5 formas de contribuir a financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible

5 formas de contribuir a financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible
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Esta publicación es parte de una serie sobre los Global Goals for Sustainable Development, en colaboración con el Stockholm Resilience Centre. Este artículo se centra en el objetivo 13 – Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos

A pocos días de la histórica aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los planes existentes para financiar el desarrollo y la energía con bajas emisiones son claramente insuficientes. Los avances en su reforma han sido demasiado escasos y demasiado tardíos.

La creciente presión sobre las finanzas públicas, en particular en los países de ingreso alto, obliga a los Estados a hacer todo lo posible por reducir al mínimo los costes de transacción, mejorar la transparencia y trasladar las lecciones aprendidas en un ámbito a otros.

Las finanzas privadas se consideran la gran solución. ¿Pero está esto mal orientado? Los 100 000 millones de dólares anuales prometidos por los países desarrollados a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) para 2020, con el fin de financiar la acción climática en los países en desarrollo, deben proceder de «todas las fuentes». Pero, hasta la fecha, hay pocos resultados que mostrar.

En julio, los líderes mundiales se reunieron en Addis Abeba para acordar una «Agenda de Acción» sobre financiación para el desarrollo. En ella se nombra a las finanzas privadas como un recurso fundamental.

¿Confianza mal depositada en las finanzas privadas internacionales?

Pero ¿qué podemos esperar realmente de las finanzas privadas internacionales? En el ámbito climático, al menos, las pruebas indican que el sector privado no invierte, en realidad, mucho en los bienes públicos más esenciales para las poblaciones vulnerables, en particular en los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) y los países menos adelantados (PMA).

Los flujos de finanzas privadas internacionales hacia los PMA y los PEID han aumentado durante la última década, pero siguen siendo significativamente inferiores a los que reciben los países más desarrollados. La inversión extranjera directa en los países de ingreso mediano alto, por ejemplo, fue de 649 000 millones de dólares en 2013, frente a 24 000 millones de dólares en los países de ingreso bajo. Además, las inversiones que sí llegan a los países de ingreso bajo se concentran en unos pocos países ricos en minerales y se destinan en su gran mayoría a la extracción de petróleo, carbón y gas natural.

De forma similar, los préstamos concedidos a los países de ingreso bajo por acreedores privados son insignificantes. Y aunque la financiación mediante deuda estuviera disponible, muchos de estos países ya soportan elevadas cargas de deuda y no podrían reembolsarla.

De hecho, en muchos casos, las inversiones privadas en los países de ingreso bajo suponen una pérdida neta de recursos: en 2008-2013, las salidas superaron casi en el doble a las entradas de nuevos recursos financieros en los PMA; en 2011, estas salidas representaron de media el 18 % del PIB de los países menos adelantados.

Movilización de la financiación privada nacional

En vista de ello, una prioridad de la financiación pública internacional debería ser ayudar a los países de ingreso bajo a movilizar de forma más eficaz la financiación privada nacional. Los recursos internos de los países en desarrollo son mucho mayores que todas las fuentes de financiación externa.

Las instituciones financieras internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Verde para el Clima, pueden ayudar a los gobiernos de los países en desarrollo a crear entornos propicios para aumentar la financiación privada nacional destinada a un desarrollo bajo en carbono y resiliente al clima. Estas son cinco opciones prometedoras:

Mejorar la recaudación fiscal: Los países en desarrollo recaudan proporciones de su PIB en concepto de ingresos fiscales muy inferiores a las de los países desarrollados. Esto no se debe a que sus tipos impositivos sean más bajos —en muchos casos, es todo lo contrario—, sino a una recaudación deficiente. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos estima que los países en desarrollo pierden cada año tres veces más ingresos fiscales de los que reciben en concepto de ayuda exterior. Mejorar la capacidad de recaudación fiscal ocupa, con razón, el primer lugar entre las metas de «medios de ejecución» del Objetivo de Desarrollo Sostenible 17.

Invertir en pequeñas y medianas empresas nacionales: Las pymes son una parte fundamental del tejido económico de los países en desarrollo y desempeñan un papel crucial en el fomento de la innovación y la prosperidad. Sin embargo, su acceso al capital que necesitan para crecer y expandirse está muy restringido. Necesitan asistencia técnica, garantías de riesgo y un sector local de préstamos que les permita crecer y desarrollarse.

Reducir los costes de transacción de las remesas: Las remesas enviadas a los países en desarrollo ascendieron a 404 000 millones de dólares en 2013. En algunos países representan hasta el 50 % de los ingresos. Constituyen un insumo importante para las economías locales y estimulan el crecimiento económico. Además, tienden a aumentar durante las crisis económicas, los fenómenos meteorológicos extremos y los desastres naturales, lo que sugiere que son especialmente importantes para la resiliencia. Sin embargo, enviar dinero suele resultar caro. Las innovaciones en TIC podrían cambiar esto casi de la noche a la mañana.

Ofrecer crédito para microfinanzas y financiación rural: Muchos países en desarrollo cuentan con redes de microfinanzas bien desarrolladas que pueden ser canales útiles para ampliar la escala de la financiación climática y del desarrollo. Las microfinanzas son también un vehículo atractivo para aportar financiación para la adaptación de las personas pobres, y en especial de las mujeres, que suelen tener menos acceso al crédito convencional.

Apoyar los sistemas de seguros: África y Asia (sin incluir Japón) representan menos del 7 % del mercado mundial de seguros, a pesar de que ambos continentes están muy expuestos a los efectos del cambio climático y a los riesgos de catástrofe. Los seguros son una forma probada de distribuir y transferir el riesgo y de reforzar la resiliencia financiera frente a choques externos. Los mecanismos de seguro que funcionan bien, combinados con un buen acceso a la información y con servicios públicos receptivos, pueden reducir considerablemente la vulnerabilidad.

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Autor: Adis Dzebo es investigador asociado del Stockholm Environment Institute y codirector de la Iniciativa del SEI sobre Financiación Climática.

El editor invitado de esta serie es Owen Gaffney, director de Medios Internacionales y Estrategia del Stockholm Resilience Centre y de Future Earth

Imagen: Vías de tren en la parada National Arts Theatre del sistema de tren ligero en construcción en Lagos (Nigeria), 30 de mayo de 2014. REUTERS/Joe Penney

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