De niño, no me distraía ninguna pantalla. Cuando no estaba fuera jugando, estaba dentro leyendo. Leía todo lo que podía, desde cómics hasta novelas de misterio, y soñaba despierto con cómo podría ser el mundo. Una de mis visiones favoritas surgió de un anuncio en la contraportada de la revista LIFE de un kit de aerodeslizador por 3,95 dólares, que prometía ofrecer a sus usuarios la posibilidad de «flotar en el aire». Tenía pensado construirlo y «volar» hasta la escuela a unos 30 centímetros del suelo y, como el límite de peso era de 200 libras, llevar conmigo a mis hermanos o amigos.
Ese sueño nunca se hizo realidad, pero, unas décadas después, las ideas de transporte que parecían inverosímiles y que inspiraron las historias del pasado de pronto son cualquier cosa menos ficción. Las opciones para el último tramo, los coches autónomos, los túneles de alta velocidad para hiperlóops y los taxis voladores forman de repente parte de nuestra vida real. Si el sector del transporte público sigue avanzando al ritmo actual, nuestra imaginación tendrá que ponerse al día con la realidad, y no al revés.
¿Por qué ahora?
Tenemos que tomar como punto de partida la situación actual de las ciudades. La ONU predice que dos tercios de la población mundial vivirán en ciudades para 2050. Dado los problemas que ya tenemos con el transporte, solo cabe imaginar cómo serán las cosas en un futuro próximo.
Surgen cuatro problemas importantes, todos ellos solucionables si volvemos a imaginar lo que antes se consideraba posible.
Velocidad: Los estadounidenses que se desplazan en hora punta pierden 42 horas al año de media. La congestión está paralizando nuestra productividad.
Acceso: No todo el mundo disfruta de un acceso razonable a opciones de transporte de alta calidad y precio asequible, lo que se traduce en desplazamientos de varias horas y afecta negativamente a todos los aspectos de la vida de las personas.
Economía de tener un coche: Los coches particulares se utilizan aproximadamente el 4 % del tiempo. El coste de mantener, asegurar y conducir un coche —por no hablar de la infraestructura física de los aparcamientos y las entradas para vehículos— hace que la situación económica sea insostenible. Se acerca el momento en que será financieramente irracional tener y conducir un coche propio.
Último tramo: El problema del último tramo ha afectado a muchas ciudades: es fácil llegar a la mayoría de ellas, pero recorrer el último tramo hasta el destino puede ser bastante complicado. Si vives en una zona urbana, probablemente te hayas preguntado más de una vez cómo llegar desde la estación de transporte público más cercana hasta tu destino final.
La llegada del teléfono inteligente durante la última década ha abierto la oportunidad y la capacidad de conectar los puntos entre la tecnología y el transporte físico. Con solo pulsar un botón, un coche puede recogerte y, en un futuro próximo, quizá ni siquiera tenga conductor; en un plazo de 10 años, probablemente tendrá alas.
Se ha creado toda una serie de opciones para resolver estos problemas. Veamos más de cerca algunas de las soluciones que podrían representar el futuro del transporte público.

Opciones para el último tramo: bicicletas y patinetes compartidos
Quizá imaginábamos que el vehículo del futuro sería más sofisticado que dos ruedas y un manillar, pero una de las innovaciones más importantes en el transporte gira en realidad en torno a un invento de hace más de 100 años. Gracias al uso de tecnologías modernas como el GPS, los sistemas de pago móvil y el Bluetooth, el alquiler compartido de bicicletas y patinetes es un fenómeno mundial y una de las tendencias de más rápido crecimiento; además, ayuda a resolver el problema del último tramo.
Viajes compartidos: con conductor y autónomos
Uber tardó cinco años y medio en ofrecer mil millones de viajes, mientras que su competidor chino DiDi solo necesitó 10 meses. Los viajes compartidos ponen patas arriba la economía de tener un coche, al repartir los gastos de capital y de funcionamiento entre un gran número de clientes diarios. Durante los próximos años, los viajes compartidos autónomos estarán más disponibles, lo que reducirá el precio exponencialmente. Los coches de Waymo —antes el proyecto de coches autónomos de Google— recorren 25 000 millas autónomas al día por complejas calles urbanas, y pronto iniciarán en Phoenix pruebas reales con pasajeros.

Hiperlóp
No estamos lejos de un mundo en el que podrías vivir a 200 millas de tu trabajo y llegar en menos de 30 minutos. El impacto que esto tendrá en el lugar que la gente elija para vivir será inmenso. El hiperlóp es un paso revolucionario para el transporte terrestre, y hoy vemos que varias empresas aprovechan esta tecnología: Arrivo, con un proyecto piloto en marcha en Denver; Boring Company, que planea construir un túnel en Chicago; y Virgin Hyperloop One, que cuenta con una pista a escala real en Las Vegas y prevé estar operativa en cinco años.
Transporte aéreo
Crece la sensación de que todo lo que hagamos en tierra no será suficiente: la demanda de pasajeros no es estática. No resolveremos la congestión si no cambiamos radicalmente nuestra forma de abordar el problema. Al construir viviendas en una superficie de terreno limitada, hemos crecido hacia las alturas. Lo mismo ocurrirá con el transporte: tenemos que elevarnos al cielo.
Oportunidades y colaboración
Con tantas tecnologías nuevas en camino, el sector del transporte público, que ya está creciendo, está a punto de expandirse enormemente y sin duda repercutirá no solo en sectores directamente relacionados, como los viajes, las entregas y la defensa, sino también en todos los demás sectores vinculados. Pensemos, por ejemplo, en los litigios: con la aparición de los coches sin conductor, probablemente cambiarán las cuestiones legales y las responsabilidades relacionadas con el tráfico, sobre todo teniendo en cuenta que el 94 % de los accidentes actuales se debe a errores humanos. Se prevé que el sector sanitario pierda 500 000 millones de dólares al año gracias a las funciones de seguridad integradas en los vehículos autónomos. Incluso el sector público tendrá que hacer ajustes importantes, ya que la mayoría de los departamentos de policía de las grandes ciudades dedica el 80 % de sus recursos al control del tráfico.
Dado que estos avances repercuten en distintos sectores, es fundamental que organizaciones de todos los ámbitos y especialidades participen en la configuración de este nuevo mundo. Si queremos aprovechar al máximo estas innovaciones revolucionarias, debemos empezar a debatir entre sectores sobre el futuro del transporte público. Sea cual sea tu lugar en la cadena de valor, tienes que colaborar; y, colectivamente, necesitamos un marco para responder. Aunque hay muchas incógnitas sobre el futuro del transporte, hay algo seguro: nos afectará a todos.



