El 80 % de las emisiones globales de carbono proviene de las cadenas de suministro. Por ello, las empresas buscan formas de reducir su huella.
Los programas de financiación de la cadena de suministro alcanzaron 1,8 billones de dólares en 2021, ya que las empresas los exploraron como un instrumento para acelerar las mejoras de sostenibilidad en las cadenas de suministro sin perder la capacidad de respaldar la resiliencia.
Los tesoreros pueden apoyar el desarrollo de estos programas incorporando tecnología de cadena de suministro de «nivel profundo» e incorporando a las pymes a los programas.
Los directores financieros y los tesoreros corporativos se han visto tradicionalmente limitados a resolver preocupaciones financieras a corto y medio plazo. En algunos casos, los máximos responsables financieros de las empresas han frenado la transición ecológica, al considerarla un coste y no una inversión.
Esa época ha quedado atrás, sobre todo en lo que respecta a la construcción de cadenas de suministro resilientes y a la mejora de la sostenibilidad.
Cada vez más, las corporaciones con tesorería logran un triple beneficio. Mejoran la resiliencia de sus proveedores, fortalecen sus balances y refuerzan sus esfuerzos de sostenibilidad. Gran parte de este éxito es fruto de la innovación tecnológica y de líderes con visión de futuro.
Perro viejo, trucos nuevos: la financiación de la cadena de suministro
Esto es posible gracias a la reinvención de una herramienta «antigua»: la financiación de la cadena de suministro (SCF, por sus siglas en inglés) mediante un enfoque tripartito y más cooperativo. La idea que subyace a la SCF es sencilla: un proveedor vende facturas a una institución financiera para recibir pagos anticipados antes de la fecha de vencimiento original, con un pequeño descuento. Los volúmenes mundiales de SCF han crecido de 330 000 millones de dólares en 2015 a 1,8 billones de dólares en 2021, y en 2021 los volúmenes registraron un crecimiento del 38 % respecto a 2020.
Nuevos programas han explorado un tipo específico de SCF denominado «factoring inverso». Esta herramienta se estableció por primera vez en la década de 1980, con el comprador como tercero que asume la obligación de pago final de las facturas que se financiarán. Este enfoque genera ventajas en los precios, ya que el riesgo de crédito se asigna al comprador, que suele ser más grande y solvente. El capital necesario para acelerar este pago suele proceder de una institución financiera que trabaja de forma conjunta con el comprador y, con menor frecuencia, del propio comprador.

Los programas de SCF mejoran la resiliencia al proporcionar a los proveedores pagos anticipados. El capital anticipado puede destinarse a funciones vitales, como pagar a los empleados o adquirir la materia prima necesaria para producir más bienes. Esto resulta especialmente útil para las pequeñas y medianas empresas, que a menudo disponen de un capital circulante limitado. El gran comprador también se beneficia de contar con proveedores más sólidos. La pandemia ha demostrado que las empresas que han podido mantener sus vínculos tradicionales con la cadena de suministro lograron sortear mejor las perturbaciones de los últimos tres años.
El gran comprador mejora su balance al desarrollar un programa de SCF, ya que normalmente implica pagar a la institución financiera participante más tarde de lo que pagaría de otro modo al proveedor. Aunque tradicionalmente esto se ha considerado el principal incentivo para que las empresas pongan en marcha estos programas, la regulación evoluciona hacia exigir mayor claridad a las empresas sobre la estructura de los programas. Las empresas que han superado con éxito los nuevos requisitos regulatorios han podido mantener sus programas y, además, son percibidas como más creíbles por sus inversores y por las autoridades.
Financiación de la cadena de suministro y sostenibilidad: otro win-win
La necesidad de avanzar hacia las cero emisiones netas y la sostenibilidad confiere a los programas de SCF una finalidad adicional. Las emisiones de alcance 3, es decir, las emisiones indirectas no incluidas en el alcance 2 que se producen en la cadena de valor ascendente y descendente de una empresa, representan hasta 11 veces las emisiones directas. Por ello, informar sobre la huella de carbono y reducirla se está convirtiendo rápidamente en un indicador clave de rendimiento para muchas empresas.
Con este fin, la Corporación Financiera Internacional, Puma, Nike y Levi’s iniciaron en 2015 esfuerzos para utilizar la SCF para afrontar este desafío, ampliando el programa «estándar» con un componente adicional: la comisión cobrada a los proveedores es más alta o más baja en función de la calificación de sostenibilidad del propio proveedor. El objetivo era incentivar a los proveedores para que alcancen un mayor nivel de sostenibilidad mediante costes de financiación más bajos. Lo denominaron financiación sostenible de la cadena de suministro (SSCF, por sus siglas en inglés), y está logrando un éxito creciente.
Una serie de bancos internacionales de propiedad privada —HSBC, Standard Chartered, BNPP y Santander, por citar algunos— se sumaron al modelo. Los programas existentes, como el ForeverBetter Vendor Financing Program de Puma, también han crecido en tamaño. Desde 2020, se están añadiendo nuevos programas, que son reconocidos por sus logros. El premio Global SCF 2022, por ejemplo, fue para el gigante alemán Henkel por la implementación de un programa sostenible exitoso.
Sin embargo, la SSCF no está exenta de desafíos. Deben diseñarse nuevas normas de manera que no excluyan a los proveedores más pequeños debido al aumento de los costes de cumplimiento. Los programas de SSCF se han limitado en gran medida a los proveedores de primer nivel hasta ahora, aunque una cantidad significativa de emisiones procede de otros niveles de la cadena de suministro. La SCF de nivel profundo es la próxima frontera, y una investigación reciente ha propuesto puntos de acción claros para todas las partes interesadas del ecosistema con el fin de avanzar en ella. Entre ellos se incluyen explorar nuevos modelos para atender las preocupaciones de los proveedores y adoptar legislación que permita la digitalización del comercio.investigación ha propuesto puntos de acción claros para todas las partes interesadas del ecosistema con el fin de avanzar en ella. Entre ellos se incluyen explorar nuevos modelos para atender las preocupaciones de los proveedores y adoptar legislación que permita la digitalización del comercio.
Los tesoreros toman la iniciativa
Superar estos obstáculos no es fácil, pero es alcanzable. La SCF es una herramienta poderosa en el carcaj de los compradores. Está disponible ahora y tiene el potencial de generar un impacto significativo al incentivar a los proveedores a tener operaciones más sostenibles.
La puesta en marcha de estos programas depende de la capacidad de los directores financieros y de los tesoreros para cooperar entre sí y para ser verdaderos socios empresariales de sus colegas de los equipos de compras, cadena de suministro y jurídico y, lo que es más importante, de sus proveedores.
Los tesoreros también deben estar abiertos a las innovaciones tecnológicas y mantener un diálogo con los organismos reguladores para garantizar que la nueva normativa cree un entorno favorable para escalar la SSCF. Contamos con ellos para probar y mejorar conjuntamente opciones, como los programas de SSCF sostenibles, y para convertirse en actores clave de la transición hacia la sostenibilidad, una misión demasiado importante para ignorarla.



