por completo cuando se trata del bienestar. Su fundador, Simon Kuznets, advirtió hace medio siglo que resulta útil principalmente para hacer un seguimiento de los ingresos. Más recientemente, otros economistas han señalado que conocer los cambios en la riqueza per cápita de todo tipo es clave para hacer un seguimiento de la sostenibilidad.
De ahí el creciente interés internacional por una herramienta que siga teniendo en cuenta el capital financiero y el capital producido, pero que también incluya las competencias de nuestra fuerza laboral (capital humano), la cohesión de nuestra sociedad (capital social) y el valor de nuestro entorno (capital natural).
Se ha avanzado en el trabajo sobre algunos de estos elementos. El Índice de riqueza inclusivadirigido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente muestra la agregación, mediante la contabilidad y los precios sombra, del capital producido, el capital natural y el capital humano de 140 países. La tasa de crecimiento mundial de la riqueza que registra este índice es muy inferior a la del PIB. De hecho, los datos de 2018 sugieren que el capital natural disminuyó en 140 países durante el período comprendido entre 1992 y 2014.
Curiosamente, muchos países registran un crecimiento del PIB mientras pierden capital natural. Se puede observar la disyuntiva entre los distintos tipos de capital, pero el informe deja claro que mezclar ingresos y riqueza es mala economía y pone en peligro la medición de la sostenibilidad.
Las conclusiones del Índice incluyen recomendaciones contundentes para ayudar a alcanzar los objetivos mundiales de sostenibilidad, entre ellos los Objetivos de Desarrollo Sosteniblede la ONU. Es clave hacer un seguimiento riguroso de las bases productivas de los países, ya que una base de activos en declive implica una trayectoria insostenible. Muchos de los activos fundamentales para mantener las bases productivas no tienen precio o se valoran muy por debajo de lo que deberían. Esto es especialmente cierto en el caso de los activos de capital natural y humano. Los activos de capital natural, como los bosques y las masas de agua, solo se han valorado por los productos que ofrecen al mercado, como la madera y el pescado. Sin embargo, estos ecosistemas proporcionan una gama mucho más amplia de servicios, como la purificación y la regulación del agua y la provisión de hábitats para las especies, entre muchos otros. Estos servicios tienen un valor evidente.
El Índice de riqueza inclusiva también ayuda a los responsables de la formulación de políticas a prepararse para negociar reducciones de gases de efecto invernadero, así como compensaciones derivadas del cambio climático. Además, informes anteriores han demostrado de forma concluyente cómo los países pueden volverse insostenibles en términos absolutos cuando se incorpora el crecimiento demográfico al cálculo. Comprender el impacto del crecimiento demográfico en las bases productivas es una variable fundamental que los líderes deberían tener en cuenta al formular políticas.
Se ha avanzado en el análisis, pero todavía hace falta reunir los cinco elementos de la prosperidad —capital financiero y producido, natural, humano y social— en un solo marco.
Un nuevo informe canadiense lo hace.
El proyecto de Riqueza Integralde Canadá añade una cifra al PIB para la evaluación y la formulación de políticas: la suma per cápita de los cinco elementos de la prosperidad. Se basa en datos de Statistics Canada—una de las mejores organizaciones estadísticas del mundo—, que mide por separado muchos elementos de la prosperidad, con distintos grados de profundidad.
El informe da la voz de alarma en varios aspectos, sobre todo porque la riqueza integral de los canadienses solo creció a una tasa media anual del 0,2 % entre 1980 y 2015. En cambio, el PIB creció a una tasa media anual del 1,31 % durante el mismo período. En otras palabras, los buenos resultados del PIB de Canadá no tienen una base sólida que refleje un aumento del potencial de ingresos, unas reservas naturales sostenibles y un capital financiero y producido diversificado.
Este estudio puede ganar en profundidad y amplitud. El Gobierno federal canadiense debería pedir a Statistics Canada que publique periódicamente la puntuación de riqueza integral del país.
Las personas merecen saber con precisión qué tan bien están funcionando sus economías, teniendo en cuenta la sostenibilidad a largo plazo. El PIB siempre ha ofrecido y seguirá ofreciendo información valiosa a corto plazo, pero para responder a las presiones del siglo XXI necesitamos una medida económica moderna. Canadá puede liderar al mundo como la primera nación en adoptar la riqueza integral, comprometiéndose con el conocimiento que permite emprender acciones significativas.


