A finales de este siglo, la población mundial habrá aumentado a la mitad: habrá otros 3.600 millones de personas. Según la ONU, la población mundial está destinada a superar los 11.200 millones en 2100, frente a la población actual, que se estimaba a finales de 2017 en 7.600 millones. Y se considera que ese es un escenario de «crecimiento medio».
El aumento de escala necesario en materia de infraestructura y desarrollo, por no hablar de la presión sobre los recursos materiales, equivale a abastecer a una población siete veces mayor que la de los países de la Unión Europea (antes del Brexit), actualmente de 511 millones. El aumento de la población mundial en 45 millones de personas al año trae consigo un inevitable incremento de la demanda de alimentos, agua y materiales, pero, quizá sobre todo, de vivienda.
Las necesidades de vivienda están cambiando
El tamaño medio de los hogares varía considerablemente entre continentes y también de un país a otro. Según la ONU, las tendencias recientes de los últimos 50 años también muestran una reducción del tamaño de los hogares. Por ejemplo, en Francia, el tamaño medio del hogar pasó de 3,1 personas en 1968 a 2,3 en 2011, mientras que la tasa de fecundidad del país descendió de 2,6 a 2,0 nacidos vivos por mujer. En Kenia, el tamaño medio del hogar pasó de 5,3 personas por hogar en 1969 a 4,0 en 2014, en consonancia con el descenso de la fecundidad de 8,1 a 4,4 nacidos vivos por mujer.
El envejecimiento cada vez mayor de la población, sobre todo en los países desarrollados, está provocando un cambio demográfico en las necesidades futuras de cuidados, pero también significa que las personas permanecen más tiempo en sus propios hogares, lo que afecta al ritmo anual de disponibilidad de las viviendas existentes. Uno de los cambios más marcados ha sido el aumento de los hogares unipersonales y de dos personas en el Reino Unido y otros países desarrollados.
Las estadísticas publicadas por National Records of Scotland, por ejemplo, revelan la influencia de estos cambios demográficos: la futura demanda de hogares crece más rápido que la población. Se prevé que para 2037 la población de Escocia haya crecido un 9%, mientras que el número de hogares habrá aumentado un 17%. Esta diferencia del 8% representa, en efecto, la demanda de crecimiento de los hogares derivada de la población existente.
En Inglaterra, desde ahora hasta 2041, se prevé que la población aumente un 16%, mientras que el crecimiento proyectado de los hogares es del 23%, lo que da lugar a una diferencia del 7% en la demanda.
A medida que las personas viven más tiempo y aumentan los hogares unipersonales y de dos personas, el número de hogares necesarios en el futuro crece más rápido que la población. En 2014, el sitio web sobre cuestiones urbanas CityLab calificó la situación de «bomba de relojería mundial de los hogares».
A medida que más países en desarrollo alcancen niveles de infraestructura y progreso similares a los de los países desarrollados —mejorando el nivel de vida y prolongando la esperanza de vida—, disminuirá el tamaño de los hogares y aumentará la demanda de nuevas viviendas. Por tanto, si esta diferencia entre la demanda de hogares y el crecimiento de la población se produce a escala mundial en torno al 7-8% durante los próximos 80 años, se necesitarán 800 millones de viviendas adicionales.
Si se toma como referencia un hogar medio mundial de tres personas (1.200 millones de viviendas) y se suma ese factor demográfico del 8% de la población mundial total a lo largo del período, se necesitarán más de 2.000 millones de viviendas nuevas para finales del siglo XXI.
Satisfacer la demanda
La demanda actual y futura de viviendas nuevas está llevando a los gobiernos a impulsar más innovaciones en la construcción «fuera de obra» —prefabricada— para acelerar la oferta de nuevas viviendas. La Estrategia Industrial del Reino Unido publicada en noviembre de 2017 pone un gran énfasis en la construcción fuera de obra para el futuro. Este sector ha crecido rápidamente durante la última década y han surgido nuevos mercados en los ámbitos de la sanidad, la educación y los edificios comerciales. Sin embargo, para que la construcción prefabricada permita entregar más viviendas a mayor velocidad, es necesario buscar soluciones alternativas al problema.
Entre los factores que ralentizan la construcción de viviendas prefabricadas se encuentran el largo tiempo de preparación que requieren las subestructuras y los cimientos; los retrasos en la instalación de servicios públicos y sistemas del edificio; y la falta de responsables de obra bien formados, capaces de gestionar la compleja logística que conlleva. En todo el mundo, más de 65 millones de personas han sido desplazadas por desastres naturales y provocados por el ser humano, lo que aumenta aún más la presión sobre los países que ya no pueden ofrecer suficientes viviendas nuevas.
La disponibilidad de materiales para satisfacer la demanda que supone construir 2.000 millones de viviendas nuevas pone de relieve la necesidad de que los países los utilicen de la manera más eficiente posible. Serán esenciales las políticas gubernamentales que promuevan el diseño sostenible de los edificios nuevos para maximizar su reutilización futura, reducir las emisiones de carbono y gestionar adecuadamente los recursos. Durante los próximos 30 años, los países que promuevan políticas para mantener y aumentar la oferta de viviendas nuevas tendrán más probabilidades de evitar problemas de abastecimiento de materiales y subidas de precios.
En muchos países, la oferta de vivienda es ya un tema candente en el debate nacional y en las estrategias políticas. Para el resto del mundo, pronto se convertirá en el problema más apremiante al que se enfrentarán los gobiernos en este siglo.



