7 razones por las que es tan difícil descarbonizar el transporte mundial

A motorway with cars driving on it.
Many developed countries are firmly locked into high-carbon infrastructures and lifestyles.Image: Unsplash/Denys Rodionenko
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  • El transporte es uno de los principales responsables de las emisiones de carbono de países de todo el mundo.

  • Pese a las políticas actuales para intentar reducirlas, se prevé que las emisiones del sector del transporte sigan aumentando un 20% de aquí a 2050.

  • Un profesor de la Universidad de Oxford explica por qué es tan difícil descarbonizar el sector del transporte, entre otros motivos, por el crecimiento demográfico previsto y la dependencia de la industria del petróleo.

El transporte representa el 21% de las emisiones mundiales de carbono. Actualmente, es el sector que más emisiones genera en muchos países desarrollados. Aunque Europa y Norteamérica dominan las emisiones históricas del transporte, gran parte del aumento previsto de las emisiones se producirá en Asia.

Aunque las políticas actuales y las que ya se han comprometido llegaran a dar resultado, las emisiones de carbono del transporte seguirían aumentando casi un 20% de aquí a 2050. Unas políticas muy ambiciosas podrían reducir estas emisiones un 70%… pero no eliminarlas por completo.

De cara al «día del transporte» en la cumbre climática COP26, estas son siete razones por las que es especialmente difícil descarbonizar el transporte mundial.

Se prevé que las emisiones del sector del transporte sigan aumentando un 20% de aquí a 2050.Image: Our World In Data

1. La demanda está estrechamente vinculada al crecimiento demográfico y económico

A medida que crecen las economías y las poblaciones, aumenta la demanda de bienes, al igual que el número de personas con el deseo y los medios para viajar. A escala mundial, se prevé que la actividad total del transporte se más que duplique de aquí a 2050 en comparación con 2015, según la trayectoria que refleja los esfuerzos actuales. Cualquier avance tecnológico en la descarbonización del transporte quedaría más que compensado por el aumento de la demanda de movilidad. Esto ha llevado a muchos a creer que no hay forma de alcanzar los objetivos de descarbonización del Acuerdo de París para 2050 sin reducir la demanda a niveles más sostenibles.

Pero hacerlo es difícil. Se requiere transformar todo el sistema de transporte, lo que incluye abordar con qué frecuencia y a qué distancia viajamos y transportamos mercancías. Algunas de las opciones más prometedoras, como la reasignación del espacio vial y el aumento de los impuestos sobre los combustibles fósiles, han encontrado resistencia.

2. El transporte sigue dependiendo del petróleo en un 95%

La dependencia casi total del petróleo en todas las formas de transporte de pasajeros y mercancías es difícil de cambiar.

Sustituir el petróleo por «combustibles» con bajas emisiones de carbono, como la electricidad, reducirá drásticamente las emisiones de aquí a 2050. Pero incluso en un escenario optimista, en el que los coches eléctricos representaran el 60% de las ventas mundiales de vehículos nuevos al final de la década, las emisiones de CO₂ de los coches solo disminuirían un 14% de aquí a 2030 en comparación con 2018.

3. Nos obsesionan demasiado los coches eléctricos

El programa de la presidencia de la COP26 se centra exclusivamente en la electrificación del transporte por carretera. Sin embargo, las emisiones a lo largo del ciclo de vida de los vehículos eléctricos dependen en gran medida del tipo de electricidad, batería y materiales que se utilicen. A escala mundial, su adopción ha sido lenta, salvo en algunos países pioneros, como Noruega, que ha apostado con todo por la transición, financiada, nada menos, con los ingresos de las exportaciones de combustibles fósiles. Aunque todos los coches nuevos fueran eléctricos desde hoy, aún se necesitarían entre 15 y 20 años para sustituir los coches del mundo que funcionan con combustibles fósiles.

