El campeón de judo Peter Paltchik, bien clasificado en el ranking, se entrega tanto al deporte de competición que aplazó su luna de miel en 2016 para entrenar tras una devastadora lesión durante una competición. “Tenía mucha hambre de triunfar, y tenía hambre en cada práctica, en cada entrenamiento, todos los días”, dijo. Esa determinación dio sus frutos. En 2018, Paltchik obtuvo la medalla de bronce en el Campeonato Europeo de Judo en Tel Aviv y se hizo con el oro en el Gran Slam de la Federación Internacional de Judo en Abu Dabi.
Ahora, el deportista de 27 años tiene la mirada puesta en el sueño de toda su vida: clasificarse para los Juegos Olímpicos. Paltchik, nacido en Rusia y criado en Israel, encarna lo que significa superar la adversidad y ir más allá de los límites, una lección que inspira tanto a los líderes empresariales como a los deportistas. Habló con Knowledge@Wharton sobre por qué cree que “la excelencia lo es todo”. (Escuche el podcast en la parte superior de esta página.)
A continuación, se presenta una transcripción editada de la conversación.
Knowledge@Wharton: ¿Cómo se interesó por el judo?
Peter Paltchik: Es una pregunta interesante, y se remonta a muy temprano. Cuando nací en Crimea, Rusia, pesaba 12 libras. Fui un bebé muy, muy grande. El parto fue muy, muy difícil para mí y también para mi madre. Ella estuvo 54 horas en la sala de partos. En un momento, los médicos empezaron a salvarla a ella y no a mí.
Nací con muchas deficiencias en el cuerpo, con muchos huesos que no estaban sanos. Casi todos los médicos se rindieron de inmediato y dijeron: “No queremos tratar a este bebé”. Pero mi abuelo era un hombre muy conocido en la localidad, que era un pueblo pequeño. Debo mencionar que mi abuelo se llama Peter. Me pusieron su nombre. Un médico fue a ver a mi abuelo y le dijo: “Dame a este bebé. Yo lo arreglaré”.
Mi abuelo conducía en invierno, en Rusia, hacia las montañas, para llevarme cada día con este médico y que me curara. Tras varios meses, me recuperé y el médico dijo: “Aún no ha terminado, porque este bebé debe practicar deporte. Y si es posible, incluso deportes de lucha para fortalecerlo y hacerlo más robusto. Así podrás seguir mejorando su salud”.
Llegué a Israel solo con mi madre. Dos años después, también llegaron mi abuelo y mi abuela. Mi abuelo me llevó al centro de judo más cercano, y me enamoré de este mágico deporte de inmediato. Así comienza mi historia.
Knowledge@Wharton: ¿Qué fue lo que le atrajo del judo, especialmente de niño?
Paltchik: Era un niño muy enérgico y, además, muy grande. Era fuerte y no sabía qué hacer conmigo mismo, con mi energía y con mi fuerza. El judo me ayudó a motivarme y a volcar toda mi energía, toda mi fuerza y todas mis aptitudes en el judo. Me dio equilibrio. Enseguida supe que se me daba bien y era capaz de hacer muchas técnicas potentes que otros niños no podían. Supe de inmediato que este era mi camino en la vida.
Knowledge@Wharton: ¿Practicó algún otro deporte?
Paltchik: Mi abuelo no me lo permitió. Era oficial de la marina submarina rusa, así que era y sigue siendo un hombre muy, muy duro. Todo lo que me enseñó fue a ser duro y a ser fuerte en la vida. Siempre decía que la vida no iba a ser fácil. Mi abuelo siempre me enseñó que debía ser profesional en una cosa y ser el mejor en ella. Y eso es lo que hice. No me dejó hacer nada más: nada de otros deportes, solo judo. Cuando estaba en casa, intentaba entrenarme. Cuando estaba en casa y no jugaba con mis amigos, entrenaba con mi abuelo.
Knowledge@Wharton: ¿Qué cree que le enseñó el judo y cómo le cambió?
Paltchik: Creo que el judo forjó mi carácter porque tiene muchos valores. Se basa en el respeto mutuo, porque siempre se entrena con alguien, con una pareja. Puedo decirle que una de las primeras cosas que se hace cuando se llega al centro de judo —lo llamamos el dojo en japonés, porque en los entrenamientos hablamos japonés. Los japoneses inventaron el judo hace 100 años, así que en todo el mundo la gente habla japonés en los entrenamientos. Cuando se llega al dojo, primero se hace una reverencia. Se saluda la colchoneta que se pisa en el entrenamiento. Luego se saluda al entrenador al inicio de la sesión. Cuando se empieza a entrenar con los compañeros y a lanzarse unos a otros, antes del combate se hace una reverencia, y después del combate, otra. Al terminar, se vuelve a saludar al entrenador y, al salir, a la colchoneta. Todo en el judo gira en torno al respeto mutuo, y esto es lo que más me gusta.
Knowledge@Wharton: Hace unos años sufrió una lesión grave. ¿Cómo afectó a su participación en el deporte?
