Este artículo se publicó originalmente en The World Bank’s Transport for Development Blog.
Mientras Pekín emite su primera alerta roja de su historia debido a niveles récord de contaminación del aire, es momento de reflexionar sobre cómo podemos proponer soluciones de transporte urbano más limpias para las grandes ciudades del mundo en desarrollo.
El sector del transporte representa el 23 por ciento de las emisiones mundiales de CO2 relacionadas con la energía, por detrás de la generación de electricidad y calor. Además, se prevé que las emisiones relacionadas con el transporte pasen del 23 por ciento a un máximo del 33 por ciento de aquí a 2050.
En Pekín, la prohibición de circular a la mitad de los coches (salvo los vehículos eléctricos e híbridos) es una de las medidas más radicales que han adoptado las autoridades para combatir lo que algunos observadores han denominado airpocalypse. Para compensarlo, se han añadido 200 autobuses adicionales al sistema de transporte público de la ciudad. También se han cerrado escuelas y se ha obligado a detener las obras de construcción al aire libre. Los costes sociales y económicos de la airpocalypse son enormes. Con niveles de partículas más de 10 veces superiores a los recomendados, las consecuencias para la salud de los 20 millones de habitantes de Pekín son graves.
A medida que la urbanización avanza en todo el mundo, muchas megaciudades buscan desesperadamente soluciones creíbles para mejorar sus sistemas de transporte urbano y reducir la congestión del tráfico. Los sistemas sofisticados pero costosos, como los metros subterráneos, están fuera del alcance económico de muchas grandes ciudades del mundo en desarrollo. La buena noticia es que existen algunas excelentes alternativas que el Grupo Banco Mundial y otros socios internacionales han estado promoviendo.
Una de estas alternativas es el denominado sistema de autobuses de tránsito rápido (BRT). Inventado en América Latina y desde entonces extendido por todo el mundo, el BRT tiene una especial relevancia para los países en desarrollo con limitaciones fiscales, debido a su costo relativamente moderado, pero también a sus notables beneficios en términos de movilidad urbana y reducción de la contaminación atmosférica.
El Transmilenio de Bogotá y la Línea Verde de Curitiba, en el corredor Boquierão , son ejemplos muy conocidos, pero quizá no se haya contado lo suficiente la historia de Lagos. Con una población estimada de 25 millones de habitantes, Lagos es una de las megaciudades más grandes y de crecimiento más rápido del mundo. Antes del desarrollo de la solución Bus Rapid Transport, el transporte público urbano se limitaba a 75 000 minibuses no fiables, caros y contaminantes (danfo) y taxis compartidos (kabu-kabu), que realizaban 16 millones de viajes diarios. La mitad más pobre de la población destinaba una quinta parte de sus ingresos disponibles al transporte. Un trayecto típico desde las principales zonas residenciales hasta la isla de Lagos duraba dos horas. El Banco Mundial financió el Proyecto de Transporte Urbano de Lagos, que identificó los servicios de autobús como un componente clave de un plan general para modernizar el sistema de transporte. Se optó por una solución BRT, un sistema de tránsito rápido sobre calzada que se parece y funciona como un metro, pero que ofrece servicios de alta capacidad en carriles exclusivos de las calles urbanas. En marzo de 2008, este proyecto de 22 km, que conecta la zona continental de Lagos con la isla, se convirtió en la primera línea de autobuses exclusiva de África subsahariana. El BRT funciona durante 16 horas al día, con 220 autobuses que transportan a más de 200 000 pasajeros diarios. En sus dos primeros años de funcionamiento transportó más de 120 millones de pasajeros. El Banco Mundial prestó asesoramiento técnico y un crédito de la AIF (IDA) por 100 millones de dólares estadounidenses. Como resultado, el tiempo de viaje se redujo en promedio 25 minutos de un extremo a otro y las tarifas bajaron de 230 nairas a 100 nairas. El BRT transporta el 25 por ciento de todos los desplazamientos a lo largo del corredor, aunque representa solo el 4 % de los vehículos. El BRT generó 2000 empleos para conductores, cobradores, inspectores, vendedores de billetes y mecánicos. Además, se crearon otros 10 000 empleos indirectos para gestionar las instalaciones formales e informales de aparcamiento disuasorio y los servicios de minirrestaurantes de comida rápida.
Además de estos beneficios sociales, el proyecto BRT ha reducido las emisiones de CO2 en un 13 por ciento y las de gases de efecto invernadero en un 20 por ciento. El tiempo de espera se ha reducido de 45 a 10 minutos, lo que disminuye la exposición de los pasajeros a la contaminación y genera beneficios para la salud al reducir las enfermedades respiratorias.
Con el impulso generado por las negociaciones climáticas de la COP21 en París, es momento de dar aún más visibilidad a proyectos exitosos y rentables como el programa BRT de Lagos. En Dakar, Marrakech, Beirut, pero también en El Cairo y otras grandes ciudades de todo el mundo, el personal del Grupo Banco Mundial tiene por delante una apasionante agenda para replicar las grandes experiencias de Bogotá, Curitiba y Lagos.
La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Nicolas Peltier-Thiberge es responsable de práctica de Transporte para la región de Oriente Medio y Norte de África, así como para África Occidental.
Imagen: Coches atrapados en un atasco. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh.




