Según una nueva investigación, los factores inmateriales, como el apoyo social, las libertades y la equidad, podrían desempeñar un papel más importante que el dinero en el bienestar futuro.
El estudio se basa en encuestas globales sobre el bienestar realizadas durante la última década para proyectar posibles niveles de felicidad mundial en 2050. Sugiere que, para mejorar al máximo el bienestar de las personas en las próximas décadas, los responsables de formular políticas deberían ir más allá de los cálculos económicos limitados y dar prioridad a los factores inmateriales al tomar decisiones importantes.
«Las políticas a largo plazo centradas excesivamente en el crecimiento económico tendrán efectos limitados en el bienestar», afirma el autor principal, Christopher Barrington-Leigh, profesor asociado del Instituto de Salud y Política Social y de la Escuela de Medio Ambiente de la Universidad McGill.
«Si el bienestar humano es el objetivo principal de los gobiernos, sus recursos se gastarían de manera más acertada en función de lo que realmente más importa para la experiencia humana».
Los investigadores diseñaron un modelo estadístico que combina dos conjuntos de indicadores:
- Indicadores materiales objetivos, como el PIB per cápita y la esperanza de vida;
- Indicadores sociales, medidos en las ediciones recientes de la encuesta anual Gallup World Poll; entre ellos se incluyen la libertad para elegir qué hacer con la propia vida, los niveles percibidos de corrupción en el gobierno y las empresas, la frecuencia de las donaciones y la disponibilidad de apoyo social informal.
Los datos de la encuesta mundial muestran que, en una escala de cero a 10, en 2016 los encuestados calificaron su propio bienestar con un promedio de 5,24.
Los investigadores utilizaron los cambios observados en los datos entre 2005 y 2016 para proyectar escenarios de evaluaciones de vida declaradas por las propias personas en 2050.
Los resultados muestran que, según las proyecciones de la OCDE, es probable que los cambios futuros en las variables materiales produzcan mejoras modestas en las evaluaciones medias de vida a escala mundial: un aumento de entre cero y el 10 % con respecto a los niveles actuales. (Las proyecciones de la OCDE utilizan dos escenarios económicos mundiales, concebidos para explorar posibles futuros ante grandes desafíos ambientales, incluido el cambio climático).
En cambio, los escenarios basados en variables inmateriales muestran una amplia gama de resultados posibles: desde un aumento del 30 % en las evaluaciones medias de vida futuras a escala mundial en el escenario más optimista, hasta una caída del 35 % en el escenario más pesimista, de declive social.
«Es muy poco probable que los cambios factibles en el PIB desempeñen un papel importante en las variaciones de las evaluaciones personales de vida en un plazo de 30 años», afirma el coautor Eric Galbraith, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), en España.
«Nuestros resultados muestran que los mayores beneficios potenciales de las próximas décadas, así como los escollos más peligrosos que hay que evitar, se encuentran en el ámbito del tejido social», concluyen los investigadores.

