El impulso en torno a los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) evoluciona rápidamente, a medida que los marcos ESG siguen ganando influencia e impacto.
Sin embargo, cada vez se reconoce más que la revolución ESG debe tener más en cuenta la gobernanza sostenible —la G de ESG— y, en particular, la integridad corporativa.
La gobernanza corporativa basada en los principios de transparencia, rendición de cuentas e integridad debe entenderse como un requisito previo para alcanzar todo el espectro de objetivos ESG.
¿Cómo debemos definir y evaluar la G de ESG? ¿Qué lugar ocupa la lucha contra la corrupción en los marcos ESG emergentes? Y ¿puede considerarse “sostenible” una empresa o un fondo de inversión si la integridad corporativa queda al margen de los criterios de certificación y las prioridades de presentación de informes?
Responder a estas preguntas es cada vez más urgente. El impulso en torno a los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) se está consolidando rápidamente en influyentes marcos de calificación corporativa, criterios de inversión y leyes vinculantes, pese a la relativa falta de atención a la G de ESG. Al mismo tiempo, la guerra en Ucrania y la respuesta de empresas e inversores han añadido peso al significado y las implicaciones de la inversión ESG, y han puesto en primer plano el propósito, los valores y la integridad corporativos. A medida que crece el impacto de los marcos y las normas ESG, debemos dar prioridad a la gobernanza sostenible y la integridad corporativa en la agenda ESG.
El creciente interés por ESG
Los inversores, los consejos de administración, los altos directivos y los líderes gubernamentales centran su atención en los factores ESG como medio para construir un futuro sostenible. Aunque ESG irrumpió en la escena mundial a principios de la década de 2000, el interés por movilizar normas de desempeño corporativo no financiero ha aumentado en los últimos años, en medio de la crisis climática y la pandemia de COVID-19. Muchos consideran que ESG es esencial para lograr una transición energética justa y mitigar las desigualdades sociales que la COVID-19 puso de manifiesto y agravó.
Como resultado, ESG se ha convertido en una estrategia de inversión generalizada y en una prioridad para los principales actores corporativos de todo el mundo. Por ejemplo, en 2020, el Consejo Empresarial Internacional del Foro Económico Mundial desarrolló un conjunto de métricas del capitalismo de las partes interesadas basadas en ESG para la creación de valor sostenible.
Mientras tanto, importantes organismos gubernamentales y entidades de supervisión han puesto en marcha ambiciosos programas legislativos y de establecimiento de normas que situarían los riesgos ESG en el centro de la regulación de los servicios financieros y de los requisitos de divulgación corporativa. Entre las iniciativas más destacadas figuran el Reglamento de la UE sobre divulgación de información relativa a las finanzas sostenibles y otras propuestas relacionadas con ESG en la UE, las propuestas que está considerando la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, y las normas de divulgación previstas de la Junta de Normas Internacionales de Sostenibilidad.
Además, el nuevo concepto de «doble materialidad» amplía las obligaciones de divulgación corporativa más allá del desempeño financiero de la propia empresa para incluir los factores ESG que afectan a las economías, las personas y el planeta.
La G que falta en ESG
Sin embargo, cada vez se reconoce más que la revolución ESG debe tener más en cuenta la gobernanza sostenible —la G de ESG— y, en particular, la integridad corporativa.
La ola ESG ha crecido junto con el impulso mundial para combatir el cambio climático. Aunque los riesgos para los derechos humanos relacionados con las empresas han captado recientemente la atención de los reguladores y las organizaciones internacionales, es necesario impulsar de manera comparable la atención a los riesgos de gobernanza.
«Una integridad corporativa sólida es absolutamente clave para hacer realidad los derechos humanos y la sostenibilidad ambiental», explicó Anita Ramasastry, profesora de Derecho Henry M. Jackson de la Universidad de Washington y miembro del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos.
Además de constituir un tercio de la ecuación ESG, la gobernanza sostenible debe entenderse como un requisito previo para alcanzar todo el espectro de objetivos ESG. Detrás de cada incumplimiento de los compromisos ambientales o sociales de una empresa hay una gobernanza corporativa ineficaz, ya sea por prácticas inadecuadas contra la corrupción, estructuras de incentivos perversas, actividades de presión contradictorias, supervisión ineficaz del consejo o un liderazgo sin la preparación necesaria. En suma, los factores de gobernanza sostenible deben estar en el centro de la agenda ESG.
La gobernanza sostenible ocupa un lugar central en Davos
En la conferencia anual del Foro Económico Mundial celebrada en Davos en mayo, la Iniciativa para Asociarse contra la Corrupción (PACI) dio mayor visibilidad a la G de ESG mediante una sesión pública sobre la importancia de invertir responsablemente en una gobernanza corporativa sostenible. El debate del panel exploró por qué y cómo los inversores deberían situar la integridad corporativa más allá del cumplimiento normativo en sus propias prácticas y en las empresas en las que invierten.
