¿Cómo podemos reducir la congestión, la contaminación y la necesidad de estacionamiento? ¿Cómo podemos mejorar el acceso al transporte utilizando los automóviles privados en beneficio del público? Los primeros pasos ya se están dando y podemos seguir impulsando este futuro con nuevas tecnologías combinadas con la infraestructura actual.
El futuro de la movilidad urbana
Es fácil demonizar el automóvil. Hoy hay dos mil millones de automóviles en el mundo: una cifra equivalente a la población conjunta de China y Europa. Pero el problema no son tanto los automóviles en sí. Es cómo los usamos: de forma individual. La próxima vez que te detengas en un semáforo en rojo, mira los automóviles a tu derecha o a tu izquierda. Lo más probable es que solo lleven a una persona: el conductor. Por desgracia, cuando conduces solo, estás en buena compañía.
Todo este uso individual del automóvil tiene un costo público considerable. Por ejemplo, en Los Ángeles y Sídney, la gente pierde dos semanas laborales completas al año atrapada en el tráfico. Y la situación es aún peor en Ciudad de México: cada persona que se desplaza al trabajo pierde cinco semanas laborales al año debido a la congestión. Eso significa menos tiempo con la familia, menos tiempo en el trabajo y mucho estrés que nadie necesita.
Además, como efecto negativo adicional, la congestión aumenta la contaminación. Hoy, los automóviles generan el 22% de todas las emisiones mundiales de CO2.
Los automóviles detenidos en las carreteras representan apenas el 4% del problema. De hecho, los automóviles permanecen estacionados el 96% del tiempo. Como resultado, en algunas ciudades se destina hasta una quinta parte del suelo a guardar vehículos. Para ponerlo en perspectiva, en Estados Unidos hay ocho plazas de estacionamiento por cada automóvil, que ocupan una superficie doce veces mayor que la de la ciudad de Nueva York. Este valioso terreno se utiliza como estacionamiento en vez de destinarse a más viviendas, escuelas o parques.
Aunque estos modelos están cambiando, los antiguos modelos de planificación urbana tienen un impacto real y tangible en las ciudades y en los hábitos cotidianos actuales. Estos modelos de diseño urbano empujan a la gente a tener un automóvil porque no tienen en cuenta el transporte público. Aunque el desarrollo urbano orientado al transporte público va en aumento en los centros urbanos, todavía hay muchos residentes que no tienen cerca estaciones de transporte. Incluso en una ciudad con un excelente transporte público, como Nueva York, el metro no llega hasta la puerta de todos. De hecho, cada día entran en Manhattan 2,7 millones de automóviles. La falta de coordinación del sistema de transporte actual hace que demasiadas personas no tengan más opción que conducir ellas mismas.
Esto es especialmente cierto para las personas con ingresos más bajos, que no pueden permitirse vivir en barrios bien atendidos por el transporte público o cerca de su lugar de trabajo. Una investigación de la Brookings Institution reveló que el 30% de los empleos en Estados Unidos implica un trayecto de 90 minutos en transporte público. Esto hace que tener un automóvil sea una necesidad para demasiadas personas. Además, una vez que las familias compran un automóvil —con todos los costos que eso conlleva—, es más probable que lo usen.
¿Qué significa esto?
La tecnología ha cambiado la forma en que nos relacionamos con el mundo que nos rodea. Y, con el crecimiento de los viajes compartidos, ahora vemos cómo el acceso al transporte puede cambiar de verdad la forma en que las personas se relacionan con su entorno. También ha puesto de relieve que el statu quo del transporte actual es insuficiente, ineficiente y desigual.
La buena noticia es que existe una alternativa a un mundo que parece un estacionamiento y avanza como un atasco. Es un mundo donde más personas comparten viajes y utilizan el transporte público. La pregunta es: ¿cómo pueden llegar las ciudades a ese punto? La respuesta es ofrecer acceso a alternativas asequibles y fiables a la propiedad individual de un automóvil.
Empecemos por la fiabilidad. Uber ha demostrado que los servicios de viajes compartidos pueden atender de manera fiable todos los rincones de una ciudad, incluidos aquellos a los que no llegan otros medios de transporte. Por ejemplo, en Los Ángeles, un área metropolitana que abarca 100 millas cuadradas, los angelinos pueden pulsar un botón y el vehículo suele llegar en menos de 10 minutos.
La tecnología lo hace posible. De hecho, las horas de mayor actividad de Uber —nuestra hora punta— suelen ser más tarde por la noche, después del cierre de los bares. Es cuando el transporte público tiene un servicio limitado y cuesta encontrar taxis. Y, sin duda, es cuando muchas personas no deberían ponerse al volante. Esto apunta a un efecto secundario muy positivo: una reducción del número de personas que mueren en accidentes automovilísticos relacionados con el alcohol. En California, por ejemplo, las muertes relacionadas con el alcohol disminuyeron un 5% tras el lanzamiento de Uber en sus ciudades.
