3 maneras de ampliar la taxonomía de la UE y acelerar la transición verde

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  • La taxonomía de la UE es un sistema de clasificación adoptado recientemente que establece una lista de actividades económicas ambientalmente sostenibles.

  • El marco regulatorio está diseñado para ayudar a los inversores a tomar decisiones fundamentadas, pero es necesario abordar sus limitaciones.

  • Destacamos tres ámbitos que deben tenerse en cuenta y explicamos cómo un enfoque detallado puede facilitar un futuro sostenible.

La taxonomía de la UE está llamada a cambiar las reglas del juego para la implementación del Pacto Verde en Europa. Diseñada para dirigir la financiación privada hacia actividades verdaderamente sostenibles desde el punto de vista ambiental, la iniciativa también promete ayudar a los inversores a evitar posibles casos de ecoblanqueo y a aclarar las credenciales ambientales de las estrategias de inversión de sus empresas.

Al establecer un sistema de clasificación de las actividades económicas sostenibles, esta iniciativa oportuna ofrece una orientación muy necesaria sobre cómo clasificar los ingresos verdes. También desempeña un papel importante a la hora de canalizar la inversión hacia soluciones sostenibles en Europa y, por tanto, repercutirá en la información corporativa, las estrategias de sostenibilidad, la innovación y el crecimiento.

Crear un marco de este tipo es un paso muy positivo, pero no es una panacea. Es importante que sigamos desarrollando la taxonomía para acelerar la transición hacia un futuro más sostenible en Europa y más allá, y garantizar que no se descuiden las palancas clave necesarias para alcanzar las cero emisiones netas.

El marco regulatorio ya se ha adoptado, pero siguen pendientes tres preguntas fundamentales que deben abordarse:

1. Actualmente faltan sectores clave en la taxonomía

La taxonomía de la UE se centra principalmente en las actividades de quienes generan muchas emisiones o no generan ninguna. Sin embargo, no aborda adecuadamente los sectores económicos intermedios —que emiten niveles moderados de emisiones— y que desempeñan un papel importante en la transición hacia las cero emisiones netas. Además, la taxonomía no contempla el papel de numerosas actividades conexas que serán importantes para facilitar una descarbonización duradera y eficaz.

Como consecuencia, muchas soluciones necesarias para descarbonizar la economía, como las palancas esenciales para acelerar la electrificación, quedan actualmente fuera del ámbito de la taxonomía.

Por ejemplo, aunque el marco actual cubre adecuadamente el suministro de energía, como la electricidad renovable, no tiene en cuenta las tecnologías conexas (como los equipos eléctricos y la automatización industrial). Estas tecnologías son fundamentales para integrar la energía renovable en la red y gestionar el uso que los usuarios finales hacen de la electricidad generada a partir de fuentes renovables. Según la Comisión Europea, dado que para 2050 más del 80 % de la electricidad consumida en Europa procederá de fuentes renovables (frente al 38 % en 2020), es fundamental apoyar este tipo de equipos eléctricos tanto en la red como en el ámbito de los usuarios finales.

Otro ejemplo se encuentra en el campo de la automatización industrial. La tecnología de automatización impulsada por la demanda puede generar enormes ahorros de energía; por ejemplo, en Alemania reduce, en promedio, entre un 10 y un 25 % el consumo energético de las máquinas y las plantas. A pesar de ello, también sigue sin tenerse en cuenta.

Estos son solo dos ejemplos de las numerosas tecnologías que actualmente pasan desapercibidas y que son fundamentales para mejorar la eficiencia energética y lograr la transición hacia una economía sostenible. En adelante, la taxonomía de la UE debe abordar estos ámbitos de manera pragmática.

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2. Actualizar la lista de tecnologías verdes es una tarea continua

La taxonomía tiene mucho por hacer, pero no puede ser el objetivo final. La propia UE reconoce que, en los próximos meses y años, habrá que trabajar más en la clasificación de una larga lista de tecnologías verdes. Esa lista debe ser exhaustiva y mantenerse actualizada. Será un proceso interminable, a medida que avance la innovación y surjan nuevas soluciones, mientras otras tecnologías siguen pasando desapercibidas, como se ha señalado anteriormente.

Inevitablemente, este enfoque tendrá lagunas. Debemos tratar de corregirlas y, además de definir las reglas, también tenemos que desarrollar el marco actual para dar más capacidad de acción a todos.

Es fundamental encontrar un mejor equilibrio entre un sistema de clasificación descendente, como el actual, y un enfoque más basado en principios, que dé al mercado más margen para determinar qué es verde y qué no.

Este enfoque permitiría que la taxonomía incluyera mejor las industrias y actividades esenciales para la transición hacia una economía descarbonizada, que necesitarán financiación e inversiones considerables en los próximos años.

Iniciativas como la Plataforma Internacional sobre Finanzas Sostenibles (IPSF), creada por la Comisión Europea, son fundamentales para promover un diálogo continuo entre los reguladores, el sector privado y la sociedad civil. Ese diálogo es importante para garantizar que sigan desarrollándose taxonomías normalizadas adecuadas, basadas en categorías de soluciones que los actos delegados actuales no cubren suficientemente.

3. Necesitamos crear una taxonomía compatible a escala mundial

Creemos en el poder de la taxonomía, no solo para la UE, sino también para ayudar a otros a descarbonizarse. Sin embargo, no se trata únicamente de dar ejemplo y establecer los requisitos más estrictos. También se trata de sencillez, adecuación, pragmatismo y compatibilidad mundial.

Una de las principales fortalezas de las inversiones y las empresas europeas es que a menudo operan fuera de las fronteras de la UE. A la inversa, los inversores de mercados extranjeros también deben poder acceder a los mercados de capitales de la UE. Para que la descarbonización de la economía tenga un sólido fundamento empresarial, es necesario facilitar que las empresas europeas cumplan sus compromisos y crezcan de manera sostenible.

Dado que otros mercados —como China, el Reino Unido y Estados Unidos— están desarrollando sus propios sistemas de taxonomía, los reguladores deben asegurarse de que la taxonomía de la UE esté alineada con las de otras jurisdicciones. Deberían colaborar con redes como la IPSF para garantizar que esos marcos funcionen bien en conjunto.

Las empresas y los inversores aspiran a contar con una única taxonomía. Una taxonomía aplicable solo a las actividades europeas tendrá un valor limitado tanto para las empresas internacionales como para los inversores de todo el mundo.

En definitiva, la taxonomía de la UE puede convertirse en un referente y un poderoso motor de sostenibilidad si se abordan sus limitaciones. Debe ampliarse para abarcar todas las soluciones necesarias para descarbonizar, marcar el camino y no limitarse a lo evidente.

El diablo está en los detalles, y de ellos depende nuestro futuro sostenible.

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