Paltchik: Puedo hablarle de dos grandes lesiones que sufrí. Las dos son únicas porque cada una me enseñó mucho sobre mí mismo. En 2011 obtuve mi primera gran medalla en el ranking mundial. Gané la plata en el Campeonato de Europa, siendo menor de 21 años. Fui segundo en el ranking mundial menor de 21 años y creí que era invencible. Hasta que, en un entrenamiento, caí muy, muy mal sobre la rodilla desde una altura considerable, y me lesioné la rodilla. Fue tan grave que la lesión era muy poco común. Ninguno de los médicos que me examinaron quiso [realizar] la cirugía.
Encontré a un único médico que aceptó operarme. Fue una cirugía muy difícil, y la rehabilitación duró un año y medio. Justo después de la operación, tuve que preguntarme si debía seguir en este deporte. Empecé a trabajar en empleos como profesor en colegios de niños pequeños. Los ayudaba con los deberes y otras cosas. Empecé a entrenar a niños pequeños en judo. Empecé a trabajar de barman por las noches. Fue una de las cosas más difíciles para mí. No veía cómo podría volver al judo.
“Mi abuelo me llevó al centro de judo más cercano, y me enamoré de este mágico deporte de inmediato.”
Tras casi dos años y medio, sentí que estaba estancado en el mismo lugar. Y una noche, durante un turno de noche muy especial en el bar, vi frente a mis ojos a mi entrenador nacional, Oren Samadja. Me miró y me dijo: “Peter, ¿qué haces en el bar?”. Y yo le respondí: “¿Y tú qué haces aquí?”. Mi entrenador no vivía cerca de mí en ese momento, así que ni siquiera debería haber estado allí.
Me dijo: “Peter, deberías dejarlo todo: todos tus trabajos, todos tus empleos extra. Déjalos y vuelve al equipo. Vuelve a la selección nacional, porque tienes potencial para ser campeón olímpico”. Tras un par de minutos de conversación, se marchó. Volví a casa después de varias horas de trabajo y, a las 4 de la mañana, no podía dormir. Pensaba en esa conversación. Decidí que volvería a la selección nacional. Volvería a perseguir el sueño de ser campeón olímpico.
En diciembre de 2015 competía en el Gran Premio de China. En los cuartos de final, me enfrenté a un luchador mongol. Era un atleta muy duro y difícil de vencer, porque era campeón olímpico. Era muy fuerte. Este hombre hizo un movimiento muy peligroso, una técnica muy peligrosa sobre mi hombro. Debería haberme caído de espaldas y haber abandonado el combate. Pero mi idea era ganar ese combate contra él y no caer de espaldas, así que me moví hacia el otro lado. Como me moví hacia el lado contrario al que debía caer, se me salió el hombro. Se me dislocó de inmediato. Quedé fuera de la competición y estaba tendido de espaldas, mirando hacia la luz, y me dije: “Para mí no hay Juegos Olímpicos”. Sabía que era una lesión muy grave. Cuando llegué a casa, en Israel, los médicos me examinaron. Dijeron: “Tiene que operarse”.
Los médicos me operaron y después pasé nueve meses de rehabilitación. Comprendí que para mí los Juegos Olímpicos habían terminado. Tomé esos nueve meses de rehabilitación como un renacer. Fue entonces cuando empecé a llamarme “el verdadero Peter”, porque me dije: “No me rindo. No me rindo con mi meta. No me rindo con mi sueño”. Decidí ser campeón olímpico y nada me detendría. Volví a la rehabilitación y me comprometí mucho con el proceso. Tres meses después de la operación, me casé. Mi esposa me dijo: “Vamos de luna de miel”. Yo le contesté: “Escucha, no hay luna de miel. No me pierdo ni un solo entrenamiento, ni un solo día de fisioterapia y de entrenamiento. Ni un solo día voy a faltar”.
Entonces nació el nuevo Peter, y estaba seguro de estar muy comprometido con el proceso. Al terminar el año 2016 de rehabilitación, llegué a 2017 y empecé a ganar todas las competiciones a las que acudí. Tenía mucha hambre de triunfar, y tenía hambre en cada práctica, en cada entrenamiento, todos los días. Esto me motiva cada día desde entonces.
Knowledge@Wharton: Por un lado, el judo es un deporte muy solitario, porque en la colchoneta solo están el deportista y su rival. Por otro lado, también se cuenta con un equipo. ¿Cómo se equilibra la naturaleza individual del deporte con el trabajo en equipo?
“Todo en el judo gira en torno al respeto mutuo, y esto es lo que más me gusta.”
Paltchik: Es una buena pregunta, porque, después de todos los entrenamientos y de lo que se hace antes de la competición, al final se lucha solo contra el oponente que tiene enfrente. Pero en los entrenamientos siempre se entrena con una pareja. No se puede entrenar solo. También hay un equipo que juega, así que hay que tener una buena conexión con el equipo, con una energía positiva siempre, jugando con los demás en los entrenamientos todos los días. Es un deporte muy complicado.
Knowledge@Wharton: ¿Qué lecciones sobre el trabajo en equipo puede aprender la gente del judo que se puedan aplicar al mundo empresarial?
