Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas pronto pasarán a la historia. Aunque los ocho objetivos fijados en 2000 comprometieron a los líderes mundiales a lograr mejoras concretas y medibles en materia de pobreza, educación, salud, hambre y otras cuestiones sociales clave, los avances fueron desiguales. La vara debe elevarse aún más para la agenda de desarrollo posterior a 2015.
No basta con reducir la pobreza; debemos erradicarla. Cuando los líderes mundiales se comprometan con 17 nuevos objetivos –los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)– para poner fin a la pobreza extrema, combatir la desigualdad y hacer frente al cambio climático, el momento de hablar habrá terminado. El momento de actuar habrá llegado.
La primera conferencia ministerial de la ONU para debatir los ODS – el decimocuarto período de sesiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo celebrado en marzo de 2016 – será el punto de partida para traducir las ambiciones ampliadas de la comunidad internacional en líneas de acción concretas. El mundo debe comprender la magnitud del desafío que se avecina, así como entender que habrá que aprovechar el comercio, las finanzas, la inversión y la tecnología si se quiere superar dicho desafío.
Una muestra llamativa de la dimensión de la ambición de los ODS se encuentra en el nuevo informe de la UNCTAD – From Decisions to Actions – que señala que los países menos adelantados del mundo necesitan una tasa de crecimiento económico superior a la que tuvo China durante sus años de auge para erradicar la pobreza extrema para 2030; el nivel de pobreza extrema en China en 1994 era del 46 %, cifra similar al nivel actual de los países menos adelantados del mundo. Pese a que China creció entonces a una tasa media del 9,4 % per cápita anual durante 15 años, el país solo logró reducir la pobreza extrema al 11,8 %, y no al 0 %: ese es el alcance del Objetivo 1 de los ODS para los países menos adelantados en los próximos 15 años.
Fuente: Jakob Trollbäck
Alcanzar los nuevos ODS exigirá movilizar recursos a una escala sin precedentes. Solo los países en desarrollo necesitarán invertir entre 3,3 y 4,5 billones de dólares al año en infraestructura básica, seguridad alimentaria, mitigación y adaptación al cambio climático, salud y educación.
Una de las principales lecciones que extraer de los últimos 25 años de desarrollo, sin embargo, es lo mucho que las cosas pueden cambiar realmente, con la combinación adecuada de políticas. Hoy, varios países en desarrollo son motores importantes del crecimiento no solo para sus propias regiones, sino también para la economía mundial en su conjunto.
Desde 2008, los países en desarrollo exportan más entre sí que a los desarrollados. Entre 2000 y 2011, el uso de internet en África creció un 2.500 % y el número de teléfonos móviles se multiplicó por 12.
Uno de los grandes desafíos de los próximos 15 años es cómo traducir mejor el crecimiento y el cambio tecnológico en una reducción suficiente de la pobreza y en más y mejores empleos. Este desafío se ha vuelto más difícil desde la crisis financiera mundial de 2008. El comercio crece ahora a un ritmo más lento que la producción mundial, y la recuperación de la inversión extranjera directa mundial sigue siendo irregular. Los grandes flujos de capital especulativo ponen en riesgo la sostenibilidad de la deuda y la estabilidad macroeconómica de muchos países en desarrollo.
¿Qué hay que hacer?
Debemos crear capacidad productiva para transformar las economías. Esto implica inversión, comercio, tecnología y espíritu empresarial como parte de una estrategia industrial más amplia para los países en desarrollo. Las bases tributarias deben ampliarse, la recaudación reforzarse, la evasión y la elusión fiscales reducirse, y la fuga de capitales y los flujos financieros ilícitos frenarse.
Debemos crear Estados más eficaces y mercados más eficientes. Hay que entender que son dos caras de la misma moneda: si los gobiernos no son competentes, transparentes y receptivos, los mercados tampoco pueden ser eficientes. Debemos reforzar la competencia y la protección del consumidor, ampliar a gran escala los servicios de infraestructura e impulsar un mejor entorno empresarial mediante la inversión en el desarrollo de competencias y de liderazgo.
Debemos hacer frente a las vulnerabilidades y crear resiliencia. Vivimos en un mundo cada vez más lleno de crisis económicas, sociales y ambientales, y los pobres siempre están menos capacitados para afrontar cambios repentinos y perturbaciones. Hay que gestionar mejor la financiarización y sus efectos macroeconómicos, así como reforzar el vínculo entre las políticas fiscales y monetarias y los objetivos de desarrollo. También debemos mejorar la resiliencia climática de la infraestructura de transporte clave, ya que los fenómenos meteorológicos extremos y el aumento del nivel del mar son una amenaza creciente.
Debemos fortalecer el multilateralismo y encontrar soluciones comunes. La necesidad de una acción colectiva mundial nunca había sido tan grande. Necesitamos instituciones, normativas, reformas y políticas más inclusivas y mejor coordinadas. Hay que mejorar la eficacia del sistema comercial multilateral y forjar asociaciones mundiales para la cooperación al desarrollo.
Las islas de prosperidad rodeadas de pobreza, injusticia, cambio climático y degradación ambiental ya no son ni sostenibles ni aceptables. Ha llegado el momento de actuar por el multilateralismo, por el desarrollo y por nuestro futuro común.
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Autor: Mukhisa Kituyi, exministro de Comercio de Kenia, es secretario general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) desde 2013.
Imagen: Estudiantes posan para una foto con un globo terráqueo durante una campaña para conmemorar el Día Mundial de la Tierra en una escuela secundaria de Dexing, provincia de Jiangxi, el 19 de abril de 2011. REUTERS/China Daily




