5 futuros para la ayuda en un mundo dividido

Displaced Somali women queue for food at a centre run by a Turkish aid agency in the Howlwadaag district of southern Mogadishu, January 22, 2012. From Turkey to Brazil, India to Saudi Arabia, a growing number of non-Western donors are bringing fresh funds, a different mindset and their own experience of managing natural disasters to the global humanitarian aid scene. Picture taken January 22, 2012: Global aid is undergoing major upheaval
Global aid is undergoing major upheavalImage: REUTERS/Feisal Omar (SOMALIA - Tags: SOCIETY POVERTY)
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  • El sector del desarrollo global atraviesa una profunda convulsión que hace cada vez más improbable volver a la antigua normalidad.

  • Están surgiendo múltiples futuros superpuestos para la ayuda, y lo más probable es que se imponga una combinación de cinco tendencias clave.

  • Navegar por el cambiante panorama de la ayuda global exigirá agilidad estratégica y forjar coaliciones nuevas y poco convencionales.

La industria del desarrollo global se enfrenta a un momento decisivo. Durante mucho tiempo dependiente de los donantes occidentales, el sector lidia con profundos y repentinos recortes de la asistencia oficial para el desarrollo.

La crisis de la ayuda afecta a decenas de miles de trabajadores y usuarios de servicios, con efectos en cadena sobre la seguridad alimentaria, la reducción de la pobreza, la prestación de servicios de salud y educación, la prevención de conflictos y el mantenimiento de la paz.

Esta convulsión señala no solo una crisis de financiación, sino también de propósito compartido. La arquitectura de la ayuda, construida después de la Segunda Guerra Mundial como baluarte contra los conflictos y la indigencia, flaquea bajo la presión del nacionalismo, el ajuste fiscal y las rivalidades geopolíticas.

El consenso liberal de posguerra —anclado en el multilateralismo basado en normas, el compromiso con una paz duradera y la solidaridad mundial— está siendo sustituido por la diplomacia transaccional y la exhibición de fuerza geopolítica. En lugar de una reforma gradual, la cooperación para el desarrollo entra en una fase de ruptura.

Está surgiendo un orden más caótico y multipolar, en el que nuevos actores, normas y mecanismos darán forma al futuro de la ayuda.

Aunque los resultados siguen siendo inciertos, empiezan a perfilarse cinco escenarios generales. No son mutuamente excluyentes; en la práctica, es probable que se materialice una combinación de estos futuros.

Escenario 1: Desintegración y deriva

En el escenario más pesimista, Occidente sigue retirándose del desarrollo global.

Los organismos de la ONU afrontan ahora déficits de financiación cada vez mayores. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU recortará más del 20 % de su plantilla este año. El Fondo Verde para el Clima, que antes era un referente de la coordinación global, está a la deriva. En muchos casos, se deja a los países receptores, ya cargados de deuda, que reúnan apoyo de fundaciones filantrópicas, presupuestos nacionales o financiadores privados.

Algunos ven un lado positivo en esta descentralización. Los actores locales —a menudo más ágiles y más confiables— están asumiendo papeles más importantes. La filantropía nacional está creciendo, desde Brasil, India e Indonesia hasta Kenia, Malasia y los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, sin recursos externos sustanciales, estos esfuerzos corren el riesgo de ser improvisados y verse desbordados.

La magnitud de desafíos como el cambio climático, la inseguridad alimentaria y las pandemias supera con creces la capacidad local. Un mundo en el que la asistencia oficial para el desarrollo retrocede sin un reemplazo creíble es un mundo en el que los Objetivos de Desarrollo Sostenible quedan discretamente relegados.

Escenario 2: Volver a lo esencial

Una vía más moderada podría llevar a los donantes occidentales a reorganizarse y reorientar sus estrategias de ayuda hacia funciones esenciales. En lugar de aspiraciones ambiciosas, el desarrollo pasa a centrarse en contener los daños y fortalecer la resiliencia local, con énfasis en la ayuda humanitaria, la disuasión de la migración y la influencia geoestratégica.

Las señales de este reajuste ya son evidentes. El «reinicio» humanitario de la ONU insta a los países a racionalizar las intervenciones en torno a las necesidades esenciales, desde la seguridad hasta el alojamiento. Global Gateway de la Unión Europea, contrapeso a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, financia infraestructuras que podrían crear condiciones favorables para Europa.

Con este modelo, las instituciones multilaterales se reducen a sus funciones más operativas. La ayuda se vuelve más condicionada y guiada por los intereses. Los donantes podrían volver a involucrarse en Estados frágiles, pero con el objetivo de contener la situación en vez de fortalecer capacidades.

Aunque este realismo podría resultar atractivo para los ministerios de finanzas acuciados por las dificultades, corre el riesgo de relegar cuestiones como la equidad de género, la prevención de conflictos y el desarrollo basado en los derechos. Centrarse en hacer menos, aunque se haga bien, quizá no sea suficiente.

El antiguo modelo de desarrollo dirigido por los donantes —lineal, jerárquico y arraigado en el liberalismo de posguerra— ya no es adecuado para su propósito.

