¿Podrían los confinamientos rotativos ser la respuesta a la COVID-19 en los países de bajos ingresos?

People wait in the queue outside of a coronavirus testing center amid concerns over coronavirus disease (COVID-19) outbreak in Dhaka, Bangladesh, May 17, 2020. REUTERS/Mohammad Ponir Hossain
How effective are rolling lockdowns in supporting low to middle-income countries from COVID-19.Image: REUTERS/Mohammad Ponir Hossain
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  • En muchos países de ingresos bajos y medianos, un confinamiento a gran escala no es sostenible.

  • Una encuesta realizada en Bangladés mostró que, tras los primeros días de confinamiento, el 72 % de los hogares urbanos y el 54 % de los rurales había perdido su principal fuente de ingresos.

  • Un grupo de investigadores ha utilizado un modelo predictivo para comprender lo eficaces que serían los confinamientos rotativos para proteger a los PIBM de la COVID-19.

Sin tratamientos eficaces contra la COVID-19 y con una vacuna que tardará al menos un año en llegar, la principal estrategia para controlar la pandemia hasta ahora se ha centrado en intervenciones comunitarias, como los confinamientos y el distanciamiento físico.

En todo el mundo, estas medidas han sido eficaces para evitar que los sistemas sanitarios se saturen. Han aplanado la curva de infecciones y reducido las muertes. Pero tienen un precio.

Estas intervenciones son insostenibles a largo plazo debido a sus repercusiones sociales y económicas, especialmente en los países de menores ingresos. Por ejemplo, una encuesta realizada recientemente en Bangladés mostró que, tras los primeros días de confinamiento, un alarmante 72 % de los hogares urbanos y el 54 % de los rurales había perdido su principal fuente de ingresos. En general, se calcula que el primer mes de la crisis ha reducido los ingresos globales de los trabajadores informales en un 60 %, siendo África y América Latina las regiones más afectadas.

En este contexto, mis colegas y yo propusimos una estrategia alternativa: los confinamientos rotativos. Queríamos examinar qué ocurriría si alternáramos la aplicación y el levantamiento de distintos tipos de intervenciones comunitarias para controlar la transmisión del virus. ¿Permitiría esto lograr un equilibrio entre evitar la saturación de los sistemas sanitarios y paralizar por completo las economías?

Se calcula que el primer mes de la crisis redujo los ingresos de los trabajadores informales en un 60 %.Image: OIT

En particular, nos centramos en cómo funcionarían los confinamientos rotativos al combinar las dos grandes formas de intervención comunitaria: medidas más leves de «mitigación», como el distanciamiento físico y la prohibición de grandes concentraciones, y medidas más estrictas de «supresión», como los confinamientos completos.

Cómo probamos los confinamientos rotativos

Para probar la estrategia, modelizamos matemáticamente escenarios en 16 países durante 18 meses, centrándonos en cómo respondía el valor R del virus (el número de personas que contagia cada individuo infectado) a las distintas intervenciones aplicadas. Los países seleccionados representaban contextos geográficos y económicos diversos, procedían de todos los continentes e incluían tanto países de ingresos altos como de ingresos bajos.

Los países también se encontraban en distintas fases de la epidemia. En cada uno, elegimos el momento de inicio de la modelización según la proporción de personas ya infectadas. En los países más afectados, la modelización de las intervenciones comenzó antes.

Nuestro primer escenario modelizó un ciclo rotativo de 50 días de medidas de mitigación seguido de un período «relajado» de 30 días. Las medidas utilizadas incluyeron el distanciamiento social general, normas de higiene (como un mayor lavado de manos), el aislamiento de los infectados, la protección de los vulnerables, el cierre de escuelas y la restricción de grandes eventos públicos. Durante la fase relajada, no había medidas de distanciamiento social y los negocios permanecían abiertos; sin embargo, se mantenían la detección de nuevos casos, el rastreo de contactos y la protección de los vulnerables.

