Limitadas por un modelo obsoleto de asistencia «Norte-Sur» y por un pensamiento lineal, a las organizaciones de desarrollo les resulta cada vez más difícil hacer frente a la complejidad y la interconexión de los desafíos globales, desde el cambio climático hasta las enfermedades transmisibles. Sin embargo, la convergencia de tres tendencias promete un cambio estructural en la forma de operar de estas organizaciones: nuevas maneras de plantear los problemas de desarrollo (teoría de la complejidad), nuevas tecnologías de la información y nuevos tipos de coaliciones. ¿Cómo pueden reformarse las organizaciones de desarrollo para ser más eficaces a la hora de mejorar el mundo?
Las organizaciones de desarrollo existen para ayudar a reducir la pobreza y la desigualdad, y mejorar el bienestar humano. Estos problemas se vuelven cada vez más complejos a medida que el mundo está más conectado y es más volátil. Los flujos transfronterizos de bienes, servicios, personas e ideas se están expandiendo. Las perturbaciones y las crisis, ya sean sociales, políticas, económicas o ambientales, son cada vez más frecuentes. A medida que las cuestiones se interconectan más y se vuelven más inciertas, es más difícil predecir o explicar los resultados de las intervenciones de desarrollo, y resulta menos posible que un solo actor logre las cosas por sí mismo.
Pese a estos cambios, el modelo operativo de las organizaciones de desarrollo está limitado por su legado. Este incluye la asistencia centralizada de los gobiernos de países «desarrollados» a los gobiernos de países «en desarrollo», así como prácticas que dependen en gran medida de modelos lineales para comprender los riesgos y planificar, ejecutar y evaluar las acciones.
¿Pueden las organizaciones de desarrollo ser más ágiles y adaptables en el contexto actual de cambio constante? La combinación de tres tendencias que pueden ayudar a plantear, comprender y responder de manera diferente a los problemas complejos ofrece una oportunidad.
En primer lugar, la teoría de la complejidad está desplazando la atención de las relaciones lineales de causa y efecto hacia procesos dinámicos de cambio. La teoría de la complejidad se ha utilizado en física y ecología para estudiar cómo se adaptan los sistemas a su entorno y hacen frente a la incertidumbre. Muchos especialistas en desarrollo sostienen que puede reforzar la capacidad de las organizaciones de desarrollo para comprender problemas de desarrollo dinámicos e interconectados y responder de forma más adecuada.
En Aid on the Edge of Chaos, Ben Ramalingam muestra cómo puede aplicarse este enfoque a la seguridad alimentaria de los hogares. Tradicionalmente, la mayor parte del trabajo se centraba en predecir la aparición de una crisis alimentaria para responder de la mejor manera posible. Analizar y modelar los sistemas alimentarios y las múltiples conexiones entre los factores socioeconómicos y ecológicos que contribuyen a su estabilidad ayudó a comprender la capacidad de los hogares para responder a los efectos negativos de perturbaciones climáticas impredecibles. El análisis de estas variables, que cambian con el tiempo, puede respaldar políticas que fortalezcan la resiliencia de los hogares y adapten las intervenciones de ayuda de manera más estratégica en situaciones de crisis.
En segundo lugar, las nuevas tecnologías están abriendo la puerta a comprender y anticipar problemas complejos de desarrollo mediante la llamada «revolución de los datos». Los nuevos tipos de datos y herramientas analíticas pueden ofrecer información en tiempo real sobre situaciones complejas o cambios repentinos, y permitir ciclos rápidos de retroalimentación que orienten la planificación y el ajuste de las operaciones. También pueden utilizarse para recoger las opiniones y comentarios de la ciudadanía e incorporarlos al diseño de programas.
Por ejemplo, mTrac, una plataforma ugandesa respaldada por UNICEF, la Organización Mundial de la Salud y el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID), encuesta por mensajes de texto en teléfonos móviles a trabajadores sanitarios locales y luego alerta a funcionarios nacionales de salud pública sobre brotes de malaria y las existencias de medicamentos, a fin de anticipar y resolver la escasez. Desde su puesta en marcha, la proporción de centros de salud que se han quedado sin tratamientos contra la malaria ha bajado del 80% al 15%. La plataforma también incluye una línea anónima de mensajes de texto que la ciudadanía puede utilizar para denunciar cualquier problema que encuentre en la prestación de servicios.
En tercer lugar, están surgiendo nuevas clases de coaliciones y movimientos, ya que la multiplicación de los actores del desarrollo ofrece oportunidades para redefinir las alianzas. Un número creciente de actores que trabajan en el ámbito del desarrollo —desde empresas y gobiernos municipales hasta organizaciones no gubernamentales (ONG) y comunidades— empieza a encontrar formas de colaborar voluntariamente para resolver cuestiones concretas. Estas coaliciones de actores diversos reúnen información, conocimientos especializados y financiación de maneras que trascienden ámbitos, geografías e intereses. Esto puede dar lugar a nuevas soluciones para problemas antiguos, por ejemplo, al presentar los desafíos del desarrollo como oportunidades de inversión.
Entre los ejemplos de proyectos de este tipo que ya están dando resultados figura la iniciativa Scaling Up Nutrition (SUN). SUN reúne a ONG, empresas y la ONU para acelerar los esfuerzos mundiales contra la desnutrición. Organizado en una red mundial, cada grupo de actores apoya las iniciativas nacionales para mejorar la nutrición aportando fondos y conocimientos especializados. Para los actores que participan en la iniciativa SUN, mejorar la nutrición de las mujeres y los niños ya no es solo un objetivo moral, sino también una manera de fortalecer la fuerza laboral y contribuir así al crecimiento de los mercados y las naciones.
Ninguna de estas tendencias es completamente nueva por sí sola. Pero su confluencia podría transformar el modelo operativo de las organizaciones de desarrollo de maneras que incluyan una prestación más eficaz de servicios esenciales para las personas pobres; una relación distinta con el sector privado, que pase de los proveedores de donaciones a socios en el suministro, la inversión y el diseño de soluciones; una relación distinta con la ciudadanía, que pase de los destinatarios de las intervenciones a agentes del cambio; el fortalecimiento de sistemas de conocimiento y datos cocreados por una diversidad de actores para orientar la toma de decisiones; y una mayor capacidad para abordar problemas multidimensionales y operar eficazmente en contextos inciertos.
Las oportunidades que presentan estos cambios conllevan desafíos, en particular, el de cambiar la cultura de las organizaciones de desarrollo para fomentar la experimentación y valorar las estrategias adaptativas. El uso de macrodatos plantea cuestiones de privacidad que, si se gestionan mal, podrían exacerbar la discriminación y las desigualdades. El creciente número de actores, coaliciones y movimientos también plantea desafíos de liderazgo y coordinación, especialmente para las estructuras intergubernamentales de toma de decisiones creadas con esos fines.
Sin embargo, las organizaciones de desarrollo existen para resolver desafíos. El liderazgo interno que permita superar las tensiones políticas y técnicas existentes podría ayudar a movilizar estas tendencias y hacer más eficaz el desarrollo.
Este artículo forma parte de una serie de perspectivas individuales de la Comunidad de Prospectiva Estratégica Global del Foro Económico Mundial para la Reunión Anual de 2015. Para leer más, consulte la colección completa.
Autora: Katell Le Goulven es jefa de Planificación de Políticas de UNICEF.