Paltchik: Creo que hay muchas cosas valiosas del judo que se pueden aplicar al mundo empresarial. La más especial es comprometerse consigo mismo y tener confianza en uno mismo. Al final del día, cuando uno se tumba en la cama y piensa en lo que hizo, debe decirse que hizo todo lo posible para ser mejor hoy, para ser mejor mañana, una versión mejor de sí mismo. Esto es lo principal que intento hacer. Intento trabajar conmigo mismo todos los días y hacerlo mejor de lo que lo hice ayer.
Knowledge@Wharton: ¿Se ve a sí mismo como un líder? ¿Necesita habilidades de liderazgo para formar parte del equipo de judo?
Paltchik: Por supuesto. Hay un líder profesional del equipo, que es el entrenador. Pero creo que soy el líder de mí mismo, porque nadie puede obligarme a trabajar duro en los entrenamientos. Solo yo puedo exigirme. Como he dicho, debo ser el líder de mí mismo. Debo despertarme por la mañana y estar muy motivado.
Knowledge@Wharton: ¿Cómo se mantiene motivado?
Paltchik: Pienso en todas las cosas complejas que he superado a lo largo de mi vida. Creo que esto es una gran motivación para mí, porque sé que tengo una meta, y que toda mi vida he avanzado hacia esa meta, hacia ese sueño. Los días pasan y me acerco a mi objetivo. Entiendo que ya no es un sueño. Es un objetivo, y voy a llegar a lo más alto. Estas cosas me motivan mucho. Intento despertarme cada día con un alto nivel de energía y contagiar a mis compañeros de entrenamiento para que trabajen duro. Esto es trabajo en equipo.
Knowledge@Wharton: ¿Cuál ha sido su mayor desafío?
Paltchik: Hay que entrenar duro y trabajar duro, pero hacerlo con eficiencia y mucha reflexión. Trabajar de forma inteligente es muy difícil, porque uno quiere llevarse al límite, pero si se supera ese límite, pueden surgir problemas de lesiones que llevan a perder mucho tiempo. Así que creo que mi mayor desafío es seguir exigiéndome al límite, pero con mucha responsabilidad. Es algo muy difícil de hacer.
Knowledge@Wharton: ¿De qué se arrepiente más en su carrera?
Paltchik: Vaya, es la primera vez que alguien me hace esta pregunta. Se me ocurre un momento: la primera gran lesión de rodilla. Me arrepiento de no haber vuelto antes a la selección nacional. Sabe, no puedo decir que me arrepienta de eso. Creo que todo sucede por algo bueno. Todo lo que he vivido me ha llevado al momento en que estoy ahora. Así que creo que estoy en paz con todo lo que he hecho.
Knowledge@Wharton: ¿Qué ha aprendido de sus contratiempos?
Paltchik: He aprendido que a veces hay que dejar ir las cosas. Siempre intento construir y luchar hasta el final. Pero mi última lesión me enseñó que a veces hay que soltar, porque no hay otra opción.
Knowledge@Wharton: ¿Qué significa la excelencia para usted?
Paltchik: La excelencia lo es todo. Creo que cada vez que nos enfrentamos a algo, debemos hacerlo con excelencia. Esto es lo que me enseñó mi abuelo cuando era joven. Cada vez que hago algo, debo hacerlo perfecto. Así es como entreno. Creo que esto sirve de motivación para todos, no solo para los deportistas de judo y de otros deportes. Todo hombre y mujer debería buscar la excelencia en todos los aspectos de su vida.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál fue el punto más alto de su carrera como judoka?
Paltchik: La medalla del Campeonato de Europa es el punto más alto de mi carrera, porque profesionalmente significa que logré una medalla en el campeonato que me había propuesto. Pero debo hablarle de una competición que me cambió como hombre y como deportista en mi país. Fue el Gran Slam de Abu Dabi del año pasado. Un israelí no puede ir a Abu Dabi, porque es un país árabe y no tenemos relaciones políticas con ellos. Entrar en Abu Dabi cada año para participar en esta competición es algo muy, muy difícil. Tras superar los problemas de seguridad y políticos, finalmente encontramos la forma de entrar en el país.
No se permite grabar la competición porque hay una seguridad muy estricta. No nos dejaban salir del hotel, así que todo el equipo solo estaba dentro del hotel y de vuelta a la competición. Eran los únicos dos lugares a los que se podía ir. Cuando llegaba el día y tenía que salir a la colchoneta a competir, había mucha presión. Sentía la presión de los medios, de mi familia y de todo mi país, porque estaba en una competición especial. Logré ganar la medalla de oro.
Fue un momento muy, muy especial, porque puedo decirle que cada vez que gano la medalla de oro en cualquier parte del mundo, me enorgullezco mucho y me emociono mucho. Pero en Abu Dabi fue mucho, mucho mejor, porque sentí que el deporte vence a la política.
Knowledge@Wharton: ¿Cómo define el éxito?
Paltchik: Si ahora puedo hacer algo que antes no podía hacer, creo que eso es el éxito. Puede darse en cualquier ámbito de la vida, no solo en el deporte o en los negocios. Intentar siempre hacer algo que antes no podías hacer es, en mi opinión, el éxito.

