El cambio climático supone un riesgo importante para el suministro mundial de alimentos.
Un equipo de investigadores recorrió el mundo para encontrar parientes silvestres de 28 cultivos importantes, con el fin de aumentar la diversidad.
Esta diversidad ofrecerá a agricultores y fitomejoradores la mayor variedad posible de opciones para adaptarse a los efectos del cambio climático y mitigarlos.
Ni los ataques de tigres ni las milicias terroristas lograron disuadir a los científicos que buscaban cultivos resilientes para reforzar el suministro de alimentos de la humanidad frente al calentamiento global.
Un equipo de científicos se enfrentó a mordeduras de serpiente, ataques de tigres e incluso insurgencias terroristas para encontrar variantes silvestres de cultivos comunes que ayudarán a garantizar el suministro de alimentos de la humanidad ante el cambio climático.
Sus esfuerzos evocaron comparaciones con el intrépido arqueólogo Indiana Jones: más de 100 investigadores de 25 países viajaron en jeep, canoa, caballo e incluso elefante para recolectar parientes silvestres de 28 cultivos de importancia mundial. Estos alimentos básicos —entre ellos, arroz, maíz, cebada, frijoles y patatas— constituyen la base de la alimentación de gran parte de la humanidad, pero son vulnerables al cambio climático, pues generaciones de selección genética han debilitado sus reservas genéticas.
La fase de recolección, que duró seis años y fue descrita como una «misión urgente de rescate», forma parte del proyecto Crop Wild Relatives, una colaboración de varias etapas entre el Millennium Seed Bank de Kew Gardens y el Crop Trust, financiada por el Gobierno de Noruega. No podía llegar en mejor momento: un informe publicado en octubre por el Global Center on Adaptation predijo que el suministro mundial de alimentos podría caer un 30 % para 2050, a menos que se tomen medidas urgentes para adaptar la agricultura mundial al cambio climático.
Medidas extremas
La recolección supuso un total de 2.973 días sobre el terreno, durante los cuales los investigadores recogieron 4.644 muestras de semillas de 371 parientes silvestres. Los equipos se adentraron en la espesura equipados con guías de semillas, tamices para limpiarlas, gel de sílice para secarlas y un GPS para geolocalizar los lugares.
«Las expediciones no fueron un paseo», dijo Hannes Dempewolf, director de iniciativas mundiales del Crop Trust. «A veces fueron peligrosas y físicamente exigentes, con calor, polvo, sudor y el riesgo de encontrarse con animales salvajes, desde sanguijuelas hematófagas hasta tigres. Las historias que estos recolectores de semillas contaban al volver del campo a menudo parecían escenas de una película de Indiana Jones».
En Nepal, los equipos tuvieron que desplazarse en elefante para protegerse de ataques de tigres y rinocerontes. En Ecuador, los investigadores se adentraron en zonas infestadas de serpientes mientras buscaban una esquiva variedad de arroz silvestre. Para evitar las mordeduras, se pusieron botas de plástico hasta la espinilla con puntas metálicas y, finalmente, regresaron con las semillas que buscaban.
En Pakistán, gran parte de la zona fronteriza tribal es insegura tanto para los extranjeros como para los propios habitantes. Para garantizar su seguridad, los recolectores tuvieron que viajar con guías y hacer salidas cortas durante el día. En Nigeria, pese a las alteraciones causadas por la insurgencia de Boko Haram y las graves inundaciones, los socios nacionales de CWR lograron reunir 205 variedades de 20 especies, entre ellas batata, sorgo y berenjena.
A menudo, los hallazgos exitosos se debieron en buena medida a la serendipia, y fueron necesarios varios viajes para encontrar cultivos esquivos. Si se les pasaba el período de recolección, los investigadores tenían que volver al año siguiente. Un equipo en Italia casi había perdido la esperanza de encontrar una variedad concreta de guisante con tubérculos comestibles, cuando un científico de la Universidad de Padua divisó sus características flores rojas desde la ventanilla de un tren a toda velocidad.
