El planeta afronta uno de sus retos más importantes: alcanzar las emisiones netas cero para 2050.
Las empresas emergentes y los inversores de capital riesgo están adaptando sus misiones para orientarlas a generar un impacto positivo en el planeta.
En lugar de centrarnos en crear ecosistemas emprendedores locales, debemos colaborar a escala mundial y unir esfuerzos para aportar no solo capital, sino también mentores, políticas e iniciativas que conecten a inversores y emprendedores.
El reto Innovative Funds for the Future de UpLink se dirige a los inversores de capital riesgo para ayudar a ampliar estas soluciones, que dejarán atrás la fase exploratoria y pasarán a la fase de crecimiento.
El mundo afronta uno de sus retos más importantes: alcanzar las emisiones netas cero para 2050. Cada año añadimos una cantidad increíble: 51.000 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero. Vemos un enorme apoyo y un gran impulso para resolver el cambio climático.
Grandes empresas y gobiernos anuncian compromisos climáticos a diario y se comprometen a hacer todo lo posible para acelerar nuestro avance hacia las emisiones netas cero. Microsoft, por ejemplo, se ha comprometido a tener un balance de carbono negativo para 2030, y en Siemens Energy nos hemos comprometido a lograr la neutralidad climática en nuestras propias operaciones en ese mismo plazo. Los gobiernos también marcan el camino: Japón ha anunciado que aspira a alcanzar las emisiones netas cero para 2050.
La COP26 fue sumamente emocionante y estuvo llena de anuncios ambiciosos sobre todo el espectro de la tecnología climática, desde mejores prácticas agrícolas hasta energía limpia. Sin embargo, el Informe sobre la brecha de emisiones 2021 de la ONU afirma claramente que los compromisos de países y empresas nos sitúan en una trayectoria hacia un aumento de la temperatura mundial de 2,7 °C para finales de este siglo, a 1,2 °C de nuestro objetivo.
Y aunque ningún actor por sí solo puede cerrar esa brecha, la innovación puede desempeñar un papel de enorme importancia.
Oímos constantemente hablar de más capital y de nuevos fondos de capital riesgo en el ámbito de la tecnología climática. Vemos nuevos fondos de capital riesgo, como Lowercarbon Capital, de Chris Sacca, y Ycombinator, la aceleradora más prestigiosa del mundo, que invierten en empresas emergentes en fase inicial centradas en cuestiones como la contabilidad del carbono y su captura. Mientras tanto, grandes empresas energéticas están creando nuevos equipos de inversión en empresas emergentes, entre ellas la nuestra, Siemens Energy Ventures con nuestro singular modelo 3V. También están surgiendo fondos conjuntos de capital riesgo, entre ellos Decarbonization Partners, el fondo de 600 millones de dólares estadounidenses de Blackrock y Temasek.
Centrarnos en el creciente número de fondos de capital riesgo o en el capital total recaudado para apoyar a empresas emergentes climáticas nos ayudará a construir parte de la infraestructura y los recursos necesarios para acelerar el camino hacia la neutralidad climática. Los fundadores y las empresas emergentes que desarrollan soluciones climáticas necesitan capital, por supuesto, pero también necesitan alianzas, excelentes mentores, marcos de trabajo, programas y comunidades. En resumen, necesitan todo un ecosistema que les brinde apoyo.
Pasar de los ecosistemas locales a los globales
Cuando hablamos de crear ecosistemas emprendedores, normalmente nos referimos a ecosistemas geográficos. Silicon Valley ha creado uno de los mejores ecosistemas de empresas emergentes y emprendedores, al igual que Israel, reconocido hoy como la «nación de las empresas emergentes», como lo describen los autores Dan Senor y Saul Singer. Ambos ecosistemas contribuyeron a crear una estructura completa que ayuda a los fundadores a hacer crecer y ampliar nuevos negocios, y a formar emprendedores en serie.
