El futuro de la innovación es colectivo, pero solo si replanteamos cómo trabajamos juntos

Shiksha Chaupal: Collective social innovation is when communities, governments, markets and funders work together for a shared purpose.
Collective social innovation is when communities, governments, markets and funders work together for a shared purpose.Image: Shikshagraha
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  • La innovación social colectiva se produce cuando las comunidades, los gobiernos, los mercados y los financiadores trabajan codo con codo con un propósito común.

  • El cambio sistémico exige que los financiadores inviertan en infraestructuras a largo plazo, como las relaciones, la confianza y las plataformas compartidas, en lugar de hacerlo en proyectos aislados y de corto plazo.

  • Los financiadores deben valorar la contribución por encima de la atribución, construir la confianza como un activo fundamental y actuar como articuladores que facilitan la colaboración entre comunidades, mercados y gobiernos.

La mayor fortaleza de la humanidad siempre ha sido la colaboración. Los enfoques colectivos, como forma de colaboración estratégica, son un ámbito clave de innovación junto con las tecnologías y la financiación para afrontar los complejos desafíos del siglo XXI.

Nuestros desafíos más apremiantes —la alteración del clima, la desigualdad educativa y la fractura de la confianza en las instituciones— aún suelen abordarse mediante iniciativas fragmentadas, financiación compartimentada y proyectos de corto plazo.

Estos desafíos sistémicos exigen una respuesta equivalente: una que fortalezca los vínculos entre sectores, aborde las causas fundamentales y desarrolle la capacidad colectiva de las comunidades, los mercados y los gobiernos para coordinarse y actuar juntos.

La filantropía suele medir el éxito en función de la atribución y el reconocimiento. Sin embargo, la acción colectiva prospera cuando diversos actores se unen para contribuir a un objetivo común.

Un mandato renovado para los financiadores

La filantropía suele hablar el lenguaje del cambio sistémico. Sin embargo, gran parte de las prácticas de financiación sigue pareciéndose a la financiación de proyectos: iniciativas compartimentadas, resultados a corto plazo y un énfasis constante en la atribución.

¿Y si los mismos modelos en los que confiamos para financiar el cambio lo estuvieran limitando discretamente?

En Tender puentes: replantear la colaboración en medio de las crisis mundiales, señalamos que los innovadores sociales colectivos están abriendo camino con nuevas formas de trabajar juntos y nuevas soluciones.

Pero ¿qué significa eso para la filantropía? ¿Cómo deben replantearse los financiadores no solo qué financian, sino también cómo facilitan que prospere la innovación social colectiva para impulsar el cambio sistémico?

La innovación social colectiva se produce cuando las comunidades, los gobiernos, los mercados y los financiadores rechazan los compartimentos estancos y trabajan codo con codo para alcanzar un propósito común.

Financiar redes y plataformas, no solo proyectos

Las pruebas indican que la mayor parte de la filantropía, casi un 80–85 %, sigue estando restringida a programas. Solo alrededor del 16–19 % de las subvenciones se concede como apoyo sin restricciones o de carácter general. La mayor parte de la filantropía sigue financiando proyectos con resultados y plazos claramente definidos.

Sin embargo, el cambio sistémico depende de redes, relaciones y plataformas compartidas: la infraestructura invisible que permite que la acción colectiva perdure.

El informe El futuro es colectivo, elaborado por la Fundación Schwab en colaboración con su comunidad de innovadores sociales colectivos y el Foro Económico Mundial, presenta estudios de casos en los que los financiadores facilitaron plataformas y redes como MapBiomas y Shikshagraha, que reunieron a actores de distintos sectores, desde coaliciones climáticas mundiales hasta movimientos educativos de base.

Por ejemplo, en el estado indio de Punyab, el Colectivo por la Educación de Punyab reunió a cuatro organizaciones de la sociedad civil y a instituciones gubernamentales para transformar el desempeño del sistema de educación pública. Mediante iniciativas como programas de liderazgo, reuniones de padres y docentes y colectivos de docentes, ayudó al estado a pasar del puesto 13 al 1 en la clasificación nacional de escuelas de la India en dos años, posición que ha mantenido durante cinco años.

Invertir en este tipo de proyectos significa construir el tejido conectivo que perdura más allá de cualquier iniciativa individual.

Davos AM23 - El poder de lo colectivo - Premios a la innovación social 2023 - Inglés
Davos AM23 - El poder de lo colectivo - Premios a la innovación social 2023 - Inglés
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Aportar capital de riesgo

El cambio sistémico es incierto y no lineal. Requiere ensayo, error y margen para adaptarse. La financiación tradicional suele penalizar el riesgo: exige pruebas de impacto demasiado pronto y desalienta la experimentación.