Los coches eléctricos no resuelven los problemas de congestión del tráfico, seguridad ni otros problemas asociados a la dependencia del automóvil. Además, necesitan un suministro eléctrico fiable —algo que no está garantizado en muchas partes del mundo— y no solucionan la desigualdad en el transporte ni la injusticia social dentro de los países y entre ellos, especialmente en el mundo en desarrollo, donde los coches eléctricos bien podrían ser una opción solo para quienes tienen poder y riqueza.

4. El «jet zero» sigue siendo una quimera

Es difícil descarbonizar los viajes aéreos de media y larga distancia porque las tecnologías realistas de «jet zero» son limitadas para trayectos largos. Las baterías de los aviones eléctricos sencillamente no pueden almacenar suficiente energía y, a la vez, ser lo bastante ligeras. Ni los combustibles de aviación sin emisiones de carbono ni los aviones eléctricos de pasajeros están probados, y tampoco pueden ampliarse a la escala necesaria para que las emisiones de la aviación disminuyan rápidamente.

Sin embargo, deberíamos poder reducir el número total de vuelos, por ejemplo, mediante la introducción de tasas para quienes vuelan con frecuencia. Un pequeño número de viajeros frecuentes causa la mayor parte de las emisiones: en 2018, el 1% de la población mundial causó el 50% de las emisiones de la aviación. Cerca del 80% de las personas del mundo nunca ha volado. Nuevas investigaciones muestran que una reducción anual del 2,5% en los vuelos podría limitar significativamente el efecto de calentamiento de la aviación de aquí a 2050. Aunque la mayoría de las personas no se vería afectada, quienes vuelan con frecuencia tendrían que reducir drásticamente ese hábito, algo que podría ser difícil de imponer, ya que es más probable que sean personas ricas y poderosas.

5. Los buques de carga funcionan con diésel y duran décadas

El difícil de descarbonizar sector del transporte marítimo no formó parte del Acuerdo de París y se prevé que represente hasta el 10% de todas las emisiones mundiales de aquí a 2050 si no se toman medidas. Los barcos duran décadas y funcionan, en gran medida, con el tipo de diésel fósil más contaminante. La electrificación no es una opción viable.

Al igual que la aviación, los barcos operan en un mercado mundial, por lo que son difíciles de gobernar y regular. Pero el sector tiene un potencial significativo para reducir las emisiones mediante una combinación de adaptaciones para usar combustibles sin emisiones de carbono, como el amoníaco verde, y la «navegación lenta». Una reducción del 20% en la velocidad de los barcos puede ahorrar alrededor del 24% de las emisiones de CO₂.

6. Un sentimiento colectivo de tener derecho a mantener el statu quo

El sentimiento colectivo de tener derecho a mantener el statu quo y el rechazo a limitar la «elección personal» contribuyen en gran medida a la inacción a la hora de reducir y mejorar los desplazamientos en vehículos motorizados. Muchas personas se resisten a renunciar al coche o a volar, pues sienten que hacerlo vulneraría sus derechos. Los esfuerzos por descarbonizar el transporte se ven obstaculizados por el apego cultural al statu quo contaminante, algo menos presente en otros sectores.

7. Estamos atrapados en malos hábitos

Muchos países desarrollados están firmemente atrapados en infraestructuras y estilos de vida con altas emisiones de carbono. La mayoría de las ciudades modernas se han construido para los coches, no para las personas. Las carreteras, los aparcamientos y las entradas de vehículos que hacen falta durarán décadas.

Para revertir esta situación, es necesario cambiar la forma en que usamos el suelo y transformamos nuestras ciudades, tanto para mitigar el cambio climático como para adaptarnos a sus efectos. Esto requerirá inversión y voluntad política. Una parte importante de los fondos destinados a nuevos programas de construcción de carreteras debería reasignarse para financiar el transporte público de alta calidad sin emisiones y los desplazamientos activos. Esa es la parte fácil. Es más difícil encontrar voluntad política y liderazgo frente a la incertidumbre y la resistencia inicial al cambio.

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