Desde el propósito corporativo, los valores y la participación eficaz de las partes interesadas hasta la lucha contra la corrupción, la transparencia y la rendición de cuentas, la gobernanza sostenible es fundamental para generar confianza y mantener la licencia social para operar. El activismo accionarial basado en ESG también se ha acelerado en los últimos años, lo que demuestra un claro deseo de alinear mejor las prácticas de inversión con objetivos y valores sociales más amplios. Mediante una comunicación abierta, procesos de seguimiento bien concebidos, métricas y análisis rigurosos, y una atención cada vez mayor a la G de ESG, inversores y empresas pueden trabajar juntos para crear valor sostenible para las empresas, las partes interesadas y el planeta.
En particular, los panelistas destacaron la gestión responsable centrada en la integridad como un mecanismo poderoso, aunque a menudo infravalorado, para promover empresas sostenibles. Aunque la desinversión capta la atención pública y, en ocasiones, es la única opción adecuada, la propiedad activa, la participación y la observación permiten a los inversores comprometidos con ESG ejercer su influencia para contribuir a un futuro mejor.
«La desinversión debería considerarse una especie de último recurso, una medida que podría evitarse si se hubiera abordado debidamente la G de ESG», sostuvo Nicola Bonucci, socio de Paul Hastings en París.
Invertir en integridad en un mundo cada vez más complejo
Para dar aún más realce a la G de ESG, el Consejo del Futuro Global sobre Transparencia y Lucha contra la Corrupción publicó recientemente un documento comunitario titulado Invertir en integridad en un mundo cada vez más complejo: el papel de la lucha contra la corrupción en medio de la revolución ESG. El documento sostiene que los riesgos de corrupción deben situarse en el centro de los procesos de toma de decisiones de los inversores y de las calificaciones corporativas, con especial atención a la creciente relevancia de ESG.
Para invertir en integridad, los inversores y las organizaciones que establecen normas deben integrar con mayor eficacia las preocupaciones de gobernanza y los riesgos de corrupción en los marcos de inversión ESG. También deben superar los obstáculos existentes, entre ellos la incoherencia en la terminología, los enfoques y las recomendaciones de presentación de informes, así como el excesivo énfasis ambiental de ESG frente a otros riesgos y oportunidades materiales.
La integridad corporativa debe ser un elemento central de todos los aspectos de la agenda ESG. Aunque se puede medir directamente dentro de la G, es fundamental para hacer realidad tanto la E como la S. También es esencial para la aplicación ética de las normas ESG y para la presentación transparente y precisa de métricas ESG.
3 recomendaciones para integrar la integridad corporativa en los procesos de toma de decisiones de inversión

Para incorporar de forma más adecuada los riesgos de corrupción a los procesos y marcos de toma de decisiones de los inversores, el Consejo del Futuro Global formula las siguientes recomendaciones:
1. Los inversores deben integrar sistemáticamente la integridad en sus propios compromisos, procesos, políticas e incentivos. Esto incluye las prácticas internas y las iniciativas de cara al exterior, como la participación en las empresas y la gestión responsable de las inversiones.
2. Los riesgos de corrupción deben integrarse en los marcos de presentación de informes y calificación de forma coherente, exhaustiva y estandarizada. Esto debería incluir un conjunto básico y común de indicadores para promover la comparabilidad entre sectores y marcos, y reflejar que algunos riesgos —en particular, los de corrupción— son pertinentes en todos los ámbitos.
3. Los inversores deben impulsar nuevas acciones colectivas para generalizar la incorporación de los riesgos de corrupción a los procesos de toma de decisiones de inversión, aprovechando las iniciativas existentes en la industria, los sectores y los distintos lugares. Estas alianzas pueden crear plataformas para el diálogo y la coordinación en la industria, así como mecanismos para incorporar nuevas voces —incluidos consumidores y comunidades afectadas— con miras a un cambio sistémico.
Dar prioridad a una gobernanza corporativa centrada en la integridad
Una gobernanza corporativa centrada en la integridad es clave para garantizar que el entusiasmo por ESG se traduzca en acciones concretas y en el futuro sostenible e inclusivo al que aspiramos.
Aunque ESG es ya un concepto ampliamente reconocido, su definición y, más aún, su impacto todavía están por determinarse. Mientras los principales reguladores y organismos que establecen normas emprenden el proceso de publicar e imponer marcos ESG y requisitos básicos, es esencial que la integridad corporativa esté en el centro de estas iniciativas.



