2020 es un año de emergencia para nuestros objetivos globales de sostenibilidad.
Las empresas, los países y las comunidades deben unirse en un Plan Marshall mundial para el planeta.
Esta carta se volverá más cercana, pero primero debe ser un poco formal.
Si aún no lo han hecho, ¿podrían todos los socios y miembros responsables del Foro Económico Mundial acordar celebrar una reunión de emergencia antes de marzo de 2020 para examinar los datos sobre avances y desastres revelados en informes recientes de la ONU acerca de tendencias que afectarán a las personas y a nuestro planeta durante la próxima década?
Los datos sobre avances
Esto comprende los índices de innovación e inversión en la búsqueda y ampliación de soluciones tecnológicas y normativas para los desafíos que enfrenta nuestra especie, tanto en el ámbito público como en el privado. ¿Cuál es el índice de innovación e inversión en soluciones que permitirán a la ciudadanía cumplir sus aspiraciones, ser escuchada, estar incluida y encontrar sentido de una manera sostenible para el planeta?
Los datos sobre desastres
Esto se refiere a los índices de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), pérdida de ecosistemas y biodiversidad, auges demográficos actuales y previstos en entornos frágiles, discriminación de género arraigada, desigualdad y pobreza extrema, delincuencia organizada mundial, evasión fiscal, fuga ilícita de capitales, riesgo de pandemias globales, propagación de enfermedades no transmisibles, incluida la afectación de la salud mental, amenazas a la gobernanza digital y de los datos, retroceso democrático en regiones clave, cierre del espacio cívico y la preocupante y drástica pérdida de confianza cívica en las instituciones.
A partir de la deliberación sobre estos conjuntos de datos, decidan si creen que la humanidad se enfrenta a una emergencia. Si es así, elaboren un plan acorde para los «Transformadores años veinte», mediante el cual cada uno se comprometa a realizar las contribuciones necesarias en apoyo del Decenio de Acción de la ONU para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Los participantes en el Foro Económico Mundial no deben limitarse a escuchar a la delegación juvenil de este año, encabezada por Hindou Oumarou Ibrahim y Greta Thunberg, en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial: deben actuar. Kate Garvey y el equipo de Project Everyone piden a cada empresa, país y comunidad que responda designando urgentemente a un alto directivo responsable de garantizar los avances durante la década, con informes anuales y transparentes sobre el progreso. Quienes no crean que hay una emergencia deben decirlo abiertamente y explicar por qué.
El sistema financiero es una palanca clave para el cambio. Entre las mentes brillantes que están dando un paso al frente para desarrollar metodologías que midan la sostenibilidad del sistema financiero y exijan que rinda cuentas durante esta transición están las de la Alianza Mundial para la Evaluación Comparativa y el Proyecto de Gestión del Impacto.
El gobernador saliente del Banco de Inglaterra, Mark Carney, es ahora el asesor financiero del Reino Unido ante el primer ministro para la COP26. Las nuevas normas sistémicas para los ODS, basadas en el Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera relacionada con el Clima, y ampliadas para incluir mediciones de igualdad de género e inclusión social, deben cobrar impulso en 2020 y concluir a más tardar en la cumbre del G7 que se celebrará en el Reino Unido en 2021. El éxito de este proceso es una prioridad mundial.
Necesitamos un enfoque sin precedentes ante la actual confluencia de riesgos y oportunidades. Algunos lo llaman un Plan Marshall para las personas y el planeta; otros, un Nuevo Pacto Verde Global o un Contrato Ecosocial. En cualquier caso, debemos garantizar que la humanidad alcance los objetivos de los ODS acordados para 2030 y llegue con seguridad y buena salud a las etapas media y avanzada del siglo XXI.
La fórmula del éxito
Una estrategia exitosa no puede ejecutarse con el antiguo enfoque monolítico descendente, sino que debe surgir de cambios normativos combinados en los ámbitos local, nacional y mundial del mundo financiero. Requiere cambios estructurales en los incentivos empresariales y los mercados políticos, impulsados por una amplia participación política ciudadana y cambios en el comportamiento de los consumidores. El propósito central de este nuevo pacto tiene dos vertientes:
servir y empoderar a los sectores más marginados de la sociedad;
hacerlo de una manera que preserve la capacidad del medioambiente para satisfacer las necesidades materiales e inspirarnos.
El pacto debe dar prioridad a quienes primero y con mayor dureza sufren el clima extremo, la pobreza extrema y la discriminación de género extrema; por ejemplo, las niñas y mujeres marginadas de las regiones más castigadas del mundo, como la región saheliana de África.
Adam Smith consideraría que nuestro fracaso hasta ahora a la hora de abordar la crisis climática y avanzar en los ODS constituye un enorme fallo moral del mercado. Pero puede corregirse si la sociedad así lo quiere. En 2020, la COP sobre cambio climático en Glasgow queda cerca del lugar de nacimiento de Smith y debe contribuir a impulsar un mundo de cambio.
En 2020 también tenemos otros momentos clave para tomar decisiones, como la cumbre de salud de GAVI, la Alianza para las Vacunas; la cumbre de género Generación Igualdad, la cumbre de biodiversidad de la ONU en Kunming, la Cumbre de los ODS de la ONU y algunas elecciones clave en África y Estados Unidos. Contamos con los inversores, el capital, la creatividad, activistas inspiradores que transforman los sistemas, un propósito palpable y una conciencia pública cada vez mayor de que compartimos la necesidad de lograr un cambio profundo en el poco tiempo que tenemos.
El profundo cambio necesario comienza cuando cada uno de nosotros admite su adicción a ciertos aspectos de nuestro sistema poco saludable
Para corregir los fallos y asegurar nuestro futuro, debemos cuestionar el poder y mantener una actitud positiva. El Foro Económico Mundial y otros deben ampliar rápidamente las soluciones prometedoras y abandonar las industrias letales y en declive. Hay que poner en marcha una serie de medidas ambiciosas, aprovechando alianzas revolucionarias en los ámbitos de las finanzas, los datos, la innovación, el seguimiento de las acciones y la sensibilización.
El profundo cambio necesario comienza cuando cada uno de nosotros admite su adicción a ciertos aspectos de nuestro sistema poco saludable y comunica a gran escala que cuestionaremos y mejoraremos nuestras acciones —nuestras inversiones, compras, conducta política, pago de impuestos, donaciones, pequeñas desigualdades, voluntariado y lo que realmente valoramos— y, con ello, mejoraremos el sistema que nos rodea. Esto nos ayudará a garantizar que, a partir de 2020, avancemos rápidamente hacia el cumplimiento de los ODS para 2030, basado en valores auténticos, impulsado por datos y sujeto a rendición de cuentas.
La «Visión 2020» y los ODS no pueden reducirse a clichés de responsabilidad social corporativa. Este debe ser un año extraordinario de activismo en favor de las personas y el planeta. Asumamos los datos, veamos de verdad la emergencia y aprovechemos esta oportunidad histórica.


