Los fenómenos climáticos repentinos han afectado en los últimos años a los principales mercados de materias primas alimentarias, lo que ha llevado a algunos gobiernos a adoptar medidas proteccionistas.
Sin embargo, estas medidas pueden agravar la inseguridad alimentaria, por lo que necesitamos más cooperación, y no menos, para proteger las cadenas de suministro mundiales y a los consumidores.
Los planes de acción climática para las cadenas de suministro podrían crear coaliciones de actores para identificar riesgos climáticos y avanzar en la protección de las redes mundiales.
En un contexto de cambio climático acelerado, las decisiones que tomamos en nuestra vida cotidiana, desde los destinos de vacaciones hasta los estilos de ropa o las preferencias alimentarias, están influidas cada vez más por fenómenos climáticos que ocurren a miles de kilómetros. Pensemos, por ejemplo, en el trigo, un alimento básico presente en su cereal del desayuno, su pan y su cerveza.
Las recientes sequías en Argentina y en el Medio Oeste de EE. UU., junto con la caída de las exportaciones ucranianas de trigo tras la invasión rusa, han provocado notables alzas de precios en el último año.
Las investigaciones muestran que los mercados de materias primas importantes han experimentado períodos de volatilidad extrema más frecuentes y prolongados en los últimos años, a diferencia de las tendencias observadas en el resto de la década.
Ante esta volatilidad sin precedentes, algunos países recurren a medidas proteccionistas para salvaguardar sus propios intereses.
Sin embargo, estas medidas a menudo desencadenan efectos dominó que agravan precisamente el problema que pretenden evitar – aumentando los precios en las cadenas de suministro de materias primas alimentarias, lo que afecta de forma desproporcionada a los consumidores de ingresos bajos y medios, incluidos los pequeños agricultores que son, a su vez, consumidores netos.
Por ejemplo, el Gobierno indio anunció este verano una prohibición de exportación del arroz blanco no basmati, que representa aproximadamente el 15% del comercio mundial de arroz – para atajar las preocupaciones sobre los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos en la producción y garantizar precios más bajos y una mayor disponibilidad en el mercado interno.
Al mismo tiempo, no obstante, los riesgos climáticos, como las fuertes lluvias e inundaciones han amenazado al principal productor mundial de arroz, China, en regiones clave de cultivo, lo que ha contribuido a un aumento del 20% en los precios mundiales del arroz desde la prohibición.
Nuestro planeta afronta varias décadas de cambio climático, independientemente de los esfuerzos actuales de mitigación, lo que plantea nuevos retos para los gobiernos y las cadenas de suministro. Afrontar estos retos exige una mayor cooperación global, en lugar del aislamiento.
Los países y las empresas se enfrentan a una elección crucial: reaccionar a los acontecimientos a medida que se producen o crear de forma proactiva resiliencia para aprovechar las oportunidades emergentes. No se trata solo de una cuestión de márgenes de beneficio, sino que está inseparablemente ligado a la seguridad alimentaria y a la estabilidad geopolítica.
Las subidas del precio del trigo podrían suponer un dólar extra por el pan para mí, como empresario indioamericano que vive ahora en California, pero para mis primos en la India significan recortes en los presupuestos escolares.
Necesitamos medidas audaces para garantizar las cadenas de suministro mundiales para los consumidores, los países y las empresas por igual.
Presentación de los planes de adaptación climática de las cadenas de suministro
Al igual que los planes nacionales de adaptación climática, necesitamos planes de adaptación climática específicos para las cadenas de suministro (S-CAP) que protejan los componentes críticos de la red de los que dependen todos los agentes.
Las intrincadas cadenas de suministro internacionales tienen cientos de puntos de contacto, y todos los participantes comparten los riesgos derivados de los daños en estos nodos, en la producción, las fábricas, las centrales eléctricas y los puertos.
Para empezar, debemos identificar qué cadenas de suministro son más vulnerables a las perturbaciones relacionadas con el cambio climático. Una organización internacional como la Organización Mundial del Comercio (OMC) podría encargarse de realizar una prueba de resistencia exhaustiva de las cadenas de suministro, similar a las pruebas de resistencia que realizan los bancos para identificar vulnerabilidades en las carteras.
La OMC podría después organizar coaliciones, implicando tanto a grandes como a pequeños actores empresariales dentro de las cadenas de suministro, incluidos sus principales países exportadores e importadores.
El primer paso del grupo consiste en una evaluación exhaustiva de riesgos y en la cartografía de las vulnerabilidades de las cadenas de suministro. Esto incluye la identificación de nodos con riesgo climático en distintas escalas temporales, así como de las rutas de transporte críticas, los puntos calientes geopolíticos y las zonas propensas a desastres naturales. Los canales de comunicación abiertos son fundamentales para elaborar un mapa de riesgos completo.
