Cuando Johnnie Water era estudiante en la región de Volta, en Ghana, él y sus compañeros de clase tenían que ir al río todas las mañanas para recoger al menos dos cubos de agua cada uno y ayudar a llenar el tanque de la escuela. Más adelante, cuando Johnnie era joven, el agua no corría con frecuencia en la casa que compartía con su hermano. Por la noche dejaban un cubo debajo del grifo abierto y, si oían el eco de las gotas de agua, se levantaban de la cama para no perder las horas en que había agua corriente. En la casa donde vive ahora Johnnie Water, en Accra, la capital de Ghana, hay agua en abundancia, pero una empresa privada la transporta en camiones, gota a gota, a un costo elevado. Como la mayoría de sus compatriotas ghaneses, Johnnie ha pasado toda su vida persiguiendo el agua.
Johnnie Water ha vivido en Túnez, Bélgica y Canadá como consultor internacional. El año pasado regresó a Ghana, donde nació y creció. Ahora podía visitar a su madre con regularidad, hablar twi con sus compatriotas e invertir en su país. «Cuando voy y vuelvo —me dijo Johnnie durante un viaje lleno de baches hacia su oficina— y veo lo humildes que son las personas aquí, pienso: “todavía no lo hemos perdido todo”».
En vez de invertir en las impredecibles tasas bancarias de Ghana o comprar una tienda u otro terreno, Johnnie Water decidió invertir su dinero en un producto con una demanda ilimitada: el agua. «Hay muy pocos negocios en Ghana en los que no te estafen», dijo. El agua es uno de ellos.
Si el agua es el elixir de la vida humana, la única bebida de la que no podemos prescindir, también es portadora de muerte en muchos países. Según la Organización Mundial de la Salud, casi dos mil millones de personas todavía beben agua de fuentes contaminadas con heces. Esa agua causa la muerte de al menos medio millón de personas cada año por enfermedades como el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea y la poliomielitis. Aunque desde 1990 ha aumentado en dos mil millones el número de personas en el mundo que tienen acceso a una «fuente de agua mejorada» —no contaminada con materia fecal—, el África subsahariana está rezagada con respecto al resto del mundo. Más de 300 millones de personas de la región todavía beben agua insalubre.
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Autor: Shaun Raviv es periodista independiente.
Imagen: Una niña ghanesa espera para vender agua mientras el equipo local de chicos practica fútbol en un campo polvoriento de la ciudad norteña de Tamale. REUTERS/Finbarr O’Reilly.

