Por qué los científicos hacen predicciones climáticas para el año 2300

An enormous iceberg (R) breaks off the Knox Coast in the Australian Antarctic Territory, January 11, 2008. Australia's CSIRO's atmospheric research unit has found the world is warming faster than predicted by the United Nations' top climate change body, with harmful emissions exceeding worst-case estimates. Picture taken January 11, 2008. REUTERS/Torsten Blackwood/Pool (ANTARCTICA) - RTR1X0U1
As certain physical processes triggered by global warming are relatively slow, their full impact won’t be apparent for hundreds of years.Image: REUTERS/Torsten Blackwood/Pool
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Los mares seguirán subiendo durante 300 años. Esa es la conclusión de un nuevo estudio publicado en Nature Communications, que proyecta cuánto subirá el nivel del mar según el grado de éxito en la lucha contra el cambio climático, hasta el año 2300.

Pero el año 2300 queda casi tres siglos en el futuro. Hace tres siglos ni siquiera había comenzado la Revolución Industrial. Esto plantea la cuestión de si tiene algún valor considerar futuros tan lejanos al pensar en la política climática actual.

Al fin y al cabo, el Acuerdo de París sobre el cambio climático no fijó objetivos para el aumento de la temperatura global más allá de finales del siglo actual. E incluso ese horizonte parece demasiado lejano como para motivar reducciones de emisiones en un futuro próximo. Por eso, París se centra en ciclos quinquenales de política climática que comenzaron en 2018, más acordes con los ciclos políticos y empresariales habituales y en sintonía con nuestras preocupaciones cotidianas.

Creo que es un «acuerdo climático», capitán. Eran populares en el siglo XXI.NBC

Aumento previsto del nivel del mar debido al retraso de las medidas de mitigaciónImage: Nature

Aun así, numerosos estudios climáticos sí consideran proyecciones para un futuro lejano. Por ejemplo, un artículo estimó que, si no logramos combatir el cambio climático, el océano Ártico podría quedar libre de hielo durante todo el año en algún momento entre 2150 y 2250. Otro estudio analizó las emisiones de carbono procedentes del deshielo del permafrost hasta el año 2500.

La crítica más evidente es que estos trabajos son pura ficción, impulsada por la curiosidad intelectual de un pequeño grupo de científicos muy especializados, y que no tienen ninguna relevancia para la vida diaria. Además, podrían argumentar los críticos, ¿acaso no encontraremos alguna solución en el próximo siglo o los dos siguientes para combatir el cambio climático y demostrar que todas las predicciones catastróficas eran infundadas?

Las emisiones seguirán vinculadas a la economía

Como suele ocurrir, la realidad es un poco más compleja.

Lo primero que hay que señalar es que cierto grado de cambio climático ya está «garantizado». Nuestro consumo de energía y otros recursos no disminuirá pronto, mientras los países más pobres se apresuran a industrializarse y alcanzar a los líderes mundiales, y las naciones más prósperas buscan mantener y mejorar aún más su nivel de vida. La mayoría de la gente puede entender estas aspiraciones, aunque el resultado sea que las emisiones globales se mantengan en sus actuales niveles elevados.

Por supuesto, la energía solar y eólica ayudarán, pero la realidad es que estas tecnologías distan mucho de ser suficientes para alterar radicalmente el vínculo entre las emisiones y el crecimiento económico. Pese al auge de las energías renovables, en 2017 se registró un aumento del 2 % de las emisiones globales tras un estancamiento de tres años. Los expertos sostienen que reducir las emisiones de forma sustancial exigirá medidas mucho más ambiciosas en casi todas las actividades económicas, como la energía, la urbanización, las infraestructuras, el transporte, la industria pesada y el uso del suelo.

Podemos predecir el crecimiento futuro

Esto nos devuelve a los escenarios de muy largo plazo que utilizan los científicos del clima. En realidad, estos escenarios se basan en supuestos creíbles sobre un amplio conjunto de factores socioeconómicos y tecnológicos de largo plazo que definen futuros contrastantes para el mundo en su conjunto. Y resulta que factores que afectarán a las emisiones futuras y al clima, como el ritmo del progreso tecnológico o el crecimiento de la población y la riqueza, probablemente se mantendrán dentro de un rango razonablemente predecible. Incluso si se contempla la posibilidad de «tecnologías revolucionarias», como una hipotética nueva generación de baterías mucho más baratas y eficaces para los coches eléctricos, es casi seguro que el mundo seguirá dentro de este rango de escenarios.

Aquí es donde entra en juego la ciencia del clima. Como algunos procesos físicos desencadenados por el calentamiento global son relativamente lentos, sus efectos completos no se harán evidentes hasta dentro de cientos de años. Pensemos, por ejemplo, en las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida, tan grandes que responden con lentitud al cambio climático. Sin embargo, una vez que se desencadena el proceso y el hielo empieza a deslizarse hacia los océanos, elevando el nivel del mar, el proceso de deshielo tarda siglos en revertirse. Algo parecido ocurre con el deshielo del permafrost, que libera gases de efecto invernadero adicionales a la atmósfera.

Tanto la subida del nivel del mar como el deshielo del permafrost podrían afectar a cientos de millones de personas, sobre todo a quienes viven en zonas costeras o en climas más cálidos. Pero, si queremos saber cuánto deberíamos preocuparnos, las predicciones climáticas hasta 2050 no bastan: para entonces, el mundo podría seguir calentándose, aunque dejáramos de emitir carbono de la noche a la mañana. Dado que el futuro del mundo se encuentra dentro de un rango razonablemente predecible de escenarios, tiene sentido estimar los riesgos que plantean estos procesos físicos lentos y ampliar el análisis hasta el año 2300.

Por qué importa el nivel del mar en 2300

Volvamos al estudio original. Su principal conclusión fue que el nivel del mar todavía podría subir hasta 1,2 metros (4 pies) para 2300, incluso en un escenario climático muy optimista en el que la temperatura global nunca supere en más de 2 ℃ los niveles preindustriales. Es decir, aunque las emisiones de origen humano alcancen su máximo en las próximas dos décadas, luego bajen a cero a más tardar en 2070 y se mantengan en cero a partir de entonces, el nivel del mar aun así subiría más de un metro.

Ya será bastante difícil lograr cero emisiones netas en los próximos 30 a 50 años. Pero el estudio demuestra que, incluso si se alcanza este ambicioso objetivo, el nivel del mar seguirá subiendo durante los dos siglos siguientes. Es una bomba de relojería climática para las zonas costeras. Aunque no parezca mucho, una subida del nivel del mar de 1,2 metros obligará a megaciudades como Londres y Nueva York a gastar miles de millones para mantener las defensas contra inundaciones frente a marejadas ciclónicas más intensas.

Por tanto, lograr cero emisiones no basta para evitar que se manifiesten los efectos a largo plazo de la subida del nivel del mar. Para devolver las temperaturas al menos a los niveles actuales —es decir, alrededor de 1 ℃ por encima de los niveles preindustriales— necesitaremos tecnologías de emisiones negativas que extraigan carbono directamente de la atmósfera.

Este es un resultado importante para la política climática a largo plazo, posible gracias a considerar horizontes temporales extendidos. Al proyectarnos hasta el año 2300, hemos reafirmado la necesidad de emprender acciones climáticas ambiciosas en un futuro más inmediato.

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