En Japón hay demasiadas viviendas y muy pocas personas para vivir en ellas.
Este excedente de viviendas —conocido como akiya— ha hecho que, en algunos casos, se regalen casas.
La demanda de viviendas en ciudades de provincias, comunidades rurales y zonas suburbanas ha disminuido. Esto se debe en parte a que la gente se siente atraída por las ciudades. Y si no hay demanda, los valores se desploman. Por ejemplo, no hay ningún incentivo para hacerse cargo de una casa antigua que quizá se haya heredado tras la muerte de un familiar. Así, las casas quedan vacías. Las autoridades locales se encuentran en una situación sin salida: sin el permiso de los propietarios, no pueden intervenir para exigir la renovación ni siquiera la demolición de una propiedad vacía.
Así, por ejemplo, si alguien se muda a Tokio y acaba heredando una casa en otra localidad tras la muerte de un familiar, puede optar por ignorar la herencia, sobre todo si quiere evitar pagar el impuesto que se aplica en Japón a las segundas residencias.
Si no se conoce la titularidad de una propiedad, las autoridades no pueden tomar medidas para demoler o comprar viviendas vacías, y no hay sanciones por no registrar un cambio de titularidad.
Pero el principal factor en todo esto es el cambio demográfico. La población japonesa creció exponencialmente en el siglo XX, de unos 40 millones a 127 millones de personas, pero ahora está disminuyendo rápidamente. Al ritmo actual de descenso, se reducirá en un tercio, hasta los 85 millones, para 2100; y, si esa tendencia no se detiene, para 2300 solo quedarán 8,5 millones de japoneses.

En 2008 había 7,5 millones de viviendas vacías en Japón. Para 2013, la cifra había llegado a 8,2 millones. Ese número incluye todas las viviendas vacías —habitaciones en alquiler, pisos y no solo casas—, de las cuales se calcula que hay unas 2,2 millones actualmente vacías.
En todo Japón, las agencias inmobiliarias ofrecen viviendas gratis por internet; los nuevos propietarios solo tienen que pagar los impuestos y los honorarios de las agencias. Muchas de estas viviendas necesitan reparaciones, pues llevan tiempo vacías.
Pero, a menos que el descenso de la población del país se revierta, es poco probable que aumente la demanda de estas viviendas, por inexistente que sea su precio de venta.
Japón no es el único país que intenta equilibrar el exceso de viviendas con la escasez de habitantes. En varias zonas rurales de Italia, se han organizado varias iniciativas para regalar viviendas, entre ellas la venta de casas por solo 1 €.
Quizá no resulte sorprendente. Con una edad mediana de 46,3 años, Japón tiene la población más envejecida del mundo. Italia ocupa el segundo lugar, con una edad mediana de 45,9 años.
A diferencia de Japón, Italia tiene una larga historia de integración de poblaciones migrantes. Mientras Japón ha hecho relativamente poco para animar a personas de otros países a establecerse allí, se calcula que Italia tiene cinco millones de habitantes nacidos en el extranjero. Esto representa alrededor del 8 % de su población actual. Si Japón quiere evitar un descenso catastrófico de su población, quizá tenga que plantearse permitir que más migrantes se establezcan de forma permanente.

