Un parásito exótico se está propagando entre las abejas melíferas de todo el mundo y el calentamiento global está agravando el problema, según un estudio que muestra que causará cada vez más dificultades en América del Norte y Europa.
Todos los animales padecen una amplia variedad de plagas y parásitos. Muchos son relativamente inocuos. Pero, para las abejas melíferas, un parásito intestinal en particular supone un riesgo importante, especialmente a medida que los veranos se vuelven más cálidos.
Las abejas están bastante acostumbradas a los parásitos. Es probable que un parásito unicelular nativo (microsporidio) de la abeja melífera, llamado Nosema apis, haya coexistido con su huésped durante millones de años. En la década de 1990, Ingemar Fries, experto mundial en patología de las abejas melíferas, visitó Pekín, donde encontró una variante novedosa y sutilmente distinta de N. apis en la abeja melífera asiática oriental. La llamó Nosema ceranae.
Fries no volvió a pensar en su artículo científico que describía la especie hasta que, una década más tarde, se encontró el mismo parásito en abejas melíferas occidentales (la especie nativa de Europa) en España, Taiwán y Vietnam.
Esto llevó a un equipo de científicos, entre los que me incluyo, a buscar el parásito en abejas melíferas de todo el mundo. Si un virus descubierto recientemente había saltado de una especie a otra y se estaba propagando por todo el planeta, era una noticia importante para nosotros, los expertos en abejas. Para 2007, confirmamos: efectivamente, se había propagado por todo el mundo y se había encontrado en América, África y Australasia, así como en Europa y su Asia natal.
Esto supone una propagación drástica, probablemente impulsada por el aumento del comercio mundial y el movimiento de mercancías, y todo en un breve período: quizá apenas cinco años.
Preocupantemente, el exótico N. ceranae es mucho más perjudicial para las abejas melíferas occidentales que el parásito nativo. Es más virulento y debilita a las abejas, que mueren cuando están fuera de su colonia; en ocasiones, esto lleva al colapso de la colonia. En España, el parásito ha provocado el colapso de colonias de abejas melíferas en los 18 meses posteriores a la infestación.
Un recién llegado resistente
Además, el virus exótico está desplazando a su especie hermana nativa. Organizamos competiciones entre ambas en una serie de experimentos de laboratorio que demostraron que N. ceranae puede, efectivamente, imponerse a su rival. Nuestros hallazgos se publican en la última edición de la revista de la Royal Society.
Por ahora, el parásito exótico sigue siendo poco frecuente en el norte de Europa y América del Norte. Pero no seguirá siéndolo por mucho tiempo. Utilizamos un modelo matemático sencillo para analizar la dinámica entre las dos especies de parásitos y descubrimos que la ventaja competitiva de N. ceranae, el parásito exótico, aumenta cuanto más cálido es el clima, quizá como legado de sus orígenes en el clima más cálido del este de Asia. Predecimos que, a medida que el mundo se caliente, los apicultores de las regiones más frías tendrán cada vez más problemas.
Aunque todavía no sabemos cómo resolver el problema del invasor exótico, nuestra investigación al menos nos ayuda a entender por qué unos veranos más cálidos pueden, paradójicamente, causar grandes problemas a las abejas melíferas; hombre prevenido vale por dos.
Y quizá no solo sufran nuestras abejas melíferas. A principios de este año hemos demostrado que el microsporidio exótico, a diferencia del nativo, también está ampliamente extendido entre los abejorros, por lo que también podría causar problemas indirectos a nuestros polinizadores silvestres.
Publicado en colaboración con The Conversation
Imagen: Una abeja está cubierta de polen mientras se posa sobre una brizna de hierba en un césped de Klosterneuburg el 29 de abril de 2013.
Autor: Robert Paxton es profesor de Zoología General en Queen’s University, Belfast.

