Según los expertos, más de un millón de especies de plantas y animales están en peligro de extinción.
Sin embargo, estas iniciativas de conservación han tenido éxito y demuestran que no está todo perdido.
Los programas incluyen iniciativas para ayudar a los jaguares, los gibones y los demonios de Tasmania.
Ya sea en tierra, en el aire o en el agua, plantas y animales de todos los tamaños atraviesan dificultades.
Por ejemplo, en las subregiones tropicales de América, las poblaciones de fauna silvestre han caído un 94 % desde 1970. En general, más de un millón de especies de animales y plantas están en peligro de extinción, según los expertos.
La situación es grave, pero hay esperanza en las personas que se esfuerzan por impulsar la biodiversidad mediante iniciativas de renaturalización y conservación.
Estas son algunas historias de éxito que podrían señalar el camino hacia nuevos resultados positivos en el futuro.
El demonio de Tasmania
El demonio de Tasmania desapareció de la Australia continental hace unos 3.000 años, en gran medida porque otros carnívoros, como el dingo, lo desplazaron. Confinados en la isla de Tasmania —de ahí su nombre—, estos pequeños marsupiales sufrieron después un desplome del 90 % de su población a causa de una enfermedad. Ahora, una organización benéfica llamada Aussie Ark ha empezado a renaturalizar algunas zonas de Australia con demonios de Tasmania.
Con un peso de hasta 8 kg, el demonio de Tasmania tiene aproximadamente el tamaño de un perro pequeño. Sin embargo, es un depredador ápice y, además, el marsupial carnívoro más grande del mundo. Su presencia en el ecosistema desmiente su pequeño tamaño, ya que puede ayudar a controlar las poblaciones y el impacto de gatos y zorros que cazan otras especies en peligro de extinción.
«Dentro de 100 años, miraremos atrás y veremos este día como el que puso en marcha la restauración ecológica de todo un país», afirmó Tim Faulkner, presidente de Aussie Ark.
Gibones en China
Frente a la costa sur de la China continental se encuentra la isla de Hainan. Es el hogar del gibón de Hainan, que, aunque es endémico de la isla, se encuentra en una situación precaria. Solo quedan unos 30 de estos primates, todos ellos en la Reserva Natural Nacional de Hainan Bawangling. Tras la pérdida de hábitat causada por un tifón en 2014, los conservacionistas construyeron pasos de cuerda para conectar distintas zonas del bosque y facilitar el desplazamiento de los gibones.
«Aunque restaurar los corredores forestales naturales debería ser una intervención prioritaria de conservación, los puentes artificiales en el dosel forestal pueden ser una solución útil a corto plazo», afirmaron investigadores que estudian a los gibones de la reserva.
Los gibones habitan en muchas zonas del sur de Asia y, a lo largo de milenios, se han adaptado a vivir en las copas de los árboles. Por eso, poder desplazarse por el dosel forestal de una zona a otra —en busca de alimento, agua y refugio— es fundamental. Los pasos de cuerda de Hainan ayudaron a salvar las brechas creadas por los daños de la tormenta. ¿Podría funcionar un enfoque similar en otras zonas afectadas por la deforestación?
Jaguares sudamericanos
El jaguar es el tercer felino más grande del mundo y el mayor depredador de Sudamérica. Al igual que otros grandes felinos, ha estado cerca de la extinción. La caza y la pérdida de hábitat estuvieron a punto de hacerlo desaparecer por completo de algunas zonas del continente: hoy quedan apenas unos 200 en Argentina.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Alianza Global para la Renaturalización están reintroduciendo a esta magnífica especie en uno de sus antiguos hábitats naturales, en el nordeste del país: los humedales del Iberá.
En enero de 2021, una hembra adulta de jaguar y sus dos cachorros (nacidos en cautividad) fueron liberados allí como parte de un programa de renaturalización que, con el tiempo, devolverá 20 jaguares a la zona.
Doreen Robinson, jefa de Vida Silvestre del PNUMA, afirmó: «La reintroducción cuidadosa de depredadores como los jaguares puede ayudar a restaurar los ecosistemas. Sin estas especies, la biodiversidad se resiente y los servicios que proporciona la naturaleza pueden deteriorarse, desde la mitigación de enfermedades y la protección del suelo hasta la regulación de los sistemas hídricos».
Resurgidos de entre los muertos
Además de estos éxitos de conservación, también se han descubierto animales —a veces denominados especies Lázaro— que se creían extintos y que posteriormente han reaparecido. Entre ellos figuran:
El sengui somalí: No se había visto desde hacía casi 50 años. Hasta que, en agosto de 2020, un equipo de investigadores y académicos informó de que estas pequeñas criaturas de aspecto peculiar seguían vivas y en buen estado.
El milano real: Antaño común en todo el Reino Unido, la población de esta majestuosa ave se desplomó tras la Revolución Industrial. En la década de 1980, fue incluida en la lista de especies en peligro de extinción. En la década de 1990, se importaron 13 ejemplares de España y se liberaron en los condados de Berkshire y Buckinghamshire, en el sur de Inglaterra. Se estima que ahora hay unas 4.600 parejas reproductoras de milano real.
El escinco del terror: En 1872, el botánico francés Benjamin Balansa descubrió un lagarto durante una visita al territorio francés de Nueva Caledonia, en el Pacífico. Medía alrededor de medio metro y tenía la boca llena de dientes de aspecto feroz. No volvió a verse hasta 2003.
El petrel de Bermudas: Esta ave marina no se veía en la isla Nonsuch, en Bermudas, desde la década de 1620. Sin embargo, en la década de 1950 se avistó a un pequeño número de ejemplares anidando en el este de Bermudas y, desde entonces, la población se ha recuperado. Incluso puedes ver aquí imágenes de la cámara web.