Sin embargo, la nueva realidad de la pandemia de COVID-19, junto con el aumento de los precios de la vivienda en importantes ecosistemas tecnológicos como San Francisco, Tel Aviv y Londres, ha cambiado los lugares que los fundadores eligen para crear sus nuevas empresas. También ha cambiado la forma en que los inversores de capital riesgo invierten su dinero y buscan oportunidades. Muchos fondos de inversión en empresas emergentes ampliaron sus inversiones a escala mundial tras operar localmente durante muchos años. Algunos fundadores tienen ahora una política de no volar: se niegan a tomar un avión para reunirse con inversores en otro país y prefieren hacerlo en línea.
Antes, los fondos de capital riesgo solo apoyaban a empresas emergentes centradas en el clima en el área de la bahía de San Francisco; ahora buscan oportunidades en todo el mundo. Los fondos de capital riesgo de Silicon Valley apuntan a empresas europeas y unen fuerzas con fondos de capital riesgo de la UE. Este cambio desplaza la necesidad de construir ecosistemas locales hacia el crecimiento de ecosistemas globales.
Por qué debemos centrarnos en ecosistemas orientados a un propósito
Marcos como los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU han sido adoptados por muchas grandes empresas, naciones y organizaciones sin ánimo de lucro. También han creado una urgencia para que los inversores busquen inversiones que contribuyan a los criterios ESG y a los Objetivos Mundiales. Las empresas emergentes y los fondos de capital riesgo también están adoptando esos marcos. Ahora vemos empresas emergentes que han adoptado los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU como estrella guía de su visión, mientras que los fondos de capital riesgo también buscan evaluar a las empresas emergentes según sus métricas y criterios ESG.
Pero este cambio de mentalidad hacia la inversión y la creación de empresas con propósito no es sencillo. Muchos inversores siguen considerando la inversión de impacto una actividad sin ánimo de lucro y optan por separar las inversiones financieras de alto crecimiento de las inversiones orientadas a un propósito.
Para cambiar esta situación, debemos crear ecosistemas emprendedores orientados a un propósito que aporten no solo capital, sino también mentores, políticas e iniciativas para conectar a inversores y emprendedores, de modo que compartan conocimientos y experiencias y, sobre todo, generen una mentalidad distinta dentro del ecosistema.
Una de las iniciativas que contribuye a ello es el Reto de fondos innovadores para nuestro futuro, lanzado por UpLink, la plataforma de innovación abierta del Foro Económico Mundial. Reúne a fondos de capital riesgo interesados en invertir en empresas emergentes con propósito que aceleran el avance hacia los ODS. La plataforma permite que fondos de capital riesgo con ideas afines conecten con una comunidad dinámica de emprendedores globales y de gran impacto que trabajan en ámbitos como la conservación y restauración de la naturaleza, la mejora de la salud de los océanos, la acción climática, la economía circular, el agua, la salud y la educación.
Estas iniciativas podrían contribuir a crear ecosistemas emprendedores globales impulsados por una misión en distintas partes del mundo y, al igual que los ODS, permitir que las empresas emergentes marquen el camino hacia un mundo neutro en carbono.

Adoptar una perspectiva a largo plazo
Cuando hablamos de inversiones de capital riesgo, normalmente pensamos en un plazo de 7 a 10 años, hasta que el fondo debe devolver el capital a los socios comanditarios que invirtieron.
Crear ecosistemas emprendedores lleva tiempo: requiere paciencia y resiliencia, sobre todo al construir un ecosistema global y orientado a un propósito. Debemos adoptar una perspectiva a largo plazo.
Cuando nos centramos en ecosistemas orientados a un propósito, otro aspecto en el que importa adoptar una perspectiva a largo plazo es la forma de medir el éxito. En el ámbito climático, por ejemplo, algunas de las empresas creadas necesitarán entre 10 y 15 años para comercializar sus soluciones, ya sea que trabajen en la eliminación de carbono o en el hidrógeno, por mencionar solo dos ejemplos. El impacto global del ecosistema podría hacerse patente dentro de 20 a 30 años, cuando averigüemos si hemos alcanzado el objetivo de 1,5 °C.
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