¿Crees que basta con asegurarte de que los residuos plásticos van al contenedor de reciclaje adecuado? ¿Quizá imaginas que flotan hasta un lugar feliz y que, unos meses después, vuelven convertidos en una botella de refresco o en fibras de tu suéter más nuevo?
El destino de los objetos que desechamos dista mucho de estar claro. En 2015, alrededor del 9 % de todos los residuos plásticos generados hasta entonces se había reciclado, mientras que el 12 % se había incinerado y el 79 % acababa en vertederos o en el medio natural, según una investigación publicada en Science Advances.
«En esencia, los residuos plásticos tienen tres destinos distintos: el reciclaje, la incineración o el vertido», escribieron los autores de ese informe, entre ellos Roland Geyer y Jenna Jambeck. «El reciclaje aplaza la eliminación final, pero no la evita».
Economía circular
El destino del plástico importa, ya que nos hemos vuelto muy dependientes de él y de sus numerosas ventajas. Aun así, nuestro hábito de consumir plástico ha generado desafíos bien conocidos: algunos artículos tardan hasta 1.000 años en descomponerse. Fomentar una economía circular —un pilar clave del trabajo del Foro Económico Mundial— es una forma de abordar este problema y podría representar una oportunidad de crecimiento mundial de 4,5 billones de dólares para 2030.

Aunque la mayoría de los responsables de la formulación de políticas respalda la idea de una economía circular —que busca reducir los residuos y aprovechar al máximo los recursos—, los líderes empresariales que apoyaron una iniciativa público-privada respaldada por el Foro Económico Mundial expresaron su frustración por el lento ritmo y el alcance limitado de los avances.
Hasta hace poco, a los países desarrollados les resultaba relativamente fácil trasladar a los países en desarrollo la carga de sus residuos reciclables; se exportaban muchas toneladas de plástico a China e India. Ahora, esos países están endureciendo las medidas, e India ha prohibido la importación de residuos plásticos sólidos, siguiendo el ejemplo de China.
La medida de India significa que las exportaciones de plástico probablemente se desviarán a otros países, como Tailandia, Vietnam y Malasia. Según el Instituto de Industrias del Reciclaje de Chatarra, India había reemplazado a China como principal destino de los residuos de Estados Unidos, seguida de Malasia, Taiwán y Corea del Sur.
Y esto ya está teniendo repercusiones en otros lugares, pues la exportación se ha convertido en una manera sencilla para que los países desarrollados se deshagan de sus montañas de plástico. Un informe de WWF estimó que en 2016 se enviaron al extranjero el 4 % de los residuos plásticos mundiales —unos 13 millones de toneladas métricas— y que los países del G7 representaron la mitad de esa cantidad.
«A menos que los exportadores de plástico eleven sus estándares de contaminación o que los países inviertan en su propia capacidad de reciclaje, el comercio internacional de plásticos seguirá siendo frágil», señaló el informe. También advirtió que corre el riesgo de «agravar los daños que los plásticos causan al medio ambiente».
Otros países también están imponiendo o considerando restricciones, según una investigación de Greenpeace, lo que crea una rueda interminable de trasiego de plásticos. En Polonia se introdujeron controles más estrictos después de una serie de incendios contaminantes en vertederos de residuos que llenaron el aire de gases nocivos.
Todo esto pone de relieve que, aunque exportar puede ofrecer una solución rápida, las soluciones sostenibles a largo plazo —como reducir los plásticos de un solo uso y mejorar los procesos de reciclaje— son el camino más claro a seguir.
Y eso significa reducir el consumo, innovar en compuestos que se descompongan con mayor facilidad y reforzar la transparencia y la rendición de cuentas en el reciclaje, según el plan de acción.
«El plástico no es intrínsecamente malo», señaló el informe de WWF. «Por desgracia, la forma en que las industrias y los gobiernos han gestionado el plástico, y la manera en que la sociedad lo ha convertido en una comodidad desechable y de un solo uso, ha transformado esta innovación en un desastre medioambiental planetario».