Según comprobamos, esta estrategia probablemente reduciría el número R a 0,8 en todos los países. Esto sería aceptable durante los tres primeros meses, pero tras la primera relajación, el número de pacientes que necesitarían tratamiento en cuidados intensivos (UCI) superaría la capacidad hospitalaria en todos los países. Esto mataría a 3,5 millones de personas.

Mantener el distanciamiento social es fundamental para la recuperación mundial de la COVID-19Image: EPA-EFE

Nuestro segundo escenario fue más estricto. Consistió en un ciclo rotativo de 50 días de medidas de supresión, como confinamientos a nivel nacional y la restricción de todos los movimientos no esenciales, seguido de una relajación de 30 días. Estos ciclos reducirían el valor R a 0,5 y mantendrían la demanda de UCI dentro de la capacidad nacional en todos los países. Durante el período de 18 meses, este enfoque daría lugar a un número de muertes significativamente menor: algo más de 130 000 en el conjunto de los países.

Así, comprobamos que un confinamiento rotativo podría evitar la saturación de los sistemas sanitarios, pero solo si el período de confinamiento implicaba medidas estrictas.

¿Dónde podría introducirse un confinamiento rotativo?

Consideramos que los confinamientos rotativos son especialmente adecuados para los países de ingresos bajos y medianos (PIBM), donde los sistemas sanitarios pueden saturarse con facilidad. En estos lugares, el riesgo de transmisión de enfermedades es alto: las poblaciones suelen ser numerosas y densas, con un gran número de contactos entre personas. La concienciación sobre cómo prevenir enfermedades suele ser escasa, y los sistemas sanitarios de los PIBM suelen estar insuficientemente dotados de recursos. Por ejemplo, pueden tener una menor capacidad en cuanto a pruebas diagnósticas o camas de UCI.

Muchos PIBM también están considerando en este momento cómo flexibilizar sus confinamientos para que sus economías puedan respirar; por ejemplo, Bangladés, la India y Pakistán ya los han levantado. En este escenario hay varias posibles estrategias de salida, pero están lejos de ser ideales.

La primera opción para estos países es mantener una estrategia continua de «solo mitigación» al estilo occidental, es decir, mantener el distanciamiento social general, la protección de los vulnerables, etc., pero levantando el confinamiento completo.

Sin embargo, esto resulta difícil por dos motivos. En primer lugar, requiere una capacidad de realización de pruebas y de rastreo de contactos a gran escala, lo que puede ser inviable en poblaciones numerosas y densas. Y, en segundo lugar, el número de camas de UCI y el tamaño del personal sanitario cualificado deben ser suficientes para atender una gran afluencia de casos críticos si se disparan las infecciones. En los contextos de los PIBM, esto no suele ser así.

La segunda opción es adoptar una estrategia de «confinamiento zonal», en la que, en lugar de mantener todo el país confinado, se actúa sobre focos concretos con un aumento de casos. Sin embargo, este enfoque también plantea problemas. No está claro cómo se identificarían estos focos en tiempo real, dado que los sistemas nacionales de vigilancia y las capacidades de realización de pruebas y notificación tienden a ser deficientes en los contextos de los PIBM. Gestionar las zonas de forma eficiente para reducir la propagación del virus tanto dentro como fuera de ellas también resulta muy difícil.

Por tanto, dados los grandes desafíos asociados a estas opciones, creemos que los confinamientos rotativos podrían ser, en cambio, la respuesta. Permitirían a los PIBM mantener el virus bajo control con su capacidad actual.

No obstante, antes de implementar un confinamiento rotativo, todo país en desarrollo debería considerar detenidamente los costes económicos y sociales. No se sabe con exactitud en qué medida sería beneficioso abrir de forma intermitente una economía, y ello supondría un nuevo conjunto de retos logísticos. Por ejemplo, los países necesitarían planes a medida para reorganizar las cadenas de suministro de las empresas, de modo que se ajusten a la apertura y el cierre de la economía.

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