Los innovadores sociales ayudan a abordar algunos de los problemas más apremiantes de la actualidad.
Por ejemplo, ofrecen soluciones para combatir el cambio climático, apoyar a las personas refugiadas y tratar las adicciones y los problemas de salud mental.
Estas son tres historias que muestran el poder de la innovación social para cambiar vidas.
Los innovadores sociales abordan algunos de los mayores problemas sociales y ambientales del mundo de formas radicalmente nuevas. Están poniendo en marcha soluciones sistémicas novedosas para transformar industrias y llegar a millones de personas vulnerables.
El poder de las plataformas digitales y otras nuevas tecnologías está permitiendo desplegar modelos innovadores a una escala y una velocidad que habrían sido inimaginables en el pasado. La comunidad de emprendedores sociales de la Fundación Schwab ya ha mejorado la vida y los medios de subsistencia de más de 622 millones de personas en 190 países, al tiempo que ha reducido las emisiones en 192 millones de toneladas de CO2. Los últimos avances prometen aportar muchos más beneficios.
Estas son algunas de las formas en que los innovadores sociales están transformando los modelos operativos tradicionales en todo el mundo en desarrollo.
Crear moda sostenible
Las marcas de moda del mundo afrontan un desafío abrumador. Para mitigar el daño ambiental causado por la cultura actual de ropa barata y desechable, deben construir un futuro sostenible basado en una reducción drástica de los volúmenes de producción.
«La moda ya no puede consistir solo en lucir bien. También debe consistir en hacer lo correcto y sentirse bien por ello», afirmó Javier Goyeneche, fundador de Ecoalf. «A los jóvenes les interesa mucho la sostenibilidad, pero también quieren seguir comprando 20 camisetas al año por 5 euros cada una. Eso ya no es posible. La gente tiene que empezar a comprar menos».
Desde que fundó la marca española de moda sostenible Ecoalf hace 12 años, Goyeneche ha creado una empresa que transforma residuos plásticos —desde botellas de PET hasta redes de pesca— en tejidos y materiales éticos y atractivos. Ha creado más de 540 tejidos a partir de residuos reciclados y los utiliza en una gama de prendas y calzado que ha recibido elogios por su diseño.
Su proyecto Upcycling the Oceans comenzó con tres pescadores de Alicante. Ahora participan más de 3.400 pescadores españoles que recogen residuos del mar. La iniciativa se ha replicado en Tailandia, y en la siguiente fase participarán más de 10.000 pescadores en varios puertos del Mediterráneo para 2025.
En cuanto a los gases de efecto invernadero, la industria de la moda contribuye de forma considerable al cambio climático y representa alrededor del 4% de las emisiones mundiales. Además, está muy lejos de cumplir sus objetivos. Según las proyecciones actuales, no alcanzará sus objetivos de reducción de emisiones para 2030 por un 50%.
Según Safia Minney, fundadora de People Tree, eso significa que las empresas de moda deben afrontar «el elefante en la habitación»: reducir la producción.
«Tenemos que reducir la producción y el consumo de moda entre un 75% y un 95%», afirmó. «Al principio, esta contracción de la industria de la moda se ve como algo negativo, pero en realidad es enormemente positiva. Solo tenemos que abandonar la mentalidad anticuada de crecimiento que ha causado el problema».
Durante tres décadas, su empresa People Tree ha aplicado altos estándares éticos y ambientales a sus prendas mediante colecciones de algodón orgánico, lana responsable y técnicas artesanales tradicionales. Este enfoque cuestiona la economía habitual de la moda de las grandes cadenas al dar prioridad a las habilidades, en lugar de a los materiales asequibles. Como resultado, la mano de obra puede representar hasta el 30% del precio FOB (franco a bordo) de sus productos tejidos a mano, frente al 3-4% habitual.
Apoyar a las personas refugiadas en las ciudades
La COVID-19 y la crisis de las personas refugiadas afganas han vuelto a poner de relieve la vulnerabilidad de las poblaciones desplazadas en todo el mundo, exponiendo a millones de personas a nuevas formas de sufrimiento e incertidumbre. Ambos acontecimientos muestran la necesidad de buscar soluciones a largo plazo, fortaleciendo y fomentando la autonomía de las personas desplazadas.
