A medida que la población mundial se vuelve cada vez más urbana, se estima que el número de desplazamientos medido en pasajeros-kilómetro se triplicará para 2050. Las carreteras simplemente no pueden absorber este aumento.
Los ferrocarriles, con su mayor capacidad para transportar más personas, de forma más rápida y con mayor eficiencia energética, son la mejor apuesta para convertirse en la columna vertebral de nuestra movilidad. Por supuesto, la imaginación de los ingenieros ha creado muchas alternativas al enfoque original de acero sobre acero del ferrocarril. El maglev y el Hyperloop, muy publicitado pero hasta ahora teórico, suelen considerarse las tecnologías a seguir de cerca, pero ¿representan realmente el futuro del transporte ferroviario?
Maglev
La levitación magnética (maglev) utiliza imanes potentes para impulsar el tren a lo largo de vías dedicadas que sean lo más rectas posible. Las fuerzas de atracción entre electroimanes controlados electrónicamente en el vehículo y los rieles guía ferromagnéticos elevan el vehículo, mientras que imanes de guiado adicionales lo mantienen centrado lateralmente sobre la vía. Esta versión de la tecnología fue desarrollada en Alemania y actualmente se utiliza para unir el aeropuerto de Shanghái con el centro de la ciudad a velocidades de 430 km/h (267 mph).
Sin embargo, quizá sea Japón el país más asociado con el maglev. La nación que inauguró la era moderna de los trenes de alta velocidad también intenta definir el siguiente capítulo. La levitación magnética superconductora (SCMaglev) lleva décadas en desarrollo, pero recientemente ha sido aprobada para operar entre Tokio y Osaka a partir de 2027, cuando completará el trayecto de 500 km (311 millas) en poco más de una hora. A diferencia del sistema Transrapid de Shanghái, el principio maglev japonés utiliza imanes “superconductores” más potentes y un diseño de vía basado en fuerzas repulsivas, y no atractivas.
Pero, aunque el maglev es técnicamente posible, su viabilidad comercial es discutible. El coste inicial de la infraestructura es extremadamente alto: se prevé que la línea SCMaglev de Japón cueste ¥9 billones (US$72 000 millones. Además, no puede integrarse con las redes ferroviarias existentes y tiene una demanda energética fenomenal, tanto durante la construcción como durante la operación. Esto plantea serias dudas sobre el verdadero potencial del maglev como alternativa a la tecnología convencional de alta velocidad.
Hyperloop
Hyperloop es una idea elegante: viajar sin interrupciones a 1 220 km/h (así es, 760 mph, justo por debajo de la velocidad del sonido) en cápsulas de diseño elegante que llegan con una frecuencia de hasta cada 30 segundos resulta muy atractivo. El concepto se basa en tubos muy rectos con un vacío parcial aplicado bajo las cápsulas. Estas cuentan con un compresor eléctrico en su morro que transfiere activamente aire de alta presión desde la parte delantera hacia la trasera, creando un colchón de aire una vez que un motor eléctrico lineal ha lanzado la cápsula. Todo esto funcionaría con baterías y energía solar.
Técnicamente es un diseño desafiante, aunque si alguien puede hacerlo realidad es el hombre que propuso la idea, Elon Musk, el hombre detrás de SpaceX y Tesla. Sin embargo, Hyperloop no es transporte ferroviario. Es, como dice Musk, un quinto modo de transporte (después de trenes, automóviles, barcos y aviones). Está diseñado para conectar Los Ángeles con San Francisco: ciudades a cientos de millas de distancia que pueden unirse en una línea casi recta sobre un terreno relativamente llano. Esto simplemente no es una opción en gran parte del mundo.
En última instancia, si Hyperloop llega a materializarse, será un sistema independiente. No es un sustituto del ferrocarril.
¿Y qué más?
En la práctica, la gran mayoría de nosotros seguirá viajando en trenes no muy distintos de los actuales. El Reino Unido está a punto de recibir 122 trenes que serán los caballos de batalla del transporte interurbano durante las próximas décadas. Aún podrían estar en servicio para 2050, aunque tras varias renovaciones.
Se espera que la mayor automatización domine no solo el ferrocarril, sino todos los tipos de transporte. La operación automática de trenes ya se utiliza en algunos ferrocarriles urbanos, lo que permite distancias más cortas entre trenes en la misma línea. Se prevé que en el futuro todos los trenes de línea principal puedan comunicarse entre sí, lo que supondrá muchos más trenes en la vía, aumentando la capacidad y los niveles de servicio. A su vez, esto hará redundante el equipo de señalización física junto a la vía, lo que dará lugar a trazados más sencillos para las nuevas líneas. Es probable que un mejor aprovechamiento de la energía en el transporte interurbano ferroviario eléctrico desempeñe un papel significativo. Por ejemplo, los sistemas de almacenamiento de energía y las subestaciones avanzadas permitirán avanzar hacia sistemas ferroviarios más inteligentes.
Las predicciones sobre el futuro deben tomarse con precaución. Pero la inversión de vanguardia en ferrocarriles en todo el mundo sigue basándose en gran medida en el principio de acero sobre acero de los trenes sobre vías. Y no hay razón para dudar de que este será el futuro definitorio del transporte ferroviario en las próximas décadas, tal como lo ha sido desde el nacimiento del ferrocarril hace casi 200 años.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lea el artículo original.. La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista por parte del Foro Económico Mundial.
Para estar al día con la Agenda suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Roberto Palacin es investigador asociado sénior del Grupo de Investigación en Sistemas Ferroviarios de la Universidad de Newcastle.
Imagen: El tren Maglev pasa por encima del tráfico en Shanghái. CHINA OUT REUTERS/Stringer



