Es menos probable que las empresas con consejos de administración más equilibrados en cuanto a género sean demandadas por incumplir la legislación medioambiental, lo que sugiere que estas empresas son más conscientes de la necesidad de proteger el medio ambiente. Ese es el hallazgo clave de mi investigación, publicada en el Journal of Corporate Finance.
Estudié 1.893 demandas medioambientales presentadas contra cualquiera de las empresas incluidas en el índice compuesto Standard and Poor’s 1500 en Estados Unidos entre 2000 y 2015.
Descubrí que, por cada mujer adicional nombrada para un consejo de administración, la empresa experimentó una reducción media del 1,5 % en el riesgo de litigio.
Se estima que el coste medio de una demanda medioambiental es del 2,26 % del valor de mercado de una empresa, lo que se traduce en un valor en dólares de US$204,3 millones, basado en la capitalización bursátil media actual de las empresas del S&P1500 de mi muestra. Esto significa que reducir el riesgo de litigio en un 1,5 % (nombrando a una consejera) equivaldría a ahorrar US$3,1 millones.
¿Qué hace que las consejeras sean ecológicas?
Mi investigación solo muestra una correlación entre la composición de género de los consejos de administración y la probabilidad de que las empresas hayan sido demandadas por motivos medioambientales en años posteriores. A partir de estos datos, es evidentemente difícil extraer conclusiones sobre las causas de esta relación. No obstante, existen varias teorías que podrían ayudar a explicar por qué los consejos con mayor diversidad de género tienden a tomar mejores decisiones medioambientales.
En primer lugar, según investigaciones existentes, las mujeres y los hombres tienden a tener distintos estándares éticos. Los consejeros varones se asocian estereotípicamente con la orientación al poder, mientras que las consejeras muestran una mayor preocupación universalista por las demás personas. Por ello, la voz femenina en la sala del consejo podría contribuir a que las empresas tengan en cuenta el bienestar de las comunidades locales al tomar decisiones medioambientales.
En segundo lugar, las personas que son más diferentes entre sí (por ejemplo, en términos de género o raza) generalmente toman mejores decisiones de grupo juntas. Esto se debe en parte a que personas diferentes pueden aportar perspectivas distintas a los debates y proponer un abanico más amplio de posibles opciones entre las que elegir. A su vez, esto les permite encontrar la solución óptima. Dado que muchos ámbitos empresariales siguen dominados por hombres, contratar a consejeras mejora, por lo general, la diversidad en el consejo.
En tercer lugar, la investigación demuestra que las ejecutivas y consejeras tienen más probabilidades de buscar asesoramiento para complementar sus propios conocimientos. Las decisiones medioambientales suelen requerir conocimientos y habilidades especializados, por lo que la disposición de las mujeres a recibir asesoramiento experto puede ayudar a minimizar los riesgos medioambientales.
Sin embargo, tener más mujeres en el consejo no siempre es mejor. Si la proporción de consejeras supera la mitad, cualquier mujer adicional nombrada reducirá la diversidad de género. Dado que la diversidad es clave para una buena toma de decisiones, mantener un equilibrio entre hombres y mujeres en el consejo es importante.
Descubrí que las consejeras logran una reducción mayor de las demandas medioambientales en empresas dirigidas por consejeros delegados varones, en comparación con aquellas que tienen consejeras delegadas. Por el contrario, cuando dividí las empresas en dos grupos, con niveles más altos o más bajos de representación femenina en el consejo, descubrí que una consejera delegada solo marca alguna diferencia en el riesgo de demandas medioambientales cuando el consejo está dominado por hombres. Esto demuestra que las consejeras delegadas y las consejeras desempeñan funciones complementarias en la sala del consejo.
¿Cuotas de género?
A nivel mundial, las mujeres están infrarrepresentadas en los consejos de administración. Según el Australian Institute of Company Directors, solo el 21,7 % de los miembros de los consejos de las 500 mayores empresas de la Bolsa de Australia son mujeres, y 113 de esas empresas todavía no tienen mujeres en sus consejos.

Hace diez años, Noruega marcó una pauta al convertirse en el primer país que exigió a las empresas nombrar al menos un 40 % de mujeresen sus consejos. Desde entonces, una docena de países han seguido su ejemplo y han establecido cuotas de género en los consejos, entre ellos Francia, Bélgica, Italia y España. Reino Unido y Australia siguen confiando en que las empresas adopten iniciativas voluntarias, como unirse al Club del 30 %, para mejorar la diversidad de género en los consejos.
En Australia y la Unión Europea persisten los debates sobre si las empresas deberían tener una cuota obligatoria de consejeras. Los críticos de esta idea han sostenido que no necesariamente aumentaría los beneficios y que podría obligar a las empresas a contratar a candidatos no cualificados o a ofrecer múltiples puestos en el consejo a un grupo relativamente reducido de mujeres altamente cualificadas.
Quienes defienden la diversidad de género en los consejos sostienen que tener mujeres en ellos ayuda a las empresas a tomar mejores decisiones, una teoría respaldada por los resultados de mi investigación.
Mi estudio no midió directamente si «ser verde» hace que las empresas sean financieramente mejores. Pero, dada la urgencia de los problemas medioambientales globales, el liderazgo corporativo femenino contribuye de forma importante al bienestar de la sociedad al mejorar la conducta medioambiental de las empresas.