Así que no importa dónde estés ni adónde vayas. Siempre puedes llegar. Los viajes fiables no solo reducen la congestión, sino que el acceso a un transporte fiable es el factor más importante para determinar si una persona puede salir de la pobreza, según un estudio de la Universidad de Harvard.
Es importante señalar que los viajes compartidos no funcionan de forma aislada; esta nueva tecnología puede integrarse con la infraestructura actual. El transporte público se vuelve más accesible, ya que ahora las personas pueden usar viajes compartidos para cubrir el último tramo hasta casa desde la parada del autobús o la estación de tren. Por ejemplo, durante la hora punta de la mañana, casi el 30% de los viajes de Uber en los distritos periféricos termina a menos de 200 metros de una estación de metro o de tren.
Las sinergias que vemos hoy entre los viajes compartidos y el transporte público surgen de forma espontánea. Sin embargo, según constató la American Public Transit Association, es menos probable que quienes comparten viajes tengan automóvil y, por tanto, más probable que usen el metro o el autobús. Por eso muchas agencias de transporte recurren a Uber para que las ayude con algunos de sus desafíos más difíciles. Por ejemplo, en Summit, Nueva Jersey, la ciudad firmó recientemente un acuerdo de colaboración con Uber para ayudar a los viajeros a llegar a su estación de tren local y volver de ella, evitando que los contribuyentes tengan que financiar un estacionamiento nuevo, costoso e impopular. Y en Boston, Massachusetts, hemos puesto en marcha un programa piloto para ayudar a mejorar la calidad del servicio de transporte adaptado para las personas mayores y las personas con discapacidad, además de reducir su costo. Esto es solo el comienzo.
El último factor que debemos considerar es la asequibilidad. Es crucial para el futuro del transporte público, porque las personas solo dejarán sus automóviles si cuentan con alternativas asequibles y fiables a la propiedad individual. Y ahí es donde entra en juego compartir el automóvil.
Los responsables de formular políticas llevan años hablando de compartir el automóvil: la idea surgió durante la Segunda Guerra Mundial y volvió a plantearse durante la crisis del petróleo de la década de 1970. Pero nunca llegó a despegar, sobre todo porque es demasiado complicado ampliarla a gran escala.
Hace unos años, unos ingenieros de Uber abordaron este desafío al observar que se estaban realizando muchos viajes duplicados. Se preguntaron: ¿podríamos usar la tecnología móvil para poner a estas personas en contacto de forma práctica y en tiempo real? El resultado beneficiaría a los pasajeros, porque compartir un viaje cuesta menos; a los conductores, porque pasarían más tiempo con pasajeros que pagan en la parte trasera del automóvil; y a las ciudades, porque habría más personas en menos automóviles. La verdadera pregunta era: «¿Elegiría la gente compartir el automóvil con desconocidos a cambio de un descuento?».
La respuesta fue un rotundo sí. Los resultados demostraron que el precio y la comodidad son algunas de las principales prioridades de quienes se desplazan por sus ciudades. Lo hemos comprobado con el crecimiento y la expansión de uberPOOL en todo el mundo. Por ejemplo, en San Francisco, las personas eligen POOL hasta el 50% de las veces. En las ciudades donde uberPOOL está disponible hoy, más del 20% de los pasajeros elige compartir el viaje.
¿Qué impacto ha tenido uberPOOL en las ciudades? En los primeros siete meses de 2016, uberPOOL:
● Redujo en 312 millones el número de millas recorridas; más que la distancia entre la Tierra y Marte;
● Ahorró 6,2 millones de galones de combustible, suficiente para llenar más de nueve piscinas olímpicas;
● Redujo las emisiones de carbono en 55.560 toneladas métricas.
Hoy, los viajes compartidos representan menos del 4% de las millas recorridas en todo el mundo. JPMorgan estima que esa cifra superará el 25% para 2030. Basta imaginar las posibilidades que nos esperan.
Un futuro mejor está a nuestro alcance: uno en el que las personas comparten viajes y usan el transporte público simplemente porque es una opción mejor que tener un automóvil. Es un futuro donde todas las personas tienen el mismo acceso a un transporte asequible; donde gastan menos de sus ingresos en automóviles o desplazamientos y pasan menos tiempo al volante; donde los estacionamientos se convierten en parques y viviendas asequibles. Ya estamos avanzando hacia ese futuro y, si seguimos adelante y adoptamos las nuevas tecnologías, lo lograremos.



