Por qué necesitamos una nueva estrategia para combatir el terrorismo internacional

Armed police officers walk outside Borough Market after an attack left 6 people dead and dozens injured in London, Britain, June 4, 2017. REUTERS/Peter Nicholls - RC14E0FC79B0
The ideologies and expertise that feed cross-border terrorism are growingImage: REUTERS/Peter Nichols
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Un año después del atentado de Westminster en Londres, el Estado Islámico, también conocido como ISIS o ISIL, ha sido expulsado de la mayor parte del territorio que controlaba. Pero persiste la amenaza que representan ISIS y otros grupos en África, Oriente Medio y el Sudeste Asiático.

La cooperación internacional ha sido clave para los éxitos en la lucha contra el terrorismo, tanto recientemente como durante los últimos 20 años. Pero, a medida que la seguridad colectiva se ve amenazada y el terrorismo vuelve a transformarse, ¿cuáles deberían ser las nuevas prioridades?

Una lección común a todos los escenarios, incluso los más intensos, es que la respuesta a una amenaza inmediata debe promover una solución a largo plazo. Los golpes contundentes contra objetivos tácticos carecen de valor si no se integran en un enfoque amplio y profundo que aborde los orígenes de la amenaza.

Las lecciones aprendidas al desalojar por la fuerza a terroristas que controlaban ciudades en Siria y el sur de Filipinas, así como al combatir ataques aislados en capitales europeas e Indonesia, han reforzado la necesidad de involucrar a las comunidades locales y a todas las autoridades gubernamentales que las atienden en la lucha contra el terrorismo.

La participación comunitaria

La función de las comunidades y las autoridades locales ha demostrado ser crucial para reunir inteligencia, desradicalizar y rehabilitar a posibles terroristas, y contener el racismo y los delitos de odio potencialmente catastróficos tras un atentado.

La función del Estado ha pasado a consistir tanto en capacitar a la comunidad para que actúe en primera línea como en interponerse entre esta y los terroristas. En consonancia con esta doctrina, el ministro del Interior del Reino Unido, Sajid Javid, anunció un cambio significativo en el reajuste de los esfuerzos: la información que hasta entonces estaba en manos de los organismos de seguridad podría compartirse con las autoridades locales. Pero el reto de aplicar esta doctrina de «la comunidad primero» consiste en encontrar los recursos y los conocimientos especializados necesarios para convertir la inteligencia en resultados. Eso exigirá un reajuste cuidadoso de los presupuestos de lucha contra el terrorismo y defensa, así como de los recursos nacionales.

El arma digital

El efecto corrosivo del material difundido digitalmente se ha manifestado en el fenómeno de terroristas que no regresan de escenarios de guerra, sino que se inspiran exclusivamente en las imágenes y los textos que han consumido. Son miembros de un «califato imaginado», motivados por una realidad ficticia hasta el punto de cometer atrocidades suicidas. Para los políticos, combatir las noticias falsas y la propaganda se ha convertido en una prioridad operativa, sobre todo en las iniciativas contra el terrorismo y la radicalización.

Pero la solución no depende exclusivamente de los gobiernos. Como señal clara de una mayor conciencia de su responsabilidad, algunas empresas de redes sociales están creando equipos de lucha contra el terrorismo. Aunque sea importante y difícil negociar acuerdos sobre el uso de datos entre distintas jurisdicciones, cualquier nueva coalición significativa contra el terrorismo digital tendrá que incluir a las empresas tecnológicas.

La combinación de combatientes que regresan con experiencia de combate avanzada —en particular, en la fabricación y el uso de artefactos explosivos improvisados— y de personas radicalizadas a distancia da una idea de la magnitud del reto que plantea la lucha contra el terrorismo. La lección ha sido que los esfuerzos acumulativos y sostenidos son más eficaces que las medidas radicales y espectaculares: desde mejorar la legislación sobre quienes regresan hasta facilitar la cooperación transfronteriza, abordar las vulnerabilidades sociales e invertir en educación y, sobre todo, llevar a cabo operaciones de investigación pacientes.

La naturaleza cambiante de la cooperación internacional

El terrorismo internacional no muestra señales de disminuir. Las ideologías y los conocimientos que lo alimentan, si acaso, están creciendo, y las vulnerabilidades de una sociedad abierta que el terrorismo ha explotado se preservan acertadamente, en su mayor parte, en lugar de reducirse. La comunidad internacional ha adaptado con éxito su enfoque, aunque de forma imperfecta y a veces tardía, para hacer frente a las sucesivas variantes de la amenaza durante los últimos 50 años.

La cooperación internacional ha pasado de respuestas improvisadas y centradas en las crisis entre los países afectados a la creación de estructuras permanentes concebidas para perdurar y mantenerse al margen de la política.

