John Chiti es un famoso cantante zambiano que padece albinismo y que recientemente ha lanzado una canción para concienciar sobre quienes sufren discapacidades durante la COVID-19.
El cantante suele escribir canciones sobre el amor, pero cada vez escribe más sobre temas sociales «cercanos a mi corazón», afirma.
Es fundamental que las personas con discapacidad no se queden atrás durante la COVID-19 y que sus necesidades individuales se tengan en cuenta al planificar la respuesta a la COVID-19.
Cuando el músico zambiano John Chiti crecía, sus compañeros de clase se burlaban de él, los profesores le pegaban y los desconocidos le escupían; pero las mismas personas que en su día lo acosaron hoy bailan con sus canciones de éxito.
Chiti, la persona con albinismo más destacada del país, utiliza la música para cambiar las actitudes hacia las personas con esta condición, muchas de las cuales se han visto gravemente afectadas por el coronavirus.
«La COVID-19 nos ha dejado en mayor riesgo de discriminación y violencia», afirmó el músico, cuyos seguidores incluyen a la primera dama, Esther Lungu, y al expresidente Kenneth Kaunda.
Según la Organización Mundial de la Salud, Zambia ha registrado casi 10.000 casos de coronavirus y más de 260 muertes. Aunque las cifras son bajas en comparación con las de muchos países, se han acelerado rápidamente desde julio.
La pandemia ha suscitado el temor a que las personas con albinismo puedan ser atacadas por sus partes del cuerpo, muy apreciadas en la brujería como amuletos de la suerte.
Desde que surgió el virus ya se ha producido un asesinato, se han robado partes de cuerpos de una tumba y la semana pasada se informó de un ataque callejero en la capital, Lusaka.
Zambia cuenta con unas 25.000 personas con albinismo: una falta de pigmentación en la piel, el cabello y los ojos, que a menudo provoca problemas de visión y aumenta el riesgo de cáncer de piel.
Chiti, un nombre conocido en Zambia, es más famoso por sus canciones de amor, pero sus últimos lanzamientos, entre ellos uno titulado «Corona virus», se han centrado en la forma en que las personas con discapacidad han sido olvidadas durante la crisis.
Afirmó que la respuesta del gobierno no había tenido en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad.
«Nos dicen que guardemos la distancia social, pero ¿cómo puede moverse una persona ciega que necesita un guía?», declaró a la Fundación Thomson Reuters.
La información sobre cómo protegerse no se ha traducido al braille ni a la lengua de señas, y los lavabos para higienizarse las manos suelen ser inaccesibles para las personas en silla de ruedas, añadió Chiti.
Los confinamientos también han dificultado que las personas con albinismo obtengan protector solar, algo esencial.
El gobierno no respondió a las solicitudes de comentarios.
Estigma
El cantante de R&B creció en la provincia de Copperbelt, en Zambia. Como única persona con albinismo de su familia, fue rechazado por su padre.
«Cuando nací, mi familia estaba confundida. No podían creer que yo perteneciera a ellos, y esto provocó el divorcio de mis padres», explicó el músico.
Chiti era insultado por la calle, y los transeúntes le escupían en el pecho al verlo, por una superstición según la cual ello los protegería de tener un hijo con albinismo.
Incluso sus propios familiares lo evitaban, porque creían que el albinismo era contagioso.
Tras la muerte de su madre, cuando él tenía ocho años, Chiti fue a vivir con su padre, que para entonces ya comprendía mejor la condición de su hijo.
En la escuela, la escasa visión de Chiti le dificultaba seguir las clases o jugar con otros niños, que a menudo evitaban sentarse con él.
«Los profesores me pegaban y me castigaban por no terminar los ejercicios o por no saber leer. Simplemente pensaban que era torpe», explicó el músico.
«Me gustaba mucho el fútbol, pero mis amigos no querían jugar conmigo porque fallaba el balón o se lo pasaba a la persona equivocada.»
Pero en la escuela secundaria, Chiti descubrió la música.
«La música fue como un refugio», afirmó. «La primera vez que canté y vi a alguien que solía acosarme aplaudiéndome, pensé: vaya, la música es una fuerza poderosa.»
Su primer álbum, en 2008, fue un éxito, y después llegaron las apariciones en televisión.
El cantante, que vive en Lusaka con su esposa y sus dos hijos, afirma que su música está ayudando a derribar barreras y le ha permitido hacer amigos y reconciliarse con miembros de su familia.
«Cuando canto, a la gente no le importa si tengo albinismo; solo quiere bailar conmigo.»
Activista musical
Con cinco álbumes en su haber, Chiti se describe a sí mismo como un activista musical y escribe cada vez más sobre temas sociales «cercanos a mi corazón».
Sus videoclips sobre el coronavirus se realizaron junto con dos organizaciones benéficas de defensa de los derechos de las personas con discapacidad: la Asociación Noruega de Personas con Discapacidad y la Sociedad Cheshire Homes de Zambia.
También ha ayudado a la organización benéfica internacional Sightsavers a promover su Campaña Mundo Igualitario que exhorta a los Estados miembros de la ONU a garantizar que las personas con discapacidad no se queden atrás durante la pandemia.
La pobreza, el estigma y la mala visión hacen que muchas personas con albinismo no terminen la escuela. La mayoría trabaja por cuenta propia o en empleos informales mal remunerados, lo que las ha dejado especialmente vulnerables durante la crisis.
El gobierno de Zambia ha puesto en marcha iniciativas para ayudar a los jóvenes a sobrellevar el impacto económico de la COVID-19, pero Chiti afirma que las personas con albinismo no pueden competir por los fondos debido a sus desventajas.
Con los colegios cerrados, también teme que los niños con albinismo se queden aún más atrás. La pobreza hace que muchos no puedan acceder al aprendizaje en línea ni al canal nacional de televisión educativa puesto en marcha durante el confinamiento, mientras que otros tienen dificultades por su escasa visión.
Tras alcanzar la fama, Chiti creó la Fundación del Albinismo de Zambia (AFZ) para hacer campaña por un trato igualitario.
«Solía culparme a mí mismo por ser una persona con albinismo. Crecí con baja autoestima porque pensaba que no era lo bastante humano», afirmó.
«Pero no somos nosotros los que tenemos que cambiar, es la sociedad la que debe cambiar sus actitudes hacia nosotros.»


