A medida que el mundo parece despertar cada día ante nuevos desafíos —desde los devastadores incendios forestales en Australia hasta la impredecible propagación mundial de un nuevo coronavirus—, es humano sentir cierta desesperanza. En un mundo en constante cambio, la Reunión Anual del Foro Económico Mundial sirve como una plataforma importante para reunir a líderes de opinión, con la esperanza de encontrar nuevas soluciones en esta crucial Década de Acción por nuestro planeta.
Muchos participantes defendieron acertadamente la necesidad de intensificar de inmediato la acción climática y la financiación internacionales, tanto por el creciente costo de la inacción como porque invertir en economías, mercados y tecnologías con bajas emisiones de carbono tiene cada vez más sentido desde el punto de vista financiero. Pero este año en Davos hubo otro cambio notable, ejemplificado por el encuentro entre Greta Thunberg y Jane Goodall. Simbolizó la convergencia de dos de los mayores desafíos del mundo: la acción climática y la protección de nuestro mundo natural dejarán de abordarse como cuestiones separadas.
Para abordar estos complejos desafíos, gran parte de los debates se centró en la necesidad inmediata de remodelar todo nuestro sistema económico, con la acción climática como motor de esta transformación económica positiva: una nueva era en la que el capital y el crecimiento económico no serán el único factor determinante de lo que ocurre en la sociedad.
Un elemento crucial de esa transformación ya se ha afianzado de forma irreversible: el sector privado adopta cada vez más el concepto de sostenibilidad. Las empresas líderes están redefiniendo radicalmente su papel y ofrecen una nueva generación de productos y soluciones. Los consumidores también exigen productos reciclados, reacondicionados y de alquiler. Ahora las empresas pueden alquilar alfombras e iluminación reciclables en lugar de comprar productos desechables. La nueva economía se basará en la durabilidad y la calidad, en lugar del consumo y la obsolescencia.
Aunque cada vez se reconoce más que la transición hacia una economía verde es imparable, sigue abierta la pregunta de cómo se llevará a cabo toda la transformación.
Afortunadamente, quedaron atrás los días de las soluciones «milagrosas» demasiado ingeniosas que a menudo resultan ser una distracción y, a veces, peligrosas. En cambio, vi soluciones mucho más matizadas, acordes con la verdadera complejidad del mundo en que vivimos. Por ejemplo, los proyectos de seguridad alimentaria de ayer han evolucionado hacia un «enfoque de sistemas alimentarios» que aborda el suministro de alimentos, los medios de vida rurales, la salud y la captura de carbono.
La Cuarta Revolución Industrial está transformando las industrias y las cadenas de valor, los descubrimientos científicos y el poder económico de los países a una velocidad y escala sin precedentes. La oportunidad que ofrecen las nuevas tecnologías para afrontar los grandes desafíos mundiales es inmensa, pero gran parte del éxito depende de anticipar lo que viene, más que de aprovechar las oportunidades.
Sin embargo, como destaca el Informe sobre Desarrollo Humano 2019 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), no todo es color de rosa. La desigualdad, como consecuencia del aprendizaje automático y la inteligencia artificial, podría dejar atrás a grupos enteros de personas e incluso a países.
Por lo tanto, es crucial contar con un plan. En los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tenemos un «mapa de riesgos» listo para encontrar soluciones a desafíos como el surgimiento de una nueva generación de desigualdades y otras áreas críticas, entre ellas el cambio climático y la pérdida de naturaleza. Los ODS también inspiran a otros, tal como se pretendía. Por ejemplo, el proyecto Frontera 2030 , lanzado en Davos, reunirá a empresas tecnológicas, gobiernos, la sociedad civil y organizaciones internacionales para eliminar las barreras que dificultan el despliegue de nuevas tecnologías capaces de generar un impacto positivo en comunidades de todo el mundo.
El Grupo de Trabajo del Secretario General de la ONU sobre la Financiación Digital de los ODS también destaca la necesidad de una cooperación internacional más sistemática para aprovechar el enorme potencial de la revolución digital en la tecnología financiera y acelerar la financiación de los ODS. Si lo hacemos, podemos forjar un mundo más justo: utilizar la tecnología financiera para ampliar la inclusión financiera; movilizar el ahorro interno hacia inversiones sostenibles a largo plazo; y aumentar los ingresos públicos dificultando la evasión fiscal.
El sector financiero ha empezado a reconocer que la sostenibilidad no está reñida con los beneficios económicos ni con la rentabilidad para los accionistas. Al contrario, se está convirtiendo en un elemento que define ambos. Ahora es crucial aprovechar la base de activos de los inversores institucionales para impulsar la transición y poner sus billones a disposición de la nueva economía.
Las Naciones Unidas también están promoviendo una serie de alianzas no tradicionales que aprovechan los sectores tecnológico, publicitario y de las comunicaciones para acelerar la acción climática y proteger nuestro capital natural, ahora que comienza este «superaño» para la naturaleza. Por ejemplo, la iniciativa del PNUD The Lion’s Share ha creado una plataforma para la conservación de la fauna silvestre, en la que las empresas aportan el 0,5 % de su gasto publicitario cada vez que aparece un animal en sus anuncios. Nuestro objetivo es recaudar 100 millones de dólares al año en un plazo de cuatro años.
O The Other Bar: la primera barra de chocolate del mundo basada en cadena de bloques, producida en Ecuador e impulsada por el PNUD, la Fundación FairChain y el Alternative Finance Lab. Cada paquete contiene un token de cadena de bloques. Este ofrece a los consumidores una opción: obtener un descuento en su próxima compra, lo que genera más negocio para el agricultor, o donar el token para ayudar a un agricultor a comprar un árbol de cacao, cultivarlo y obtener mayores ingresos. Ese mismo árbol absorberá y almacenará dióxido de carbono, lo que contribuirá a combatir el cambio climático.
En lugar de sentir desesperanza en este mundo impredecible, inspírate en innovaciones como The Other Bar. Es un ejemplo perfecto de cómo el mundo trabaja unido para lograr el desarrollo sostenible. Es posible construir un mundo justo y equitativo, que aproveche la era digital en que vivimos, proteja el planeta y procure que nadie se quede atrás, tal como nos exigen los ODS a todos, si conseguimos evitar los trastornos sociales y ecológicos que surgen a nuestro alrededor.