Escenario 3: China amplía su presencia

A medida que Occidente se retira, China podría llenar el vacío. Pekín ya ha invertido más de 1 billón de dólares en infraestructura en Asia, África y América Latina a través de su Iniciativa de la Franja y la Ruta. También crece, aunque de forma desigual, su participación en la salud, la infraestructura digital y la financiación climática.

Mucho dependerá de cómo China afronte su desaceleración económica interna, los desafíos demográficos y la inestabilidad del sector inmobiliario. Aunque los funcionarios chinos siguen expresando su apoyo al multilateralismo —en particular en materia de comercio y clima—, muestran poco interés en adoptar las normas occidentales de desarrollo.

Es poco probable que los derechos humanos, la sociedad civil y la reforma de la gobernanza ocupen un lugar destacado.

Aun así, China está ampliando gradualmente su influencia en la ONU, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Las próximas negociaciones sobre la reposición de recursos de la Asociación Internacional de Fomento servirán de prueba decisiva del compromiso de Pekín con la transformación de las finanzas globales.

Para muchos países en desarrollo, especialmente los excluidos de las instituciones lideradas por Occidente, China ofrece una alternativa más accesible, aunque más opaca.

Escenario 4: Los BRICS+ dan un paso al frente

Un futuro paralelo podría ver surgir un bloque de desarrollo multipolar alternativo centrado en los países BRICS+: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, junto con posibles incorporaciones como Arabia Saudita, Nigeria e Indonesia. Estas potencias ya están experimentando con nuevos instrumentos financieros y modelos de gobernanza.

El Nuevo Banco de Desarrollo, liderado por los BRICS, ha desembolsado miles de millones en préstamos y está considerando ampliarse. Los bancos regionales de desarrollo, los fondos soberanos de inversión y las alianzas Sur-Sur cobran cada vez más relevancia. Estos mecanismos no solo llenan vacíos, sino que redefinen el desarrollo en sí, alejándolo de las prioridades occidentales y orientándolo hacia la autonomía regional.

La reforma de la deuda podría resultar clave para esta visión. Muchas economías en desarrollo afrontan cargas de reembolso insostenibles y buscan alternativas a la austeridad impuesta por el FMI.

Un cambio hacia una financiación más flexible, concesional y políticamente neutral podría atraer a un número creciente de países, sobre todo si va acompañado de una redistribución genuina de la influencia dentro de las instituciones internacionales.

Escenario 5: La privatización de la ayuda

Otro escenario plausible contempla el auge de los actores privados, no solo en la logística o la ejecución de proyectos, sino en todas las funciones del desarrollo. De hecho, las empresas privadas llevan tiempo asumiendo funciones que antes estaban reservadas a los Estados y a las organizaciones no gubernamentales.

Muchas grandes consultoras ya participan activamente en la asistencia para el desarrollo, desde Chemonics y DAI Global hasta Accenture, Boston Consulting, Deloitte y KPMG.

Los enfoques público-privados del desarrollo están muy extendidos. Se multiplican la financiación combinada, los bonos de impacto social y los fondos de inversión verde. Los avances en inteligencia artificial (IA) y tecnología financiera permiten desplegar rápidamente soluciones digitales en salud, educación y protección social, al margen de los canales tradicionales de ayuda.

Algunos sostienen que esto libera innovación y escala. Otros advierten de deficiencias en la rendición de cuentas, precios abusivos y la erosión de la confianza pública.

Sin un marco que rija este giro hacia el sector privado, aumenta el riesgo de fragmentación y desigualdad. Despojado de su dimensión moral, el desarrollo se convierte en una cuestión de gestión de riesgos y márgenes de beneficio, lo que difícilmente propiciará resultados inclusivos o sostenibles.

Bienvenidos a las Reuniones sobre el Impacto del Desarrollo Sostenible 2024.
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Un futuro en transformación

Estos cinco escenarios reflejan un mundo en transición. El antiguo modelo de desarrollo dirigido por los donantes —lineal, jerárquico y arraigado en el liberalismo de posguerra— ya no es adecuado para su propósito. Está por verse qué lo sustituirá. Lo más probable es que los modelos futuros sean híbridos y combinen la localización, el capital privado, la ayuda bilateral, la filantropía y una dosis de improvisación multilateral.

Para navegar por este terreno nuevo e incierto, quienes trabajan en el desarrollo tendrán que pensar estratégicamente, actuar con flexibilidad y forjar coaliciones entre los sectores público y privado. El sector de la ayuda debe adaptarse no solo a los recortes de financiación, sino también a un realineamiento fundamental del poder global.

Las principales prioridades de desarrollo del mundo —la asistencia humanitaria, la reducción de la pobreza, el acceso a la financiación y los bienes públicos compartidos— son más urgentes que nunca. El desafío ahora consiste en forjar un nuevo pacto para el desarrollo, basado en el interés mutuo, la responsabilidad compartida y las complejas realidades de un mundo multipolar.

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