En cambio, la acción colectiva necesita capital de riesgo: recursos pacientes y flexibles que den a las redes margen para poner a prueba ideas audaces, aprender sobre la marcha y desarrollar soluciones que aborden las causas fundamentales.

ProjectTogether pudo codificar un nuevo modelo operativo para movilizar alianzas intersectoriales gracias al «capital de riesgo».

El capital de riesgo no es caridad sin rigor: es una inversión estratégica en resiliencia a largo plazo. Si se guían por las pruebas sin quedar atados a ellas, los financiadores pueden dejar que los nuevos conocimientos orienten el camino, sin ahogar la innovación con certezas prematuras.

Las investigaciones indican que abordar las causas fundamentales genera beneficios sociales a largo plazo que superan ampliamente los resultados incrementales de proyectos individuales. Por ejemplo, un estudio de Bridgespan constató que los enfoques sistémicos pueden generar un impacto de una magnitud y una durabilidad que no se logran con intervenciones aisladas.

Construir capital de confianza

La confianza no es un subproducto de la colaboración, sino su fundamento. Así como el capital financiero impulsa los mercados, el capital de confianza impulsa la acción colectiva. Construir capital de confianza implica destinar recursos a la gobernanza participativa, los sistemas de datos abiertos y el tiempo necesario para crear relaciones.

Esto puede parecer un «gasto administrativo» y quizá no siempre produzca resultados cuantificables inmediatos, pero constituye la infraestructura misma del cambio sistémico. También en este caso, la filantropía debe guiarse por señales de relaciones fortalecidas y legitimidad, aunque no encajen fácilmente en las métricas convencionales.

Cuando los financiadores invierten en la capacidad colectiva en lugar de hacerlo en proyectos aislados, los resultados no son incrementales, sino transformadores.

Pasar de la atribución a la contribución

La filantropía suele medir el éxito en función de la atribución y el reconocimiento. Sin embargo, la acción colectiva prospera cuando diversos actores se unen para contribuir a un objetivo común. Esto exige un cambio de mentalidad: pasar de controlar los resultados a facilitar ecosistemas; de preguntar «¿qué financiamos?» a preguntar «¿qué hicimos posible?».

Para los financiadores, esto implica replantear las métricas para valorar la contribución a los resultados a nivel sistémico por encima de la atribución, promover el reconocimiento compartido en las comunicaciones, apoyar a las organizaciones vertebradoras que facilitan la colaboración y recompensar a los beneficiarios de subvenciones por asociarse y crear conjuntamente, en vez de competir.

El trabajo de Strive Together para acompañar a las personas desde la primera infancia hasta su incorporación al mundo laboral, con más de 7.000 organizaciones es un gran ejemplo de cómo se hace posible un cambio integral para un niño —desde estar preparado para el jardín de infancia hasta conseguir un empleo— cuando el ecosistema de financiación convierte la contribución en norma.

Redefinir el liderazgo como articulación

El cambio sistémico no surge del control jerárquico. Surge de líderes que tejen vínculos, acogen y reúnen a las personas, creando las condiciones para que otras actúen. Los filántropos pueden desempeñar este papel de articulación: no desde el centro, sino como facilitadores de la innovación social colectiva.

Este liderazgo redefinido exige humildad, paciencia y voluntad de compartir el poder. En Sudáfrica, por ejemplo, el DG Murray Trust ha desempeñado un papel crucial al articular plataformas que permiten a diversos actores coordinarse en torno al desarrollo infantil, sin atribuirse el control central.

Iniciativas filantrópicas de la familia Shibulal está facilitando una acción colectiva y la creación de redes similares en la India mediante la articulación de Shikshagraha.

Replanteémoslo juntos

La mayor fortaleza de la humanidad es la colaboración, y la mayor oportunidad de la filantropía es nutrirla. Los cinco cambios que hemos expuesto no son ideales abstractos, sino mandatos prácticos: desde financiar infraestructuras compartidas hasta respaldar un liderazgo distribuido.

Un ecosistema de financiación más sólido permite a los actores de la sociedad, los gobiernos y los mercados coordinar sus esfuerzos y abordar juntos las causas fundamentales. Cuando los financiadores invierten en la capacidad colectiva en lugar de hacerlo en proyectos aislados, los resultados no son incrementales, sino transformadores.

A esto nos referimos cuando decimos que la naturaleza exponencial de nuestras crisis exige una colaboración exponencial. La urgencia es evidente: la forma de financiar debe evolucionar, de respaldar proyectos a facilitar movimientos. El futuro es colectivo, y nuestra financiación también debe serlo.

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