A campo abierto
¿Por qué existe una necesidad tan apremiante de diversidad genética en nuestros alimentos? Todos los cultivos básicos de la humanidad son versiones domesticadas de plantas silvestres. Seleccionados durante generaciones por su rendimiento y valor nutricional —durante más de 10.000 años en el caso del trigo—, tienen una base genética reducida que los hace vulnerables a amenazas comunes. Por ejemplo, los cultivos de banano son susceptibles a un hongo llamado enfermedad de Panamá, que ha devastado numerosas plantaciones desde la década de 1940.
«En el proceso de intentar crear plantas de cultivo ideales, se ha perdido cierta información genética, lo que las hace más vulnerables a las fluctuaciones», explicó Chris Cockel, coordinador del proyecto Crop Wild Relatives en el Millennium Seed Bank. «Ya sea frente al clima o a las plagas, a menudo carecen de la diversidad genética necesaria para resistir esas condiciones».
Se prevé que el cambio climático agrave muchas amenazas comunes, como las sequías, las inundaciones, las fluctuaciones de temperatura, las plagas y las enfermedades de las plantas. Los parientes silvestres de los cultivos han conservado la diversidad genética necesaria para afrontar estas condiciones adversas y prosperar en suelos a menudo pobres, pese a la falta de lluvias o a las temperaturas extremas.
«Todos nuestros cultivos proceden de especies silvestres», dijo Dempewolf. «Y, por lo general, esos ancestros silvestres todavía existen. Como el agricultor cuida sus cultivos, los mima, por así decirlo. El objetivo es reincorporar algunos de esos rasgos silvestres a la base genética de las plantas domesticadas, porque algunos de los retos que afrontamos ahora con el cambio climático son tan enormes que tenemos que volver a la naturaleza».
Los investigadores se alegraron especialmente de encontrar un pariente silvestre de la zanahoria que crece en agua salada, así como una variedad de arroz silvestre de un estuario pakistaní que tolera la salinidad. Se prevé que la subida del nivel del mar aumente la salinidad del suelo, por lo que este podría convertirse en un rasgo importante.
Otros hallazgos clave fueron un pariente silvestre de la avena resistente al hongo común del oídio y una esquiva variedad de cacahuete de Bambara, una legumbre rica en proteínas que tolera las altas temperaturas y la sequía, y crece bien en suelos pobres.
Sin embargo, el objetivo no era encontrar rasgos específicos, sino diversidad. «Es difícil predecir, al ver una de estas plantas en el campo, para qué podría servir en el futuro», dijo Dempewolf. «Solo queremos poder ofrecer a los fitomejoradores y agricultores la mayor variedad y el mayor abanico de opciones posibles para adaptar sus cultivos al cambio climático».
Acceso abierto
Una vez concluida la fase de recolección, el programa CWR continúa con la etapa de premejoramiento, que consiste en separar los rasgos deseables, como la tolerancia al calor, la sequía o la salinidad, de los indeseables. Los fitomejoradores ya trabajan en este proceso con 19 cultivos en 48 países. Algunos cultivos están aún más avanzados: en el delta del Mekong, en Vietnam, los agricultores están probando actualmente arroz cruzado con variedades silvestres.
El material está a disposición gratuita de fitomejoradores y agricultores en virtud de un acuerdo de la ONU denominado Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura.
«La intención de este proyecto es que el material se comparta equitativamente y, por ahora, no se destine a obtener beneficios comerciales. Nuestros socios nacionales no obtienen ganancias, y Kew tampoco: no vendemos las semillas», dijo Cockel. «Instituciones agrícolas, universidades o bancos de semillas de los países socios han recibido capacitación y nos han enviado una parte de las semillas recolectadas, pero también han conservado algunas en el país para mejorar su propia capacidad de cuidarlas».
«Este proyecto solo ha tenido éxito gracias a la dedicación y el arduo trabajo de personas de organizaciones de todo el mundo que colaboran con un objetivo común: proteger los parientes silvestres de los cultivos, que antes se pasaban por alto y se desdeñaban, pero que probablemente tienen la clave de la seguridad alimentaria mundial en los próximos años», dijo.







