El papel crucial de África en la protección frente a futuras epidemias

Research assistant Georgina Bowyer works on a vaccine for Ebola at The Jenner Institute in Oxford, southern England January 16, 2015. Photograph taken January 16, 2015. REUTERS/Eddie Keogh (BRITAIN - Tags: SCIENCE TECHNOLOGY HEALTH) - RTR4M60T
The Ebola vaccine was developed as a result of global cooperation.Image: REUTERS/Eddie Keogh
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África conoce bien la devastación que provocan los brotes de enfermedades infecciosas. El brote de ébola que comenzó en 2014 causó más de 11.000 muertes en África occidental y, según las estimaciones, pérdidas económicas por valor de 2.200 millones de dólares en 2015, solo en los tres países más afectados. Para protegernos de futuras tragedias, debemos estar mejor preparados.

Un resultado positivo de la tragedia del brote de ébola fue la cooperación mundial para acelerar el desarrollo de una vacuna que ha demostrado ser eficaz para proteger contra la enfermedad. Este éxito científico —alcanzado en las circunstancias más difíciles— demostró que, cuando trabajamos juntos, podemos superar los numerosos obstáculos que implica producir vacunas seguras y eficaces.

Sin embargo, aunque encomiable, el esfuerzo conjunto que dio lugar a una vacuna eficaz contra el ébola no comenzó hasta que la epidemia se había descontrolado, por lo que llegó demasiado tarde. Si hubiera habido una vacuna probada y lista al comienzo del brote, se habrían salvado miles de vidas.

Es solo cuestión de tiempo que se produzca la próxima epidemia mortal. Para evitar otra catástrofe de la magnitud del ébola, África debería aprovechar el impulso actual para fomentar la innovación y desarrollar su capacidad para detectar, responder ante y contener los brotes de enfermedades infecciosas.

Sabemos que muchas otras enfermedades infecciosas podrían provocar una gran epidemia en el continente africano y en todo el mundo. Al igual que el ébola, muchas de las enfermedades infecciosas que representan la mayor amenaza para la sociedad podrían prevenirse con vacunas. Pero esas vacunas no existen, a menudo debido al limitado potencial de mercado de tales productos. Como resultado, la comunidad mundial de investigación y desarrollo no ha logrado convertir de forma sistemática investigaciones científicas prometedoras en productos médicos probados y listos para su uso.

Por este motivo se creó la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI). Fundada por los gobiernos de India y Noruega, junto con la Fundación Bill y Melinda Gates, Wellcome y el Foro Económico Mundial, CEPI ofrece una nueva forma de financiar y coordinar el desarrollo, la fabricación y las pruebas de vacunas contra amenazas epidémicas: vacunas que, de otro modo, no llegarían a producirse.

CEPI busca estrechar mucho más la colaboración entre los gobiernos, las empresas y la sociedad civil. Para alcanzar sus objetivos, necesitará financiación sostenible a largo plazo. Cuando se puso en marcha en Davos a principios de este año, ya había recaudado más de 540 millones de dólares en inversión inicial de gobiernos internacionales y organizaciones filantrópicas. Pero necesita más —al menos 1.000 millones de dólares— para cumplir lo que ha prometido durante sus primeros cinco años.

La prioridad inicial de CEPI es avanzar con nuevas vacunas en su desarrollo y en las primeras pruebas en seres humanos, para disponer de una variedad de candidatas, probadas y listas para usarse pronto cuando se produzca un brote. También desarrollará nuevas tecnologías que permitan crear rápidamente vacunas contra patógenos mortales aún desconocidos. Es fundamental que las vacunas resultantes del proceso de CEPI sean accesibles y asequibles para las poblaciones que más las necesitan.

Las naciones africanas podrían estar entre las principales beneficiarias de estas vacunas. Los climas tropicales albergan poblaciones de patógenos mucho más densas y variadas y, ante la creciente presión ecológica y la mayor densidad urbana, estas infecciones podrían propagarse y viajar como nunca antes. Tres de los cuatro virus a los que CEPI se dirigirá inicialmente para desarrollar vacunas —el ébola, el virus de Nipah, el virus de Lassa y el MERS-CoV— se encuentran en África. Además, de los 25 países considerados más vulnerables a una epidemia de enfermedades infecciosas, 22 están en el continente africano.

Por tanto, la colaboración de los gobiernos africanos es crucial para el éxito de CEPI. Los ensayos clínicos de las vacunas financiadas por CEPI deberán realizarse en cada país durante un brote, y CEPI debe trabajar para garantizar que los países vulnerables cuenten con la capacidad necesaria para hacerlo.

A más largo plazo, esperamos que la colaboración con CEPI ayude a los países a reforzar su propia capacidad para desarrollar vacunas y prevenir brotes, mediante la creación de nuevas alianzas y el acceso a conocimientos especializados que antes no estaban disponibles. En resumen, colaborar con CEPI ofrecerá a los países africanos una póliza de seguro frente a futuras epidemias.

Como ocurre con cualquier póliza de seguro, se pide a todos los países socios que ayuden a recaudar los fondos que CEPI necesita para cumplir su misión. Sin embargo, creemos que sus aportaciones deben ser justas y proporcionales a los medios económicos de cada nación.

La preparación ante epidemias requiere algo más que vacunas. También debe incluir nuevos tratamientos, capacidades de diagnóstico, una mejor vigilancia, mayor capacidad regulatoria y una infraestructura de salud pública mejorada. Al fin y al cabo, fueron medidas básicas de salud pública —la cuarentena, la ropa de protección y el lavado de manos— las que finalmente permitieron controlar la epidemia de ébola. CEPI trabajará para impulsar precisamente ese enfoque integral, estableciendo alianzas y proporcionando financiación cuando sea necesario.

Pero las vacunas desempeñan un papel fundamental, y al participar en esta etapa, los socios africanos pueden contribuir de manera esencial a crear la resiliencia frente a epidemias y pandemias que protegerá a las poblaciones del futuro.

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