La economía ya no puede ignorar los límites naturales de la Tierra

REFILE - QUALITY REPEAT Swedish teenage climate activist Greta Thunberg waves from a yacht as she starts her trans-Atlantic boat trip to New York, in Plymouth, Britain, August 14, 2019. REUTERS/Henry Nicholls - RC1650B2B300
policymakers, academics, and activists prepare for next month's United Nations climate summit in New YorkImage: REUTERS/Henry Nicholls
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La activista climática sueca Greta Thunberg ha zarpado rumbo a Estados Unidos en un yate de competición de cero emisiones para generar revuelo en otra parte del mundo, incluida la próxima Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas en Nueva York. Llegará a América en un momento de creciente conciencia transatlántica sobre la amenaza que representa el cambio climático. Pero aún está por ver si los cambios en la opinión pública se traducirán en medidas concretas.

Al tratar la desigualdad exclusivamente como un problema microeconómico, los economistas llevan décadas pasando por alto lo esencial. Existen abundantes pruebas de que las disparidades de ingresos dentro de los países tienen más que ver con las fuerzas financieras mundiales que con las condiciones locales del mercado laboral.

Tomar en serio la sostenibilidad significa que ya no podemos ignorar nuestros límites planetarios. Debemos empezar a diseñar herramientas y políticas para hacer que todos los aspectos de la sociedad sean más sostenibles, antes de que los costes de hacerlo sean tan elevados que nos empobrezcan. Esta tarea ya no corresponde solo a los académicos especializados en el campo, sino también a los investigadores y estudiosos en general. La sostenibilidad debería ser ahora el prisma a través del cual abordemos todas las cuestiones empíricas relacionadas con las políticas. Necesitamos investigación orientada a desafíos y a misiones, y eso exige un esfuerzo multidisciplinar amplio.

Con ese fin, Michael Grubb, de la Universidad de Cambridge, junto con dos coautores, realizó una contribución monumental con su libro de 2014 Planetary Economics: Energy, Climate Change, and the Three Domains of Sustainable Development. Grubb reúne una amplia gama de herramientas de la disciplina económica para trazar el camino hacia una sociedad sostenible. Ese marco deberá ampliarse más allá de la economía, pero constituye un punto de partida útil.

Los «tres ámbitos» del subtítulo del libro se refieren al comportamiento humano y a cómo puede influirse en él mediante la regulación, la fijación de precios tradicional basada en el mercado y la innovación. Transformar un sistema requiere actuar en los tres ámbitos. Por ejemplo, una regulación mejor puede cambiar el comportamiento humano de manera que reduzca los precios y estimule la innovación, lo que a su vez dará lugar a una regulación aún mejor y a costes más bajos.

Desafortunadamente, estos tres ámbitos tradicionales de la economía han evolucionado por separado, desarrollando cada uno sus propios lenguajes, pruebas, recomendaciones políticas, sociedades profesionales y revistas. El objetivo de una «economía planetaria» es integrar los ámbitos en una única comunidad, cuyo único objetivo sea construir una civilización capaz de existir dentro de los límites de la Tierra.

Esto ya está ocurriendo de forma marginal. Los economistas evolucionistas e institucionales dialogan con los economistas organizacionales y del comportamiento sobre cómo las elecciones sociales y económicas individuales conforman sistemas complejos a lo largo del tiempo. Economistas de la complejidad como W. Brian Arthur llevan décadas estudiando estas cuestiones. Y, en paralelo, los economistas del «residuo de Solow» han recurrido a los tres ámbitos para dar sentido a factores no explicados del crecimiento económico.

Pero este entrecruzamiento multidisciplinar no avanza ni de lejos con la rapidez necesaria. Lo que necesitamos es un nuevo campo de ciencia social planetaria que una diferentes perspectivas, marcos conceptuales y herramientas analíticas, procedentes de la ciencia política, la sociología, la antropología y la psicología. Del mismo modo que no podemos ignorar la ciencia climática, tampoco podemos ignorar los desafíos geopolíticos y de seguridad que afrontará un planeta en calentamiento.

Más allá de la participación de los consumidores individuales, las empresas privadas y la sociedad civil, construir una economía mundial sostenible exigirá una intervención estatal activa. Los gobiernos deben ajustar con urgencia los marcos regulatorios, reajustar los incentivos del mercado y ampliar la infraestructura material e inmaterial necesaria para que la innovación prospere. Además, los responsables políticos deben estar preparados para asumir riesgos calculados y recalibrar las políticas a partir de la retroalimentación recibida.

La subdisciplina que quizá más se ha acercado a integrar otras disciplinas, como la medicina y la ciencia ambiental, es la salud pública. En Survival: One Health, One Planet, One Future, George R. Lueddeke, presidente del One Health Education Task Force, muestra cómo la salud pública puede incorporarse a una amplia gama de campos para abordar la salud individual, poblacional y de los ecosistemas.

Otro ámbito crucial, por supuesto, es la educación. En 2015, la comunidad internacional adoptó la Agenda 2030 de la ONU y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, uno de los cuales (ODS 4) considera la educación universal de alta calidad como clave para construir «sociedades pacíficas, justas e inclusivas». Sin embargo, el avance hacia este objetivo, particularmente en los países en desarrollo, se ve obstaculizado por la desigualdad, la pobreza, las carencias financieras, el extremismo y los conflictos armados.

En las economías avanzadas, los sistemas educativos deben preparar a los estudiantes para un mundo que atraviesa cambios sociales, económicos y tecnológicos fundamentales. Los jóvenes de hoy necesitarán competencias no solo para afrontar la transformación en curso, sino también para liderarla. Eso significa que la política educativa también debe orientarse a los desafíos. En términos prácticos, cada universidad debería considerar la creación de un curso obligatorio sobre pensamiento sistémico y enfoques interdisciplinares.

Mientras tanto, se pide a las organizaciones de los sectores público y privado de todo el mundo que integren los ODS en sus operaciones diarias. En Survival, 17 organizaciones, desde los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos hasta el Fondo Mundial para la Naturaleza, explican a Lueddeke cómo están adoptando un enfoque más multidisciplinar. Pero, en general, está claro que muchos —si no la mayoría— de los países aún no han considerado los costes de implementar plenamente los ODS. Sin su participación activa, es poco probable que se logre el éxito.

De hecho, la mayoría de los ministerios de Hacienda nacionales no se han comprometido plenamente con la Agenda 2030. Al defender la sostenibilidad, no debemos crear nuevas vulnerabilidades en forma de sobreendeudamiento. La experiencia reciente demuestra que las crisis financieras pueden socavar con rapidez los logros económicos y políticos, a veces revirtiendo décadas de desarrollo o poniendo en peligro el crecimiento y la estabilidad económica futuros.

Mientras Greta Thunberg pisa nuevas orillas, quienes ostentan el poder deberían considerar su responsabilidad hacia todas las generaciones. Debemos crear con urgencia las condiciones para el surgimiento de una ciencia social planetaria que pueda orientar nuestras decisiones políticas. En última instancia, el planeta seguirá su curso. Pero que la humanidad sobreviva dependerá del liderazgo que se demuestre hoy y de los sistemas de gobernanza y de conocimiento que construyamos para el futuro. Nada como la perspectiva de la extinción para concentrar la mente.

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