Desmantelar cuidadosamente los edificios para reutilizar sus materiales reduce los residuos y conserva los recursos.
El seguimiento de los materiales mediante pasaportes facilita su reutilización eficiente y evita que se conviertan en residuos.
Reutilizar y reparar los materiales existentes, en lugar de reciclarlos, reduce la huella de carbono de la construcción y contribuye a alcanzar los objetivos de cero emisiones netas.
El sector de la construcción no va por buen camino para descarbonizarse de aquí a 2050 y utiliza más recursos que la mayoría de los sectores. En 2020, el Reino Unido generó la asombrosa cantidad de 59,1 millones de toneladas de residuos no peligrosos de construcción y demolición. Aunque la mayor parte de este material (92,6 %) se recicló, gran parte se trituró para usarla en carreteras y cimientos de edificios.
¿Por qué es un problema? El infrarreciclaje, a diferencia del suprarreciclaje, convierte materiales de alta calidad en productos de menor calidad al triturarlos y mezclarlos, lo que impide volver a utilizarlos en su forma original.
Aumentar la demanda de recursos naturales y explotar continuamente las materias primas es insostenible. La alternativa es reutilizar, reparar o dar un nuevo uso a los materiales que ya están en uso. Pero para ello habría que desmontar cuidadosamente los edificios y conservar sus materiales con el mayor valor posible.

El reciclaje suele alterar las propiedades y la calidad originales de un material. Como resultado, marcos de ventanas, vidrio y ladrillos que podrían reutilizarse acaban en un vertedero. Por ejemplo, una viga estructural puede desmontarse e instalarse en otro edificio. Lo mismo ocurre con los marcos de ventanas. Los ladrillos de arcilla pueden reutilizarse en vez de triturarse y reciclarse como material de áridos.
El infrarreciclaje consume energía y recursos para transformar materiales, lo que aumenta el carbono incorporado en un proyecto de construcción. Dar prioridad a la reutilización de los materiales existentes frente al reciclaje puede reducir considerablemente el carbono incorporado y la huella de carbono del sector de la construcción.
Según una estimación, probablemente ya se ha construido el 80 % de todos los edificios que se prevé que existan en 2050 para cumplir los objetivos de cero emisiones netas habrá que renovar estos edificios, incorporando aislamiento y otras medidas que mejoren su eficiencia energética. En este proceso se deberían conservar tantos materiales útiles como sea posible.
Deconstrucción en lugar de demolición
Imaginemos los edificios como bancos de materiales llenos de componentes reutilizables para futuras construcciones. Deconstruir los edificios en lugar de demolerlos —desmontarlos cuidadosamente y recuperar sus materiales para reutilizarlos— permite dar un nuevo uso a gran parte de lo que de otro modo sería residuo.
Esta estrategia se ha adoptado en distintos países. Desde 2015, el Gobierno francés ha promulgado varias leyes y establecido incentivos para favorecer la deconstrucción. Los Países Bajos cuentan con un programa nacional cuyo objetivo es reducir a la mitad el uso de materias primas vírgenes en el sector de la construcción para 2030. Vancouver (Canadá) busca reducir los residuos de construcción y demolición y fomentar la reutilización de materiales recuperados mediante la deconstrucción. La ciudad de Oakland, en California, estableció la obligación de deconstruir para garantizar que los materiales recuperables se identifiquen y retiren para reutilizarlos, en vez de reciclarlos o enviarlos a un vertedero.
El problema, según lo define el arquitecto neerlandés Thomas Rau, es que los residuos son un material sin identidad. Para recuperar los materiales y reconocer su potencial de reutilización, es necesario clasificarlos.
Los edificios existentes son tesoros
Imaginemos que cada material de un edificio tuviera un identificador: un pasaporte de materiales formado por una etiqueta física vinculada a una base de datos. Por ejemplo, un panel de vidrio podría tener un pasaporte de producto compuesto por distintos pasaportes de materiales relativos a los materiales utilizados para fabricarlo (arena, carbonato de sodio y piedra caliza).
Una puerta sin pasaporte de materiales podría acabar en la basura. Si la misma puerta tuviera un identificador, quedarían documentados sus dimensiones físicas, materiales, datos del fabricante y detalles del producto. Un sistema así podría evitar que estos valiosos materiales se perdieran o acabaran como residuos, y permitiría reutilizarlos como elementos de valor.

Después, la puerta podría entregarse en un programa de devolución, volver a fabricarse según sus especificaciones o simplemente reutilizarse de inmediato. Asignar una identidad a los materiales existentes ayuda a los diseñadores a comprender su valor físico, social y ambiental, así como su potencial. En esencia, estos pasaportes impiden que los materiales se conviertan en una masa indiferenciada de residuos, prolongan su vida útil y evitan que se desechen.
Los edificios antiguos son mucho más que reliquias del pasado: son tesoros a la espera de ser recuperados. Crear pasaportes para los materiales de construcción antes de desmontarlos permite identificarlos, rastrearlos y mantenerlos en uso en lugar de desecharlos.
Los edificios y los materiales no tienen una sola vida, sino que pueden tener varias.


