Por qué debemos hacer más para reducir el riesgo de desastres

Por qué debemos hacer más para reducir el riesgo de desastres
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A medida que aumentan las pérdidas económicas causadas por desastres en todo el mundo, es necesario redoblar los esfuerzos para reducir los riesgos derivados de fenómenos meteorológicos extremos y terremotos en todos los ámbitos, desde las infraestructuras hasta la salud, afirmó la jefa de prevención de desastres de las Naciones Unidas.

Margareta Wahlström, directora de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR), declaró en una entrevista que un nuevo plan mundial para proteger a las personas y los bienes frente a los desastres, cuya aprobación está prevista para marzo, busca garantizar «un vínculo mucho más sólido que el que hemos tenido en el pasado entre el desarrollo y el riesgo de desastres».

«Se han logrado avances, pero no son lo bastante amplios ni rápidos como para abordar de verdad el aumento de las pérdidas por desastres en muchas partes del mundo», dijo a la Thomson Reuters Foundation desde Ginebra, donde esta semana se están celebrando las negociaciones sobre el acuerdo.

Los gobiernos están sopesando formas de medir las mejoras, incluidos objetivos mundiales para reducir las muertes y las pérdidas económicas causadas por desastres, así como para evaluar el grado de protección de infraestructuras clave, como escuelas y hospitales.

El plan decenal vigente en el mundo para reducir el riesgo de desastres, puesto en marcha tras el tsunami del océano Índico de 2004, no incluía indicadores numéricos de progreso.

Pero Wahlström afirmó que había desempeñado un papel importante al impulsar a los gobiernos a crear instituciones y establecer leyes y políticas para hacer frente a los desastres, así como a fortalecer los sistemas de alerta temprana.

«Ahora existe una gran conciencia de la rapidez con que aumenta el riesgo», afirmó. Sin embargo, añadió que muchos países aún sienten que «avanzan muy lentamente» en su gestión.

Proteger la inversión

Uno de los problemas ha sido la falta de financiación para planificar y poner en práctica iniciativas de reducción del riesgo de desastres, tanto durante la reconstrucción posterior a una crisis como en proyectos de desarrollo a largo plazo.

Wahlström señaló que la mayor parte de lo conseguido se ha financiado con presupuestos nacionales.

Según un informe de 2013 del Overseas Development Institute, con sede en Londres, la comunidad internacional destinó 13.500 millones de dólares a reducir el riesgo de daños causados por desastres en las dos décadas anteriores: apenas 40 centavos por cada 100 dólares de ayuda.

Wahlström dijo que era poco probable que el nuevo plan —que se prevé acordar en una conferencia en Sendai, Japón, dentro de dos meses— incluyera un objetivo sobre el porcentaje de la ayuda que debería destinarse a reducir el riesgo de desastres. Tampoco esperaba «nuevas e ingentes fuentes de financiación a escala mundial».

Pero esperaba que el marco de Sendai, que no será jurídicamente vinculante, llevara a los gobiernos donantes a comprometerse más con la gestión y reducción del riesgo de desastres en todas sus inversiones de desarrollo.

A medida que se agravan los efectos del cambio climático, se intensifican, por ejemplo, los esfuerzos para gestionar las inundaciones y prevenir los deslizamientos de tierra.

Pero los países más pobres también deberían dar prioridad al riesgo de desastres en los planes de ámbitos como la salud y la educación, añadió Wahlström.

Además, grandes desastres que han azotado a países ricos en los últimos años, como la supertormenta Sandy en Estados Unidos y el tsunami y la crisis nuclear de 2011 en Japón, han puesto de relieve la insuficiente colaboración y el escaso intercambio de conocimientos especializados entre sectores, afirmó.

Señaló que los riesgos aumentan con mayor rapidez para infraestructuras como centrales eléctricas, metros, aeropuertos y redes de comunicaciones.

«Nos volvemos muy dependientes de sistemas que también pueden verse afectados por ciclones, inundaciones, etc.», afirmó.

Proteger eficazmente esos sistemas «requiere mucha imaginación y la voluntad de salir del propio ámbito de especialización y ampliar la perspectiva», añadió.

Las pérdidas anuales medias por desastres naturales en la década que terminó en 2013 ascendieron a 190.000 millones de dólares, frente a los 130.000 millones registrados en los 30 años que terminaron en 2013, según la reaseguradora Munich Re. Las pérdidas disminuyeron en 2014 debido a la ausencia de catástrofes muy graves y a una temporada tranquila de huracanes en el Atlántico Norte.

Este artículo se publica en colaboración con The Thomson Reuters Foundation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Megan Rowling es periodista de la Thomson Reuters Foundation y cubre los últimos acontecimientos en crisis humanitarias, ayuda, cambio climático, gobernanza y derechos de las mujeres.

Imagen: El ciclón tropical Ian aparece en esta imagen satelital de NOAA GOES, facilitada por NOAA y tomada a las 14:00 GMT del 12 de enero de 2014. REUTERS/NOAA/Handout vía Reuters.

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