El cambio climático provoca un número creciente de grandes eventos que causan daños por más de 1.000 millones de dólares.
El riesgo climático tiene una dimensión social y económica, y afecta de forma desproporcionada a los más marginados y vulnerables, además de exponer a las empresas a riesgos.
Los líderes pueden evaluar de forma proactiva, tener en cuenta y diseñar una respuesta estratégica para mitigar los impactos del cambio climático en sus personas y en su resultado final.
2023 fue el año más cálido jamás registrado, una realidad alarmante que refuerza el impacto del cambio climático en las comunidades de todo el mundo.
Entre 2011 y 2020, la temperatura media global en la superficie ha sido 1,1 grados Celsius más alta, de media, que durante los años 1850-1900. Nuestro mundo se está calentando; el informe de síntesis de 2023 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático concluyó que el cambio climático ya está provocando fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo y que las pérdidas derivadas del cambio climático aumentan con cada incremento gradual de las temperaturas globales.
Esa tendencia ya se manifiesta con claridad. En los últimos 50 años, la incidencia de los desastres naturales ha aumentado considerablemente; 239 desastres naturales se registraron en todo el mundo en los primeros nueve meses de 2023, un aumento del 214 % respecto a los 76 desastres registrados en 1970.
En Estados Unidos, entre 1980 y 2022 se registraron, de media, 8,1 eventos anuales en los que los daños totales alcanzaron o superaron los 1.000 millones de dólares (ajustados según el índice de precios al consumidor). En el quinquenio 2018-2022, esta cifra aumentó hasta una media de 18 desastres anuales de más de 1.000 millones de dólares (ajustados según el índice de precios al consumidor). En 2023, en noviembre ya se habían registrado 25 eventos que provocaron pérdidas superiores a 1.000 millones de dólares.
Impactos climáticos en las comunidades
Si bien estas estadísticas indican el ritmo y los costes asociados del aumento de sequías, inundaciones, terremotos, temperaturas extremas, incendios forestales y otros desastres naturales, no reflejan la experiencia vivida ni los devastadores efectos en las comunidades, ni la desigual distribución de tales efectos.
El aumento del riesgo y de los impactos climáticos tiene implicaciones importantes para la prosperidad, la seguridad económica y el bienestar social, en gran medida debido a los efectos desproporcionados sobre los más pobres y marginados.
Por ejemplo, 2.200 millones de personas están expuestas al riesgo de inundación, es decir, una cuarta parte de la población mundial, y el 89 % vive en países de ingresos bajos y medianos.
En el otro extremo del espectro, las olas de calor extremo y las sequías se cuentan entre los riesgos meteorológicos más letales, con efectos de gran alcance sobre el medio natural y las poblaciones. Si bien los riesgos de calor derivados de los gases de efecto invernadero se sienten a escala mundial, las economías y las comunidades del Sur Global soportan efectos aún más graves.
El desequilibrio entre las mayores emisiones producidas por el Norte Global y la mayor carga de calor extremo que sufre el Sur Global plantea interrogantes sobre la justicia y la equidad climáticas. Además, supone importantes desafíos operativos, de gestión de riesgos y de respuesta para las empresas mundiales.
Visión integral del riesgo climático
Al evaluar los riesgos climáticos en la actualidad, los equipos directivos deben ir más allá de los costes económicos de los daños a los activos físicos, instalaciones o infraestructuras, y tener en cuenta los peligros más integrales del cambio climático.
Las empresas impulsadas por el capital humano —del campo a la mesa, de la fábrica al hogar, etc.— deben evaluar los riesgos físicos, de transición y de adaptación de sus personas, así como los efectos indirectos sobre las cadenas de suministro, los modelos operativos y la productividad en el conjunto de sus operaciones.
Los riesgos climáticos para las personas se materializarán de formas muy distintas según el mercado o la localidad en la que operen, su función y su contexto individual. Cuando los empleados y sus familias están expuestos —ya sea a fenómenos meteorológicos extremos o a cambios económicos más amplios derivados de la adaptación climática, incluida la relocalización de las cadenas de suministro o la salida de determinados mercados—, las empresas también pueden verse expuestas.
Evaluar el riesgo climático para las personas no es ni descendente ni ascendente; esta tarea se basa en modelizar una compleja matriz de consecuencias, desde el absentismo y la interrupción de la actividad empresarial hasta la evolución de las prestaciones y la cobertura familiar.
Las empresas que no aborden los efectos del cambio climático en sus personas corren el riesgo de hundirse en un mar de oportunidades perdidas.
El clima como riesgo social
El potencial de los impactos climáticos para suponer graves riesgos para el entorno del hogar, la salud y la seguridad de las personas y sus familias es una cuestión que las organizaciones con visión de futuro no deberían subestimar.
Algunas organizaciones miran hacia el futuro y evalúan las amenazas emergentes que pueden afectar a la seguridad y el bienestar futuros de sus personas a causa del calentamiento global, incluido el aumento de enfermedades transmitidas por vectores, como la malaria, el dengue y el virus del Zika, que tienen una dimensión climática.
El Wellcome Trust estima que 4.700 millones de personas adicionales podrían estar en riesgo de contraer las enfermedades transmitidas por vectores malaria y dengue para 2070, a medida que el calentamiento global amplía tanto la distribución geográfica de los vectores como la temporada de transmisión de la enfermedad.
El impacto del calor extremo en las personas también debe tenerse en cuenta en las consideraciones más amplias sobre el bienestar de la plantilla y la salud y seguridad. La falta de acceso a refrigeración o refugio frente al calor extremo provoca efectos inmediatos en la salud y podría aumentar la incidencia de accidentes laborales al dificultar la capacidad de descansar y recuperarse.
Reconociendo el grado en que los factores sociales suponen riesgos materiales para las operaciones y para la capacidad de atraer capital de inversores, muchas empresas han dado grandes pasos para incluir los factores de riesgo social en las agendas de los consejos de administración.
Un mundo sostenible para todos
A través de la transición climática, los riesgos sociales y humanos para las empresas están evolucionando. Los líderes pueden evaluar de forma proactiva, tener en cuenta y diseñar una respuesta estratégica para mitigar los impactos en sus personas y en su resultado final. Elaborar un marco de riesgo y respuesta va más allá de cualquier empeño altruista; se basa en reconocer la magnitud del cambio climático y sus efectos sistémicos sobre las personas y las empresas a escala mundial.
Al adentrarnos en el territorio inexplorado del cambio climático, debemos reconocer sus profundas implicaciones como riesgo social.
Los impactos del aumento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos y la degradación ambiental no se limitan únicamente al mundo natural; repercuten en nuestras sociedades y afectan a los más vulnerables entre nosotros. Desde el desplazamiento y la migración hasta la escasez de alimentos y agua, el cambio climático agrava las desigualdades sociales existentes y amenaza con ampliar la brecha entre los que tienen y los que no tienen.
Para construir un futuro justo y resiliente, debemos afrontar de frente el cambio climático como riesgo social, dando prioridad a soluciones equitativas, empoderando a las comunidades marginadas y fomentando la acción colectiva. Solo abordando las dimensiones sociales del cambio climático podremos trazar un camino hacia un mundo sostenible e inclusivo para todos.