Muchas ideas históricas sobre las personas refugiadas están desactualizadas. Hoy, las 80 millones de personas desplazadas por la fuerza en el mundo deben buscar refugio, en promedio, durante más de 20 años; menos del 2% encuentra cada año una solución duradera, ya sea mediante la repatriación, el reasentamiento permanente o la integración legal en el país de acogida. Más del 60% vive en ciudades y no en campamentos.
«La idea que existe desde la Segunda Guerra Mundial es que la gente huye de sus hogares, va a un campamento y recibe una tienda de campaña, comida y ayuda hasta que puede volver a casa», afirmó Sasha Chanoff, fundador de RefugePoint. «Pero eso no es pertinente en el contexto de las crisis actuales, porque la gente ya no vuelve a casa».
En su lugar, hacen falta nuevas coaliciones e iniciativas que den a las personas la oportunidad de aprovechar sus talentos y habilidades para mantenerse en entornos urbanos de bajos ingresos, donde suelen vivir en un mundo marginal, sin derechos oficiales ni una red de protección social.
RefugePoint se fundó en 2005 para cerrar esta brecha. Utiliza fondos privados para proporcionar a las personas refugiadas pequeñas cantidades de capital y apoyo que les permiten crear microempresas y dar pasos fundamentales hacia la autosuficiencia.
Su enfoque ha demostrado funcionar en Nairobi, y la organización ha sido pionera en un método sistemático para medir el avance de los hogares hacia la autosuficiencia y evaluar qué programas funcionan mejor.
«Esta es la primera herramienta que ofrece una visión general de la situación de una familia en todos los distintos parámetros», afirmó Amy Slaughter, asesora principal de la organización.
La mejora de los datos se traduce en mejores resultados. Desde 2015, más de 2.300 personas refugiadas en Nairobi han completado el programa de asistencia de RefugePoint tras crear pequeños negocios para mantener a sus familias.

Tratar las adicciones y los problemas de salud mental
El tratamiento tradicional de la adicción a los opioides y al alcohol es costoso y difícil de obtener; suele incluir una estancia de 30 días en un centro de rehabilitación que en Estados Unidos puede costar entre 30.000 y 45.000 dólares.
Ahora las cosas están cambiando. La empresa emergente digital estadounidense Workit Health ha reunido a profesionales clínicos y especialistas en tecnología para ofrecer asesoramiento personalizado más económico y atención médica del más alto nivel en la comodidad del propio hogar. Además del tratamiento de las adicciones con asistencia médica, también ofrece terapia en línea para la ludopatía, los trastornos alimentarios y otros trastornos, así como atención virtual para problemas concurrentes como la ansiedad y el insomnio.
Garantizar los más altos estándares médicos es fundamental.
«No hacemos nada que no se haya probado en un ensayo clínico», afirmó Robin McIntosh, codirectora ejecutiva y cofundadora de Workit Health. «Mantenemos en el programa a alrededor del 83% de las personas después de 30 días y a más del 50% a los seis meses, una cifra muy alta. No es que hagamos algo extraordinariamente especial, sino que ofrecemos una experiencia tan fácil de usar como Instagram u otra aplicación».
A McIntosh y a Lisa McLaughlin, cofundadora de Workit se les ocurrió que la tecnología intuitiva detrás de las aplicaciones exitosas para teléfonos inteligentes podía ayudar a las personas con adicciones y problemas de salud mental después de conocerse en una reunión de Alcohólicos Anónimos en Oakland.
La pandemia de COVID-19 ha sido un momento importante en la evolución de la telemedicina, ya que médicos y pacientes han recurrido a herramientas en línea para mantener interacciones periódicas. Los expertos médicos están prestando atención.
«Ahora hay muchas más pruebas que respaldan la atención digital de la salud mental», afirmó Ilina Singh, profesora de Neurociencia y Sociedad en la Universidad de Oxford. «Trabajo mucho en países de ingresos bajos y medios, así que espero que también se extienda a ese contexto».
