El capitalismo de las partes interesadas, en contraposición al capitalismo de los accionistas, sigue ganando relevancia como forma de vincular a las empresas con cuestiones sociales más amplias.
Los críticos han acusado al concepto de utilizarse como una herramienta de marketing cosmético y de que las métricas ESG relacionadas carecen de claridad.
Sin embargo, un capitalismo de las partes interesadas bien definido sienta las bases para conciliar el valor a largo plazo con la responsabilidad corporativa.
El debate entre el capitalismo de las partes interesadas y el capitalismo de los accionistas se ha convertido cada vez más en un tema central de las discusiones sobre el futuro de las empresas. Para entender este debate, es importante aclarar primero los términos. El capitalismo de los accionistas, que dominó el siglo XX, sostiene que el objetivo principal de una empresa es maximizar los beneficios para sus accionistas, es decir, los propietarios de la compañía. Este modelo impulsó el crecimiento económico, pero a menudo pasó por alto los impactos sociales y ambientales más amplios.
El capitalismo de las partes interesadas, en cambio, considera que las empresas forman parte de un tejido social más amplio. Insta a las compañías a tener en cuenta los intereses de todas las partes interesadas (empleados, clientes, proveedores, comunidades y el medioambiente), y no solo los de los accionistas. Este principio fue la base de mi decisión de crear el Foro Económico Mundial en 1971. Como joven profesor de política empresarial, creía que el capitalismo debía evolucionar para servir a los intereses más amplios de la sociedad, al tiempo que generaba valor a largo plazo para las empresas.
Hoy en día, este enfoque es más relevante que nunca. Los ciudadanos ya no ven a las empresas únicamente como entidades económicas. Esperan que las compañías aborden desafíos sociales como la desigualdad, la sostenibilidad ecológica y el bienestar comunitario. No se trata de un cambio ideológico, sino que refleja la realidad pragmática de que las empresas rinden mejor a largo plazo cuando cumplen con estas expectativas. Las compañías que siguen este enfoque atraen al talento más destacado, que busca un propósito en su trabajo, y ganan la confianza de los clientes exigentes, que prefieren las marcas que reflejan sus valores.
Sin embargo, no debemos olvidar que la actividad emprendedora sigue siendo la fuente última de prosperidad. Sin la innovación, la asunción de riesgos y la creación de valor de las empresas, no sería posible elevar el nivel de vida, crear empleo ni impulsar el progreso. El capitalismo de las partes interesadas subraya este papel fundamental del espíritu emprendedor al destacar la vitalidad a largo plazo de la empresa, en lugar de priorizar los beneficios a corto plazo.
Al mismo tiempo, el capitalismo de las partes interesadas se ha enfrentado a críticas, no solo de opositores ideológicos, sino también de empresas que lo han utilizado como herramienta de marketing, haciendo promesas grandilocuentes sobre responsabilidad social y medioambiental sin cumplirlas. Este «lavado verde» ha erosionado la confianza. Para abordarlo, se introdujeron las métricas de Medio Ambiente, Sociedad y Gobernanza (ESG) con el fin de medir el desempeño no financiero con el mismo rigor que los resultados financieros.
Aunque bienintencionados, los marcos ESG han estado a menudo lastrados por una regulación excesiva e influencias ideológicas, lo que los ha vuelto innecesariamente complejos. En lugar de fomentar la claridad, en ocasiones han generado confusión y un cumplimiento superficial. La solución reside en un enfoque equilibrado: se necesitan sistemas de medición claros, fiables y aceptados a nivel mundial, no para sobrecargar a las empresas, sino para proporcionar a la dirección y a los ciudadanos una base sólida para tomar decisiones informadas sobre la responsabilidad corporativa.
El verdadero desafío no es el capitalismo de las partes interesadas en sí, sino el conflicto entre las ganancias a corto plazo y el éxito a largo plazo. Las empresas que priorizan lo segundo reconocen el contexto más amplio en el que operan. El capitalismo de las partes interesadas no abandona el capitalismo, sino que lo transforma y lo convierte en un enfoque más inteligente e inclusivo para la prosperidad.
En definitiva, se requiere un compromiso compartido. Es responsabilidad de las empresas cumplir su papel como organismos sociales, y de los ciudadanos exigirles cuentas. El capitalismo de las partes interesadas es una respuesta realista a los desafíos de nuestro tiempo. La acción emprendedora sigue siendo la base sobre la que podemos construir un futuro mejor y más sostenible para todos.



