En el Líbano, alrededor de 350.000 refugiados sirios no tienen acceso a suficientes alimentos seguros y nutritivos. Para frenar la crisis, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas introdujo un sistema de vales electrónicos para distribuir ayuda alimentaria. Se entrega a las personas tarjetas de débito cargadas con “vales electrónicos” que pueden utilizar en determinadas tiendas para comprar alimentos.
Pero hemos constatado que los refugiados sirios que viven en zonas rurales del Líbano a menudo se ven obligados a tomar decisiones difíciles al comprar artículos esenciales a costa de los alimentos. Sus vales electrónicos solo pueden canjearse por alimentos, no por otros productos básicos como pañales.
Los refugiados deben recurrir a “transacciones en zonas grises” para eludir el sistema de vales electrónicos, pidiendo a los tenderos que les vendan pañales y registrando en el sistema que compraron alimentos. Esto coloca a los refugiados en una posición vulnerable: los tenderos suelen cobrar precios más altos por registrar artículos no alimentarios como alimentos, pero los refugiados no tienen más remedio que depender de que los tenderos cooperen.
La compra colectiva permite a los refugiados reunir su efectivo y sus vales electrónicos para que una persona pueda comprar artículos no alimentarios para otra y recibir alimentos a cambio. Esto les proporciona cierto grado de autonomía: no tienen que depender de que los tenderos les permitan comprar artículos no alimentarios con sus vales. En cambio, la comunidad puede gestionar entre sus miembros sus recursos y necesidades.
Por desgracia, el sistema de vales electrónicos impide a los refugiados comprar productos al por mayor. El PMA aconseja a los tenderos que las compras realizadas por refugiados sean las típicas de la compra de alimentos para una familia. Si los refugiados quieren comprar suficiente arroz para su comunidad y beneficiarse de un descuento por compra al por mayor, el tendero puede rechazar la transacción. Esto dificulta la compra colectiva, algo que los refugiados suelen preferir cuando disponen de efectivo.
El PMA está probando actualmente la tecnología de cadena de bloques para sustituir este sistema de vales electrónicos en Jordania y Pakistán. Se trata de una oportunidad prometedora para aliviar estos problemas y contribuir a empoderar tanto a los refugiados como a los tenderos, pero solo si los propios refugiados participan.
Ayuda alimentaria diseñada por refugiados
En lugar de utilizar una tarjeta de débito, con este nuevo sistema los refugiados tendrían un monedero digital similar a una cuenta bancaria a la que se puede acceder en línea. Y, en lugar de estar alojado en un banco, forma parte de la cadena de bloques.
Una cadena de bloques es un registro compartido de transacciones, en el que cada usuario puede hacer un seguimiento de cuánto dinero y cuántos bienes se han intercambiado. Este registro se actualiza constantemente a medida que el cliente y el tendero acuerdan las transacciones de ayuda alimentaria y las transferencias de dinero. Cada transacción forma un bloque de información nueva. El libro mayor digital es una cadena en expansión de bloques de información interconectados, de ahí el nombre de cadena de bloques.
El PMA utiliza la tecnología de cadena de bloques para reducir los costes de los cambios de divisas y las transferencias bancarias. Pero la cadena de bloques sigue permitiendo las transacciones entre refugiados y tenderos del mismo modo que el sistema de vales electrónicos. Si esta nueva e innovadora tecnología imita el modelo anterior, las restricciones a lo que pueden hacer los refugiados continuarán y la cadena de bloques imitará modelos de ayuda paternalistas que se centran en distribuir la ayuda de forma eficiente, en lugar de empoderar a los refugiados para que aprovechen sus propias formas de afrontar la inseguridad alimentaria. Pero si la ayuda se diseña con la aportación de las comunidades de refugiados, la tecnología podría dar a la población siria del Líbano más capacidad de decisión a la hora de comprar los productos básicos que necesita para vivir.
La cadena de bloques puede escribir contratos inteligentes, lo que permitiría a las personas comprar artículos juntas. Se trata de acuerdos cuyas condiciones se aplican automáticamente mediante un algoritmo. Los contratos inteligentes funcionan como una caja de seguridad con dos llaves para abrirla; se entrega una llave a cada una de las partes que intervienen en el contrato.
Cuando se crea el contrato inteligente, ambas partes establecen las condiciones que deben cumplirse para poder usar las llaves y abrir la caja de seguridad. Para que la caja se abra y el dinero se transfiera y se complete la transacción, es necesario utilizar ambas llaves. Antes de que esto pueda ocurrir, ambas partes deben acordar que se han cumplido las condiciones del contrato. Así, las comunidades de refugiados pueden negociar compras colectivas con los tenderos y exigirles que cumplan los acuerdos que alcancen.
Negociar las condiciones del contrato inteligente significa que los refugiados tienen más voz en lo que consideran un trato justo. Una vez que el contrato inteligente está en vigor, la suma acordada para la compra se depositará en un monedero digital (la caja de seguridad), sujeto a las condiciones del contrato inteligente. El valor de los artículos comprados por los refugiados se descuenta una vez que han verificado su identidad mediante un escaneo de retina, pero el dinero solo se liberará al tendero si los refugiados confirman que han recibido los artículos.
Vimos cómo estos contratos inteligentes podrían reequilibrar la disparidad de poder entre los refugiados y los tenderos. Incluir a los refugiados en el proceso de diseño de las tecnologías humanitarias y de los modelos de ayuda puede garantizar que incorporen los valores y las prácticas de las personas a las que se supone que deben ayudar. Las innovaciones futuras deben estar arraigadas en la vida cotidiana de las comunidades de refugiados. Estas tecnologías pueden empoderar a las personas y marcar una auténtica diferencia en sus vidas, pero solo si se les permite decidir cómo funcionan.