Por ejemplo, debemos tener en cuenta que el riesgo climático de las temperaturas extremas presenta correlaciones inesperadas, con implicaciones para las cadenas de suministro mundiales. Está más diversificado entre las costas oeste y este de EE. UU. que entre la costa oeste de EE. UU. y la costa este de Australia.

Tras identificar los riesgos que afectan a toda la cadena de suministro, los agentes y los expertos pueden reunirse para idear una estrategia, con medidas concretas, para mitigarlos. Esto podría implicar el establecimiento de instalaciones de producción alternativas en regiones menos arriesgadas, la creación de redundancias en el transporte y la inversión en tecnología de detección de riesgos climáticos.
Las coaliciones también deberían elaborar planes de contingencia sobre cómo cambiar rápidamente la producción, redirigir los envíos o recurrir a reservas de emergencia. Deben revisarse y actualizarse periódicamente a partir de las lecciones aprendidas de interrupciones anteriores.
Los gobiernos de las ubicaciones clave pueden prestar apoyo creando entornos regulatorios favorables, invirtiendo en infraestructuras y facilitando la cooperación internacional. También pueden establecer programas de formación de la mano de obra para poner en marcha los planes de acción, generando empleo y conocimiento para garantizar su eficacia.
Qué se necesita para financiar los S-CAP
Como cualquier esfuerzo de esta magnitud, los S-CAP requerirían financiación, idealmente una combinación de contribuciones de las empresas y financiación internacional, como el Fondo Verde para el Clima, de las Naciones Unidas (ONU), que financia proyectos climáticos clave, como el almacenamiento en frío en la India.
Además, los fondos privados podrían proceder de empresas con un historial de altas emisiones, como las compañías de petróleo y gas, que se enfrentan a una presión creciente para compensar sus emisiones históricas de gases de efecto invernadero y los daños que estas han causado en comunidades vulnerables.
Pero, dado que el resultado es una mayor resiliencia climática, que repercute directamente en los ingresos y en los beneficios a largo plazo, los S-CAP resultarían autosostenibles.
La investigación muestra que los rendimientos de las inversiones en adaptación climática oscilan entre 2:1 y 10:1 en beneficios netos. Sin embargo, las iniciativas de adaptación climática reciben solo el 7% de la inversión relacionada con el clima, muy lejos de la estimada de entre 160 000 y 340 000 millones de dólares necesarios para la adaptación de aquí a 2030.
Como ocurre con cualquier iniciativa respaldada por financiación, los agentes implicados deberían seguir siendo responsables de los resultados. Con demasiada frecuencia, la falta de transparencia y de rendición de cuentas rodea a los compromisos climáticos, especialmente en el caso de las empresas individuales.
Un esfuerzo a nivel sectorial ayudaría a garantizar que se avance y que cada coalición pueda informar de sus avances en la COP28, de forma similar a otros acuerdos internacionales. Una vez que las cadenas de suministro clave actúen, otros verán que han desarrollado una ventaja competitiva.
Una iniciativa como esta podría ser una forma eficaz de centrar la atención internacional en la adaptación climática con la COP a las puertas.
Colaboración necesaria para proteger las cadenas de suministro
Este enfoque integral reconoce que ninguna entidad por sí sola puede abordar todas las complejidades e incertidumbres que afectan a las cadenas de suministro. Por el contrario, un esfuerzo eficaz debe implicar a proveedores, fabricantes, distribuidores, proveedores de logística, gobiernos y organizaciones internacionales.
¿Cómo contribuye el Foro Económico Mundial a la construcción de cadenas de suministro resilientes?
El Centro para la Fabricación Avanzada y las Cadenas de Suministro reúne a líderes del mundo empresarial, gubernamental y de la sociedad civil para comprender los cambios que están transformando la fabricación y las cadenas de valor globales. Ofrece un espacio de confianza para explorar la resiliencia, la sostenibilidad y la competitividad en una economía mundial cada vez más compleja.
Al posibilitar la colaboración y la comprensión compartida entre sectores y regiones, el Centro ayuda a los socios a identificar vías prácticas para adaptarse, innovar y fortalecer conjuntamente las cadenas de suministro.
Tras las interrupciones de las cadenas de suministro provocadas por la pandemia de COVID-19, no podemos permitir que el cambio climático provoque la próxima crisis económica mundial. Para garantizar el buen funcionamiento de las industrias críticas, existe una necesidad creciente de un esfuerzo global para proteger y mejorar las cadenas de suministro. Cuanto antes actuemos, más resilientes seremos a largo plazo.
Cuando estalló la crisis de la COVID-19, el mundo se unió para investigar, desarrollar y desplegar más de 13 000 millones de vacunas en dos años. Una emergencia mundial exige una respuesta colectiva a escala mundial, y el cambio climático no es diferente.
Debemos trabajar juntos ahora para proteger las cadenas de suministro y hacerlas más resilientes a los efectos de los fenómenos climáticos extremos.