En enero de este año, el ministro de Defensa de Indonesia, Ryamizard Ryacudu, puso en marcha la iniciativa «Our Eyes» en un claro intento de emular los éxitos de las relaciones formales y duraderas de inteligencia establecidas en otros lugares. Indonesia y los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) también acordaron ampliar al ámbito aéreo, además del marítimo, una patrulla trinacional en la región del mar de Joló. Y que algunos de los supuestos políticos de la última década se estén poniendo en duda no significa que la cooperación en materia de seguridad vaya a deteriorarse.

Una prueba crucial será determinar si la cooperación en materia de inteligencia y el intercambio de datos pueden quedar al margen de las estructuras y la política de la Unión Europea durante las negociaciones del Brexit. Las recientes declaraciones del Reino Unido y de la UE sugieren que esto no será sencillo. Además del daño que causaría a la seguridad europea no preservar la cooperación entre el Reino Unido y la UE, sería una señal desalentadora para el resto del mundo, en especial para los países a los que los servicios de seguridad europeos se han esforzado por convencer de las ventajas de una cooperación independiente de la política.

La unión hace la fuerza

Incluso cuando existen estructuras, puede que aún quede por delante el trabajo arduo. Por ejemplo, están los retos prácticos de mantener una ventaja estratégica frente a amenazas en constante evolución, sobre todo mediante tecnologías innovadoras, y las difíciles decisiones sobre el apoyo a las iniciativas nacionales e internacionales. Pero, para lograr el éxito a largo plazo, los socios tendrán que respaldar los intercambios y las operaciones conjuntas con un compromiso colectivo con las normas y la continuidad de los esfuerzos, en lugar de guiarse por expectativas transaccionales y prioridades nacionales limitadas.

Así como los terroristas han derribado las fronteras, la respuesta también debe trascender la geografía y la política. Esto resulta aún más difícil en un momento de creciente proteccionismo comercial y nacionalismo político. La cooperación en materia de seguridad es un activo que no puede intercambiarse en las negociaciones entre Estados, por tentador que resulte dado su gran valor.

Siguen existiendo profundas diferencias entre los valores que sustentan los enfoques ruso y chino del terrorismo y los de los organismos europeos

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La unión hace la fuerza. Las suspensiones y las interrupciones de las iniciativas multilaterales abren brechas que los terroristas aprovecharán, como hemos visto en la seguridad aérea y los sistemas jurídicos. Como dijo hace poco la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, «se necesita una red para combatir una red».

También hay importantes excepciones en el ámbito internacional. China y Rusia y, en cierta medida, India son las tres grandes potencias que aún no se han integrado en la iniciativa multilateral. Por ejemplo, siguen existiendo profundas diferencias entre los valores que sustentan los enfoques ruso y chino del terrorismo y los de los organismos europeos.

En el Diálogo Shangri-La del IISS de este año, al que asistieron ministros de Defensa de 26 países, se repitieron los llamamientos a defender el orden basado en normas. Y los últimos 20 años han demostrado que esto es más importante que en ningún otro ámbito en la lucha contra los terroristas que pretenden socavarlo.

Muchos países de la ASEAN han declarado claramente que la amenaza más grave a la que se enfrenta ahora la región es el terrorismo. No porque pueda ser la causa de los mayores daños a las personas y los bienes, sino porque es una amenaza que surge desde dentro y destruye desde dentro comunidades y Estados. El reto de garantizar que los terroristas no desestabilicen a las comunidades musulmanas ni las priven de las oportunidades económicas de la región justifica con creces mantener el compromiso durante los próximos cinco decenios.

Compromisos de Estados Unidos y terrorismo patrocinado por Estados

Para que prospere la iniciativa internacional contra el terrorismo, deben evitarse dos cosas: que Estados Unidos se retire y que los Estados de Oriente Medio y el Indopacífico elijan contra qué terroristas luchar o, peor aún, patrocinen a terroristas como armas estratégicas.

En cuanto al primer punto, el secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, asumió un firme compromiso con la seguridad y el Estado de derecho en la región del Indopacífico «mediante alianzas, no dependencia». Los compromisos de Estados Unidos en otros lugares se mantienen.

En cuanto al segundo punto, patrocinar o tolerar a determinados grupos terroristas perjudicará gravemente los esfuerzos colectivos. No se debe «trasladar» a los terroristas a otras regiones o conflictos. La lección de la diáspora terrorista de los últimos 20 años es que las habilidades adquiridas en un escenario se propagarán a otros, ya sea físicamente o por medios digitales. Mindanao, Raqqa y las capitales de Europa constituyen un único campo de batalla para el Estado Islámico, y así debería ser también para quienes combaten el terrorismo.

Nuevas prioridades para la lucha internacional contra el terrorismo, John Raine, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos

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