Las pequeñas agricultoras de Ghana están logrando una vida mejor gracias a una nueva empresa social.
La cofundadora de Sommalife, Mawuse Christina Gyisun, habla con el Foro Económico Mundial sobre cómo la tecnología digital está conectando a los agricultores locales con compradores internacionales.
La agrotecnología como esta requiere un esfuerzo multisectorial si quiere escalarse de forma eficaz, afirma un reciente informe del Foro, Shaping the Deep-Tech Revolution in Agriculture.
Cuando Mawuse Christina Gyisun tenía nueve años y vendía agua en un mercado local de Ghana después de la escuela para ayudar a su familia, le surgió la semilla de una idea.
Las mujeres que vendían productos en ese mercado le dijeron que no obtenían ningún beneficio y que, como Gyisun iba a la escuela, debía «venir a salvarlas». Fue entonces cuando Gyisun «decidió tomarse en serio sus estudios» y emprendió una trayectoria que la llevaría a cofundar la empresa social Sommalife, que utiliza la tecnología digital para garantizar la equidad y la seguridad financieras de las agricultoras de Ghana.
¿Qué hace el Foro Económico Mundial para ayudar a garantizar la seguridad alimentaria mundial?
Ahorrar para un día lluvioso
Hablando con el Foro Económico Mundial, Gyisun explicó que «normalmente, en las zonas del norte de Ghana, solo tenemos una temporada de lluvias. Esta temporada es cuando los agricultores cultivan sus principales cosechas —maíz y soja— y dura cinco meses en un año. Así que el resto de los meses se dedican al comercio. Y si no tienes nada que comerciar, te quedas esperando al próximo día de lluvia. Y si no tienes nada ahorrado, vas a tener problemas».
Ahorrar dinero, sin embargo, no es fácil, en parte porque hay una falta de educación financiera entre los pequeños agricultores y en parte porque las mujeres «no pueden poseer tierras, según las tradiciones», afirma Gyisun. «Normalmente, las niñas ayudan a sus familiares o a sus maridos en sus granjas. Y luego, una vez recogidas las cosechas, van a vender y llevan el dinero de vuelta al hombre».
Pero hay un cultivo sobre el que las agricultoras sí tienen control: el karité. «Van al monte y lo recogen», explica Gyisun. «Es tierra de nadie, como una tierra comunal, y nos interesa mucho el karité porque, una vez que se logra crear valor en la cadena de valor del karité, la mujer puede obtener dinero que es solo suyo para decidir cómo usarlo y gestionarlo para sí misma y para su familia».
El karité, muy demandado
El karité es un producto cada vez más demandado, utilizado en cosméticos, medicamentos y confitería, y el 90 % de las mujeres del norte de Ghana depende de él para sus ingresos. Los árboles de karité también se talan intensamente para obtener carbón vegetal, lo que pone a la especie en riesgo a largo plazo. Es otro motivo por el que la empresa social de Gyisun, Sommalife (que recientemente cambió su nombre a Vitara), intervino para restablecer el equilibrio.
La organización reconoció que las mujeres talaban los árboles de karité para «satisfacer sus necesidades básicas». Educarlas en materia medioambiental y financiera, y conectarlas directamente con compradores internacionales, crearía «un escenario en el que todos ganan» para todas las partes, incluidos los árboles de karité.
«Los mercados internacionales buscan ahora trazabilidad y productos básicos de comercio justo. Así que los principales actores del mercado tienen esta necesidad, y los productores, por otro lado, no están digitalizados; están fragmentados», afirma Gyisun. «Así que decidimos digitalizar las operaciones de las mujeres. Tenemos datos de cada producto que compramos: desde cuánto ganan o sus ingresos por ello, cuántos árboles conservan y todos los detalles sobre el origen de su producto. Y luego los conectamos con estos fabricantes de alimentos y cosméticos».
La agrotecnología en acción
Tecnologías como esta se están desplegando cada vez más en el sector agrícola. Un reciente informe del Foro, Shaping the Deep-Tech Revolution in Agriculture, identifica las ventajas e inconvenientes actuales de la agrotecnología y lo que debe ocurrir para escalarla con éxito. Como muestra el gráfico siguiente, el uso de la IA generativa en la agricultura puede ser problemático para los pequeños agricultores, porque el acceso a datos de calidad no siempre está garantizado. Para cerrar brechas como estas, «el esfuerzo multisectorial es imperativo», afirma el informe, que insta a los responsables políticos, al mundo académico, a los inversores, así como a las grandes empresas tecnológicas y a las startups, a contribuir a crear ecosistemas de deep tech agrícola.
La empresa de Gyisun, premiada de la Fundación Schwab 2025, ha logrado apoyar a 40.000 mujeres para que se conecten con mercados internacionales a través de su plataforma TreeSyt, que utiliza códigos QR para rastrear cada saco de nueces de karité.
Al mismo tiempo, las agricultoras reciben formación en educación financiera, lo que les ayuda tanto a gestionar su dinero como a encontrar otras fuentes de ingresos.
«Ocho de cada diez mujeres con las que trabajamos afirman haber visto una mejora en sus medios de vida», afirma Gyisun. «Nos alegra saber que vamos por el buen camino, que estamos haciendo algo útil».
Las citas han sido ligeramente editadas para mayor claridad.




