Es hora de redefinir el propósito de las empresas. Aquí tienes una hoja de ruta

Money isn't everything - at least, not any more
Money isn't everything - at least, not any moreImage: NeONBRAND on Unsplash.com
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  • El enfoque tradicional en el valor para el accionista no es ni justo ni correcto

  • El propósito corporativo debe centrarse en generar soluciones, no solo beneficios

  • Este nuevo informe propone un programa de reforma radical

El año pasado, la Business Roundtable de EE. UU. intentó definir un nuevo propósito para las empresas y no fue la única en hacerlo. En noviembre de 2019, el Institute of Directors (IoD) del Reino Unido lanzó un Manifiesto sobre gobierno corporativo que pedía la adopción de cláusulas de propósito empresarial, una corporación de servicio público, un código de conducta empresarial, formación obligatoria para los consejeros y una comisión de gobierno corporativo.

El propósito corporativo se está convirtiendo rápidamente en un fenómeno mundial, aunque nadie lo entiende realmente. La idea de Milton Friedman de que el propósito de una empresa es «simplemente ganar dinero» está perdiendo credibilidad, pero ninguna alternativa concisa la ha sustituido.

Así pues, permítanme ser claro sobre lo que debe ser el propósito corporativo: «producir soluciones rentables a los problemas de las personas y del planeta, y no lucrarse produciendo problemas para las personas o el planeta». Se trata de producir soluciones, hacerlo de forma rentable y no solo filantrópica, y medir beneficios justos, no falsos.

¿Por qué existe una demanda de claridad en torno al propósito? Porque confiar en la competencia o en la regulación para hacer cumplir las reglas del juego es sencillamente insuficiente. La competencia es excelente allí donde funciona, pero con demasiada frecuencia fracasa. La regulación y la política de competencia no están cumpliendo las expectativas públicas ni se están adaptando a empresas globales, tecnológicamente avanzadas y de rápida evolución. La posibilidad de que la combinación de la IA y la ingeniería genética quede en manos de corporaciones impulsadas exclusivamente por el beneficio es motivo de una preocupación pública justificada que exige una respuesta normativa.

Lo que se necesita es una comprensión clara y abarcadora del propósito, de la que se derivará todo lo demás. Un informe publicado el año pasado por la British Academy, la academia nacional de humanidades y ciencias sociales, titulado Principios para un negocio con propósito, es la culminación del mayor programa de investigación realizado sobre el futuro de la corporación. Reunió a académicos de todas las humanidades y ciencias sociales y los puso en diálogo con líderes empresariales, responsables políticos, sociedad civil y expertos para identificar las razones del cambio, por qué ahora, qué debe ser y cómo debe lograrse.

Lo que ha surgido es el programa de reforma más claro y completo presentado hasta la fecha. Ya no se trata de si hay que cambiar y por qué, sino de qué y cómo hacerlo. En el centro de todo ello se encuentra una noción clara de propósito que no es puramente descriptiva de lo que hace una empresa, como fabricar lavadoras o coches, ni puramente aspiracional, como pretender salvar el mundo. Se trata de descripciones precisas de qué problemas resuelven las empresas, para quién, cómo, cuándo y por qué están mejor posicionadas para hacerlo.

Si la declaración de propósito de una corporación es creíble, es decir, si demuestra un compromiso real e irreversible con obtener beneficios resolviendo problemas, genera confianza y autenticidad, así como lealtad en clientes, empleados, proveedores y comunidades. Las empresas que cumplen sus propósitos podrían percibirse como fiables; hoy, con demasiada frecuencia, se las considera lo contrario.

Fundamentales para establecer esta credibilidad son las culturas y los valores que crean una identidad compartida en torno a un propósito común y orientado al futuro. Pero hay más que eso. Es necesario alinear las políticas y las prácticas, así como la moral y la filosofía.

Casi tres cuartas partes de las empresas incluyen ahora los ODS en su informe corporativo anual o de sostenibilidadImage: World Business Council for Sustainable Development, British Academy

El programa de la British Academy establece ocho principios para la reforma de las empresas en torno a: derecho, regulación, propiedad, gobierno corporativo, medición, desempeño, financiación e inversión. En la actualidad, todos ellos se centran en los intereses de los accionistas. Al situar el propósito corporativo en lugar de esos intereses, las empresas actuarán: se comprometerán con sus propósitos por ley; adoptarán licencias sociales cuando sea oportuno para cumplirlos; buscarán accionistas que les den su apoyo; aplicarán un gobierno corporativo inclusivo para supervisarlos con responsabilidad; medirán su desempeño en función de ellos; definirán los beneficios en relación con ellos; captarán capital de riesgo para financiarlos; y establecerán alianzas para invertir en ellos.

Estamos acostumbrados a que las empresas se centren en un solo grupo de interés de la sociedad: los accionistas. Eso sencillamente no puede ser correcto, justo ni eficiente. En cambio, las empresas deberían estructurarse en torno a la pregunta de por qué existen, qué están para hacer y en qué aspiran a convertirse, es decir, su propósito, y todo lo demás debería derivarse de ello, incluidas las prácticas empresariales, las políticas y la educación. Por este motivo, la aplicación de estos principios será transformadora.

Esta es la nueva dirección que toman las empresas. Novo Nordisk pertenece a una fundación, una estructura de propiedad que garantiza la supervisión de su propósito claramente definido: impulsar el cambio para vencer la diabetes y otras enfermedades crónicas graves. Anglian Water, una empresa de aguas del Reino Unido, ha modificado su estatus jurídico en sus Estatutos de Asociación para establecer su propósito en beneficio de los accionistas, las partes interesadas, el medioambiente y la comunidad en general.

El modelo empresarial habitual ya no es adecuado para los desafíos del siglo XXI. Las empresas con propósito y fiables desempeñarán un papel clave en la ejecución de programas ambiciosos de descarbonización, la creación de empleo significativo y gratificante, el desarrollo de nuevas tecnologías que resuelvan problemas arraigados, la mejora de la salud y el bienestar, y el logro de un crecimiento inclusivo.

Las políticas, las prácticas y la enseñanza deben cambiar para que los negocios con propósito se conviertan en la norma. El año pasado se hicieron declaraciones firmes de buena voluntad por parte de líderes empresariales e inversores. Este año debería marcar el inicio de su rápida materialización.

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